Carson McCullers: Una manera de nombrarse. Nominación… Mascarada… Semblante…

Por Sonia Riera Gata.

 

Carson McCullers escritora norteamericana nacida en el sur de Estados Unidos, Columbus, Georgia. Designada por su madre a ocupar un lugar de excepción.

Predestinada por un nombre a ser un personaje célebre y diferente, cumpliendo así el deseo de la madre. Empujada por la enfermedad que la paralizaba a vivir en la bruma del alcohol y el exceso. Acostumbrada a jugar y a disfrazarse para esconderse de sí misma. Mujer paralizada, alcohólica y depresiva que encuentra en la escritura una manera de ser.

Oriunda de ese sur norteamericano de principios del siglo XX. Tantas veces descrito por la propia escritora como un lugar donde no pasa nada. Sur profundo y aburrido, donde los días de calor son eternos. Donde la luz del sol puede asfixiar la mirada y te obliga a buscar hacia dentro, hacia la soledad, hacia lo más desconocido del silencio. Donde el sol borra los bordes y las sombras despiertan.

Así Carson adopta la figura de una extraña muchacha con pinta de chico, figura andrógina, clase aparte, difícil de etiquetar [1], distinguiéndose siempre del resto de los niños, del resto de los adolescentes, huyendo del destino gris que la obligue a ser una buena esposa. Imagen alimentada por la madre y consentida por el padre. Intenta preservar a lo largo de su vida un halo de ambigüedad tal vez un disfraz detrás del cual se esconde una mujer niña, la eterna adolescente, egoísta y narcisista, “la enfant terrible” enamorada de la belleza y de la palabra.

A la edad de 13 años, al entrar en la escuela secundaria, decide que ya nunca más se llamaría Lula Smith. Ante el espanto del cambio de su cuerpo, frente al transcurrir del tiempo que la obligará a convertirse en adulta con nombre y cuerpo de mujer, adopta un nombre, pantalla, máscara para tapar el vacío que la asoma a lo desconocido, al pozo de ser ella misma, una adolescente sola al igual que el personaje de su novela Frankie , en “Frankie y la boda” . Frankie tiene miedo de la soledad, quiere irse, quiere morir, quiere ser otra. Tal vez por eso decide llamarse F. Jasmine. Lula Smith quiere irse y se va a la edad de 17 años a Nueva York con el propósito de convertirse en una concertista famosa pero, ahí, cambia definitivamente de rumbo y elige la escritura.

Probablemente también quiera ser otra, por eso deja de llamarse Lula Smith para convertirse en Carson. Tal vez por un deseo de afirmarse y distinguirse o por un anhelo de exhibir su evidente ambigüedad, eligiendo un nombre que no permite identificar el sexo de quien lo lleva [2]. Por eso, escribe para no morir, para ser muchos, para ser otros. Su propia hermana Rita afirma en la introducción de The Mortgaged Heart (El corazón hipotecado) que de todos los personajes creados por Carson McCullerrs, el que, según sus padres y amigos se le asemeja más es Frankie (F. Jasmine): Adolescente vulnerable y atrayente siempre en buscar de un “nosotros”. Oliver Evan (biógrafo) la describe como una adolescente demasiado alta y molesta consigo misma que experimenta su cuerpo como algo anormal.

Lula Carson Smith, que llevaba el nombre de pila de la abuela materna, elige su segundo nombre, Carson. Un nombre que le había sido impuesto por la madre siguiendo la vieja costumbre norteamericana de poner en segundo lugar el apellido de la familia materna siempre con la finalidad de que no desaparezca. En este caso era el apellido de soltera de la abuela materna, por la cual Lula sentía un profundo amor. En su autobiografía Lula Smith declara que su abuela materna fue su primer amor al cual permaneció pegada durante muchos años de su infancia. “Yo quería con locura a una dama de 63 años que olía a verbena y a limón. La adoraba. Dormía con ella, me acurrucaba pegada a ella en la oscuridad” [3] La abuela a su vez sentía una gran ternura por “su niña de ojos grises”, como solía llamarla.

Esta nueva manera de nombrarse la deja atada con mayor fuerza y para siempre al cuerpo que le dio calor devolviéndole así una imagen de su propio cuerpo. Tal vez por eso guardó la costumbre de meterse por sorpresa en la cama de sus amigos no en busca de sexo sino en busca de calor. Carson encuentra en la nominación una solución, un anudamiento. Tal vez, una dirección en la vida que le dio consistencia y le permitió librarse del destino que su madre había elegido para ella.

