Amar en el Siglo XXI ¿Permitimos transf-herirnos de amor?

Por Elena Serna.

 

¿Cómo es el deseo en el siglo XXI? La forma de relacionarnos, actual, se nos escapa como humo entre los dedos. Cambios vertiginosos, velocidades que modulan una sociedad en la cual, forzadamente, reaparece y rebrota, o aparece detrás de la esquina (al más puro estilo amsterdamés), relaciones de intercambio fugaz. Este amor del más acá, ya que todo actualmente es del más acá.

Una sociedad que invita a la inmediatez, a consumir, a tapar toda falta (¿es así posible amar?, y ¿a quien?), a tapar bocas, oídos, emociones… En definitiva, a tapar sujetos, subjetividades, formas diferentes de pensar, actuar, y por lo tanto: de amar. Nos invitan, eso nos hacen creer.

Esto provoca un malestar en la civilización proveniente del Discurso Capitalista, donde se “rechaza la castración”, según Jorge Alemán (1). Se rechaza la imposibilidad: Todo sin ninguna posibilidad de descompletamiento (rige el Uno) (2). Todo vale y cuánto más, mejor (más consumo).

Cita Lacán en el Seminario VIII: “Cuanto más lejos lleva el sujeto su finalidad, más derecho tiene a amarse”. ¿Es esto lo que potencia la sociedad actual? ¿Se favorece al sujeto que cumpla sus deseos, y por ello “sus amores”, o se prefiere (necesita) que el sujeto (casi empecemos a llamarlo objeto, para aquellos a quienes les interesa que consumamos, para llamar las cosas como les gustaría por un momento) haga “lo que se espera que tiene que hacer”, lo denominado “políticamente correcto” (más bien, lo que a los políticos les conviene o les resulta correcto).

Y en cuanto al derecho a amarnos, en una sociedad denominada “de la información”, mundo Occidental y desarrollado donde hay “de todo” (¿y la falta?). Y, ¿qué hay del vacío, tan común, que se pretende tapar, una vez más, con el ansiolítico? Una sociedad conectada (así se denomina), Internet, nuevas tecnologías, conexión 24 horas, siempre canales y programas de televisión… pero cuanto más conectada al fetiche (pues parecemos coleccionar información) ¿por qué entonces acaba estando más desconectado el sujeto?.

“El modo en que una época presenta insignias, dispositivos, fetiches, imagos, postizos, gadgets, ritmos musicales, objetos artísticos, técnicas cinematográficas; la atención especial al “relato” que empuja a la producción de semejantes artificios, como el seno, excremento, automóvil, droga, “nada” y saturación compulsiva del alimento, estarán siempre condicionados y producidos por la historia, por su dimensión epocal. Lo elitista, lo masivo, están gobernados al fin por la misma lógica de la mercancía. En la medida en que los medios de comunicación no son otra cosa que una estrategia en la producción de los consumidores”, cita de nuevo Jorge Alemán. (3).

Uno de los significantes amo actuales es la vinculación estructural entre la televisión y los paradigmas psicológicos: Programas donde una y otra vez se vende y promociona la pormenorizada “reacción de los sujetos” en su “entorno”, y el sentido de sus conductas según los estándar de las políticas televisivas. (4).

Cuando Lacan desconfiaba de un discurso para los medios de comunicación debido a que el efecto al que se vería sometido es al del achatamiento inevitable para “poder congregar al tumulto” (5) ¿Qué decir de una sociedad donde se habla constantemente, pero donde no se informa, aunque haya que achatar, ni siquiera, que amarse es un derecho y por lo tanto el tumulto no lo sabe? Sociedad de la des-in-formación.

Nos convidan a alcanzar “todos-todas” los y las objetos a posibles…“¿Realmente deseaba yo esto?” Es una de las preguntas frecuentes en la clínica, probablemente consecuencia de algo de todo esto en lo que nos vemos imbuidos.

Nos intentamos llenar: de objetos, de contactos banales y esporádicos… Y ¿qué lugar hay para la transferencia? Relaciones comerciales del siglo XXI.

De nuevo, según Alemán, para resolver este problema, se debe incluir la dimensión de imposibilidad que devuelva el alcance ético, que vendría determinado por un “significante nuevo”. (6).

