“Cariño, ¿Viene hoy tu amante?”

Por Melina Hernández Pignatta.

 

RICHARD.- ¿Viene hoy tu amante? 
SARAH.- ¡Humm…! 
R.- ¿A qué hora? 
S.- A las tres.  
 
Pinter, H., (1963). El amante.  

 

Los animales, guiados por su instinto, saben cómo y cuándo dirigirse a un congénere, no hay mayor complicación. Nuestra historia es distinta. Perdimos el instinto perteneciente al mundo animal en el momento en que nuestro cuerpo fue atravesado por el lenguaje, resultando así un cuerpo desnaturalizado. Carecemos de un programa, de una combinación escrita de significantes para saber acceder al otro, por tanto, nos encontramos con un agujero allí donde esperaríamos un saber.

No hay nada que nos diga qué es ser una mujer para un hombre ni qué es ser un hombre para una mujer -entendiendo hombre o mujer no como una cuestión anatómica sino una cuestión de identificación a una posición masculina o femenina-. Freud advirtió este asunto y concibió el concepto de pulsión con sus particularidades para diferenciarlo del instinto: “A mi juicio, y por extraño que parezca, habremos de sospechar que en la naturaleza misma de la pulsión sexual existe algo desfavorable a la emergencia de una plena satisfacción” [1].

Dirá Lacan al respecto que No hay relación sexual, es decir, no hay una relación proporcionada y armónica entre los seres sexuados. Para acceder al otro sexo hay que pagar el precio de “la pequeña diferencia” que pasa engañosamente a lo real a través del órgano… que no es otra cosa que el significante [2]. ¿Entonces qué hay en el encuentro con un otro? Hay una relación solitaria con nuestro goce, entendido éste como “la relación molestada del ser hablante con su propio cuerpo” [3].

 

Sarah y Richard:

La obra “El amante” comienza con una pregunta, ¿Viene hoy tu amante? Y John va a visitar a Sarah mientras Richard está en su oficina. Amante que no es otro que el mismo Richard, revelándose así los juegos sexuales de la pareja, juegos muy alejados de la vida instintiva animal que nombré más arriba.

A lo largo de la obra podemos entender la (no) relación entre Richard y Sarah como un entrecruzamiento de fantasmas. Richard despliega sus fantasías caracterizadas por la escisión, típicamente masculina, de la corriente tierna y la corriente sexual. Por un lado está Sarah a quien respeta, quiere y admira. Ella es elegante, ingeniosa y sensible.

Por otro lado, aparece la prostituta que simplemente satisface su deseo sexual. Las fantasías de Sarah son de otro orden, deja entrever que con su amante se juegan otras cuestiones más allá del orden de lo sexual. La cuestión del erotismo, el fantasma y el goce del lado femenino son menos transparentes, tal es así que Freud anuncia el goce femenino pero no puede llegar a él y será Lacan el encargado de hacerlo.

Sarah va a ocupar el lugar del síntoma para Richard. Es decir, Sarah acepta el juego fantasmático que les posibilita el encuentro sexual. Parece que les funciona, que ambos pueden encontrar cierta satisfacción. Sin embargo, llegado a un punto Richard no tolera este artificio y propone terminar con él puesto que quiere recuperar a su mujer. Parece que se ha topado con aquello de lo que escapa: su fantasma. Sin embargo, da la impresión que Sarah es más capaz de sostener la ficción. ¿Por qué? Por amor. Porque ella, en tanto mujer, tiene el convencimiento de que el amor sigue funcionando y este es el motivo de su juego.

Aparece el amor en este asunto. El amor como contingencia: lo que cesa de no escribirse.

Puesto que la relación sexual no se escribe, se alcanza la escritura de otra cosa: de encuentros, de afectos, de síntomas, de fantasmas. El amor como necesario: como aquello que no cesa de escribirse, porque siempre habrá algo que se escriba entre los sexos, pero no la relación. “Lo que suple la relación sexual es precisamente el amor” [4], ya que logra articular nuestro goce autista a un partenair partenaire incluyendo al deseo. Richard y Sarah intentan construir, escribir algo del lado del amor, algo que pueda velar y hacer soportable el desencuentro inevitable entre los sexos.

“Todos sabemos porque todos inventamos un truco para llenar el agujero en lo Real. Allí donde no hay relación sexual, eso produce “traumatismo”. Uno inventa. Uno inventa lo que puede, por supuesto.” [5].

 

Bibliografía:

– Freud, S. (1912). Sobre una degradación general de la vida erótica, pág. 1716. En Obras Completas, Vol. 2. Madrid: Biblioteca Nueva.

– Lacan, J. (2012). …O Peor, pág. 17. Buenos Aires: Paidós.

– Miller, J.A. Clase del 30 de enero de 2008 del Curso de La Orientación Lacaniana del Departamento de Psicoanálisis de Paris VIII. Sitio web: http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/jam/curso/2007/08_01_30.html

– Lacan, J. (2008). Aún, pág. 59. Buenos Aires: Paidós.

– Lacan, J. Los incautos no yerran. Inédito.

– Pinter, H. (2005). El amante. España: Losada.