Detrás de este nombre hay una leyenda que jamás ha podido ser comprobada, pero se cuenta, que la madre de Lula elige el nombre de Carson no solo por ser el nombre de la familia materna, sino por la similitud que guarda con el nombre de su cantante favorito Caruso, por la pasión que la música despertaba en ella, pero sobre todo, por la fascinación que la voz de este cantante despertó en ella. Así después de asistir a un concierto de Caruso la madre habría desplazado e invertido la letra u, realizando una transformación del nombre Caruso para hacerlo coincidir con Carson. Leyenda que ha sido desmentida por la propia Carson McCullers.

Cierto o no Lula Carson Smith pasa a ser el centro de la vida de Marguerite Smith, su madre, desplazando al marido y al resto de hijos, ocupando el lugar del hijo varón que quiso llamar Enrico Caruso como homenaje al cantante. Fue la elegida por la madre para encarnar su propio afán de notoriedad. La madre cuidó de ella hasta su muerte. Carson nunca logra desvincularse de las garras de su madre, por más que sus amigos se lo aconsejaran. Las redes que tejió la madre alrededor de ella se extendían, sin importar distancias. Redes nefastas y abusivas en las que Carson se veía atrapada, una y otra vez, sobre todo cuando enfermaba y tenía una recaída.

Carson MacCullers vuelve siempre a la madre. Debilidad del cuerpo de su hija que la madre aprovecha para tomar decisiones sobre su propia vida, induciéndola a un aborto, decidiendo sin preguntar, sin tomar en cuenta el deseo de la hija, si quería o no ser madre. Carson se debatía entre su deseo de libertad y la necesidad de un refugio que siempre encontraba en las faldas de la madre.

A pesar de todo, Carson no culmina el deseo materno de ser una gran concertista, aunque desde pequeña mostró gran talento y disciplina en el aprendizaje del piano. Carson alimentaba otra pasión: la pasión de escribir. Y es la elección de este nombre lo que le abre una puerta que le permite encontrar una vía de escape para no quedar sometida del todo al deseo materno. Frente a la enfermedad que la dejaba impedida en la cama es el padre quien le regala a su hija una máquina de escribir reforzando así el deseo de su hija. Dando así comienzo lo que sería su verdadera pasión: la escritura.

La abuela muere cuando Carson tenía apenas 6 años. De cómo se enteró hay diferentes versiones, pero ninguna tomó en cuenta los sentimientos de una niña pequeña. Parece que fue el jardinero de la casa quien se lo dice o, tal vez, al escuchar curiosa una conversación telefónica entre su madre y su tía lo descubre. Nadie la toma en cuenta para contarle lo sucedido. Ella lo describe así: “sólo allí al ver la corona de flores colgada en la puerta, comprendí que algo extraño y perturbador había ocurrido. Nada más entrar en el vestíbulo, me tiré al suelo y, al cabo de un momento, sufrí una crisis convulsiva” [4].

Cuerpo que queda tocado por la pérdida, por la muerte. Cuerpo que queda tocado por la enfermedad, enfermedad que la impulsa a la elección de escribir. Nunca se supo con toda certeza el diagnóstico, pero a los 15 años comienza a padecer una rara enfermedad, mal diagnosticada, mal tratada que la iba dejando paralizada y que la atormentó hasta su muerte.

…al único deseo al que Carson intenta aferrarse realmente es al de escribir” [5].
Escribir es su motor de vida, la manera que trata su posición de goce. La invención, la creación de personajes como fórmulas mágicas para conjurar su deseo la sostiene a pesar del dolor y la parálisis. Cuando la enfermedad parece que le va a impedir seguir escribiendo a Carson se le acaba la vida y lleva a cabo un intento de suicidio, se corta las venas. Así cada vez que Carson siente que su cuerpo se desvanece de parálisis y dolor, que la angustia se apodera de ella porque las ideas para escribir se esfuman, siente que está en el infierno y muere. Esta es la razón que la conduce a una psicóloga porque piensa que ha perdido el alma. Y aunque desconfiaba de “los médicos del espíritu” se analiza los últimos 10 años de su vida, lo que le da tiempo suficiente para lograr sacar su última novela, “El reloj sin manecilla” del callejón sin salida en el que se encontraba.