Lo que está en juego en el Discurso Capitalista, en su esencia, no es el lado económico ni técnico sino el de la plusvalía del goce. (7).

¿Nos pasará como a Sócrates con Alcibíades, quien creía que no hay nada en él que pueda ser amado? ¿Quién nos ha in-formado de eso?

En el Seminario VIII: Sócrates no puede sino negarse, ante Alcibíades, porque considera que no hay nada en él que sea amable (8). Más allá de que seamos conscientes o no de en qué consiste el agalma a desear en el otro, otra interpretación podría ser si interesa el conocimiento del amor, por parte de la sociedad actual, dónde no se enseña que Amar es, esencialmente, querer ser amado, (9) en lo cotidiano, ni en la educación ni en programas educativos, para qué adultos desconocedores de ello que, por tanto no puedan transmitir dicho conocimiento. Porque en el Amor está la libertad y la subjetividad, el librepensamiento que en la sociedad actual es tan molesto y nos podría llevar a dejar de consumir y de someternos al Amo.

Una vez abordado el tema, aludiremos a que, en el Seminario XI, Lacan alude, en referencia a la zona de pérdida (10) (pues nos cuesta no tenerlo todo, de ahí que el motor de la vida sea la falta o intentar alcanzar el objeto a), que entraña cierto reforzamiento al oscurantismo (nos retrotraemos pues no queremos saber), muy característico del hombre de nuestra época de pretendida información (y paradójicamente, queremos llenarnos de información, pero de la que nos venden, la que nos entretiene y parchea, y no de la que nos sería útil de verdad, que pudiera tener que ver con nosotros/as mismos/as, con el contacto con nuestra subjetividad e inconsciente), oscurantismo estrechamente ligado con la “american way of life” (tener, poseer, llegar al éxito a través de acumular: coche, casa, yate, vacaciones en Bahamas,…), relacionada con el predominio de las funciones del yo (que al final es a quien creemos ver en el espejo, pero en el del cuarto de baño y ya, y es quien creo que piensa y quien se mueve y quien se siente bien o mal, y actúa…).

¿Qué ”información” para qué estilo de vida? Información para ser como… tener qué…

Volvemos a preguntarnos una vez más dónde queda en todo ello el sujeto del inconsciente, la subjetividad, el que pueda elegir cualquier way of life que le haga sentir satisfecho/a consigo mismo y no insatisfecho consigo mismo en función del para todos igual para no sentirme diferente-sólo-aislado, engañosamente.
Mientras nos dejemos persuadir de que el otro tiene lo que yo no tengo (aquí juegan con la falta) y que está completo, frente a mi incompletud estamos vendidos a comprar.

Y todo ello es avalado por terapias, cuando te encuentras mal por no tener… Casi extrapolable a sentirse como no ser… Se recurre a terapias como las cognitivo conductuales, rápidas, y por lo tanto, y como no podría ser de otra manera, objetivas, objetivizadoras, objetivizantes con el sujeto, quien  por la función del objeto a (objeto causa del deseo), se separa, deja de estar ligado a la vacilación del ser (se pierde y aleja de su centro en una acepción más zen del asunto), al sentido que constituye lo esencial de la alienación (mejor y más manejable todos pensando lo mismo, mejor y más manejables todos relacionándonos y sintiendo el “amor del XXI” sin “mojarnos demasiado”, es decir, sin “transf-herirnos” demasiado, pero sí consumiendo en demasía).

 

Bibliografia:

(1) Alemán, J. (2003). Derivas del discurso capitalista, pág. 29. Miguel Gómez Ediciones
(2) Alemán, J. (2003). Ibid, pág. 30.
(3) Alemán, J. (2003). Ibid, pág. 30.
(4) Alemán, J. (2003). Ibid. , pág. 39.
(5) Alemán, J. (2003). Ibid, pág. 54.
(6) Alemán , J. (2003). Ibid, pág. 30.
(7) Alemán, J. (2003). Ibid, pág. 31.
(8) Lacan, J. (1960). La transferencia. Pág. 183. Buenos Aires. Paidós.
(9) Lacan. J (1964). Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Pág. 261. Buenos Aires. Paidós.
(10) Lacan. J. (1964). Ibid. Pág. 133.