¿Conoce usted a Oscar Masotta?

Por Jonathan Rotstein.

 

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Entraba al psicoanálisis caminando por el techo,
pero pronto remontaría las paredes hacia el piso: es que tenía alumnos” [1].

 

 

– “En mi generación la mayoría de analistas no conoce a Masotta”.

– “En la mía tampoco”.

Este breve diálogo, mantenido con una colega pocos años mayor, y que tuvo lugar con motivo de la exposición que el Macba de Barcelona dedicó a la figura de Oscar Masotta en el reciente XI Congreso de la AMP, fue suficiente para constatar, una vez más, algo que bien podría pensarse como un síntoma:

Por algún extraño motivo, muchos jóvenes analistas de hoy desconocen que, antes que lacanianos o millerianos, son, ante todo, masottianos.

¿Qué quiere esto decir?

Quiere decir que la lengua materna del lacanismo hispanohablante encuentra en Masotta su referencia original, fundante. No es casualidad el hecho de que, reciente y simultáneamente, los presidentes de la ELP y de la AMP hayan sido, los dos, alumnos directos suyos.

El dato principal es, sin embargo, bien conocido por muchos: Oscar Masotta fue el introductor del pensamiento de Jacques Lacan en lengua española a ambos lados del Atlántico.

La historia, diversamente narrada, suele precipitarse en la siguiente escena:

Tras una estadía en casa de Pichón Riviere, cae en manos de Masotta una serie de revistas provenientes de Francia donde se reproducen algunos textos de Lacan. Así, de este modo en apariencia tan sumamente contingente, se produce el comienzo de una historia que tendrá, para nosotros analistas hispanohablantes, múltiples consecuencias vitales.

¿Podía haberlo hecho otra persona? Seguramente. Lo que ya no es tan seguro es que otra persona lo hubiese hecho del modo tan original y accesible con que Masotta llevó a cabo la tarea, haciendo uso de esa capacidad tan suya para imaginar el lenguaje.

Por todos es conocido que aprender a hablar lacanés conlleva grandes dificultades que, en muchos casos y sobre todo al comienzo, suelen concluir en una desorientación general, tan profunda como desesperante, para aquellos valientes que tienen la intención de animarse a practicarlo.

Dificultad añadida es el hecho de tratarse de un lenguaje que no solamente posee una difícil comprensión sino que, por lo general, profesa de una transmisión harto compleja.
Seguramente debido al momento histórico concreto en que se circunscribieron sus cursos y conferencias, donde el campo Lacaniano era apenas un descampado, Masotta debió ingeniárselas para acercar a la intuición de muchos la abstracción concreta de unos pocos. Sirvan como ejemplo las siguientes viñetas extraídas de uno de sus textos:

Para dar un ejemplo gracioso: Pensemos en un astronauta que desde la luna tiene que transmitir a la tierra la descripción del suelo lunar. El hombre comienza a caminar sobre el piso lunar con sus enormes zapatones y trasmite: ‘Camino sobre un suelo normal, hay ahora una depresión, siento que el terreno sigue descendiendo, ahora la pendiente se detiene y el suelo parece comenzar ascender, en efecto comienza una pendiente ascendiente, etc.’. Pero supongamos que en el momento en que el terreno desciende el hombre trasmitiera: ‘Falta aquí una montaña’. Sería absurdo. Ahora bien, la teoría y el objeto del psicoanálisis tiene que ver con un tipo de cosas semejante. Con un tipo de discurso donde lo real se parece poco al piso del reconocimiento lunar. ¿Se ven las consecuencias?” [2].

Si por fortuna se escucha decir a alguien que se está psicoanalizando y que su analista lo comprende; se puede estar seguro: ese análisis no funciona” [3].

…Me gustaría sobrecargarlos a ustedes con un ejemplo más de esto que llamo yo relación de procuración. Es el caso de ciertos amores adolescentes. Se supone (bueno: un supuesto) que la actitud normal, como se dice, del adulto, en caso de un hombre interesado sexual y afectivamente en una mujer, que es capaz de afrontar a su objeto, acercarse a la mujer y decirle: ‘Oye María, me gustas’, o bien, y si el interés es aún más directo: ‘María, pues quiero que te vengas a la cama conmigo’. Pero ocurre muchas veces que los adolescentes (por lo menos en mi época) resultan un poco más tímidos. El joven Juan está enamorado, se lo ha confesado a sí mismo, de María.

¿Qué hace entonces Juan? Descubre en primer lugar que cuanto más ama a María más tímido se pone si trata de abordarla. Decide entonces no decirle a María, sino hacerle saber, por intermedio de otros. Como sabe que María tiene una hermana, Cecilia, y que ésta una amiga, Luisa quien a su turno es bastante amiga de un amigo suyo, de Juan, que se llama Pedro, comprende pronto cuál será la vía para hacerle llegar a María el conocimiento de su anhelo. Le dice entonces a Pedro que por favor le diga a Luisa, quien es amiga de Cecilia, que le diga a ésta que le diga a María, su hermana, que él, Juan, en fin, la ama… ¿Cómico, ridículo? ¿Pero no podría servir este ejemplo de modelo de cosas que efectivamente ocurren en otros fragmentos de la vida social? Y ello por una sencilla razón, que había sido vista por Hegel, de que lo social no es sino una red de deseos” [4].

La envergadura no sólo personal sino, ante todo, intelectual de Oscar Masotta llevó a Lacan a invitarlo a hablar, en 1975, en la sede de la Ecole Freudienne de París donde, además, fue nombrado, en un acto tan único como excepcional (tengamos en cuenta que Masotta y Lacan solamente coincidieron una vez [5]), analista practicante de la Escuela.

Sin embargo, Lacan nunca consideró a Masotta un alumno suyo sino un lector [6]. Es, de este modo, como mejor puede leerse las palabras que Lacan le dedicó en la primera página de los Escritos que, en 1966, fueron publicados por Seuil [7]:

A Oscar Masotta, amigo de mi pensamiento tan cercano aunque su residencia es tan lejana”.

 

Bibliografía:

[1] Masotta, O. (1976). Ensayos lacanianos, pág. 243. Barcelona: Anagrama.

[2] Masotta, O. (2006). Lecciones de introducción al psicoanálisis, pág.: 37. Barcelona: Gedisa.

[3] Íbid., pág 64.

[4] Íbid., págs. 86-87.

[5] Masotta, O. (1986). El modelo pulsional, pág. 22. Buenos Aires: Catálogos Editora.

[6] Masotta, O. (1986). Op. cit., pág. 22.

[7] Izaguirre, M. (1999). Oscar Masotta: El revés de la trama. Buenos Aires: Atuel.