Tuvo muchas amistades entre los escritores de la época siendo una de las más intensas la que mantuvo con Truman Capote a quien conoce en su estancia en Yaddo, comunidad de artistas, donde Carson pasaba largas temporadas con el fin de escribir. Ambos jugaban como si fueran niños, como si fueran hermanos. A Carson le gustaba vestirse con las ropas de Truman Capote: sus camisas blancas, sus zapatos. Así encuentra en un papel el apellido real de Truman, Streckfus Person verdadero nombre de Truman. Ella amenazó con desvelarlo como parte del juego, pero este terminó cuando Truman dijo que si lo hacía él le diría a todo el mundo que ella se llamaba Lula Smith. La detuvo tal vez la idea de que en este juego de vestirse y travestirse éste era el único ropaje que la dejaría desnuda, expuesta.

Carson se casa con Reeves MacCullers, un hombre hermoso y débil. Según ella porque fue el primer hombre que la besó. Relación tortuosa, contaminada de alcohol, de gritos y de broncas sin control. Un hombre que siempre quiso ser escritor pero que permaneció a la sombra de Carson. Se amaron, se hicieron daño y nunca dejaron de ser amigos. Se casan, se divorcian, se vuelven a casar y sus vidas terminan separadas cuando Reeves decide suicidarse, no sin antes de haber invitado, en otra ocasión a Carson a suicidarse con él, pero Carson quiere vivir, quiere escribir.

Jean- Pierre Joecker en la revista Masque describe así la relación que guarda Carson con el amor y con los cuerpos dando a entender que sentía miedo hacia estos:

El amor de Carson no es el amor de Eros, es el amor-amistad, ese amor que tan difícilmente se puede vivir. A Carson le horrorizaba el sexo, y sin embargo este aparece constantemente en sus libros (…) En el caso de Carson parece haber un abismo entre la sexualidad y el amor, entre la fornicación y lo bello. Reeves era un hombre bello y Carson le amo como a un hermano gemelo” [6].

En sus novelas muchos personajes aparecen necesitados de amor, de un amor casi mágico, que los transforme, sin embargo, el sexo está ligado a la vergüenza, al rechazo, a la violencia, tal vez, al miedo. Nunca habla de bisexualidad ni de lesbianismo pero si se refiere a cómo se quedaba prendada de la belleza de un rostro en un solo encuentro, manteniendo relaciones epistolares prolongadas con estos “amores imaginarios”.

Lula Smith larguirucha, con aspecto de chico, asexuada tal vez. Siempre al margen del grupo, con ropas de chico o de chica. Travestida dando solo señales de su ambigüedad. En su infancia, en su adolescencia solitaria y diferente alejada de identificaciones. Con temores de su entorno, de su cuerpo.

Refugiada en una soledad que construye con el piano, con los libros, con un mundo de creación original. Daba esta imagen para hacerse rechazar, para establecer un cerco, una distancia que la mantiene alejada de cumplir con las exigencias del entorno, con lo cotidiano. Ropas de chico que cubren y disfrazan su cuerpo de chica. Un cuerpo del que no quería saber. No quiere saber de su goce que la desconcierta, que la tortura. Goza entonces con la escritura y con la elaboración de personajes que encuentran maneras de hacer con el goce del cuerpo. Deslumbrada por la belleza y las palabra. Se da un nombre que solo envía señales de su ambigüedad, pero que la identifica: Carson. Nombre que oculta y señala. Máscara que borra toda identificación sexual pero que construye un goce alrededor de la palabra, de la escritura. Un saber hacer al que dedica toda su vida.

Carson McCullers muere a la edad de 50 años de un derrame cerebral después de varios días en coma.

 

Notas:

[1] Savigneau, J. (1997). Carson McCullers, pág. 41. Barcelona: Circe.

[2] Ibíd., pág. 37.

[3] Ibíd., pág. 22.

[4] Ibíd., pág. 24.

[5] Ibíd., pág. 190.

[6] Ibíd., pág. 81.

 

Bibliografía:

– McCullers, C. (2001). Iluminación y fulgor nocturno. Barcelona: Seix Barral.

– McCullers, C. (2007). El aliento del cielo, cuentos completos. Barcelona: Seix Barral.