El autismo y la última enseñanza de Lacan

Por Gleuza Salomon.

 

Mi presentación de hoy priorizará la ultimísima enseñanza de Lacan; los seminarios que la constituyen son hasta ahora inéditos. Una introducción se vuelve necesaria porque este período denota la ruptura epistemológica de Lacan con el lacanismo, cuando Lacan ya no coloca al Otro en la base misma del sujeto, lo cual permitió que se pensase el inconsciente como un modo inaugural del Otro. Fue en ese contexto que Lacan situó el inconsciente como el discurso del Otro. Ese corte realizado por Lacan en su propia enseñanza, se da a partir de “Aun” (Encore), Seminario 20, que será puntuado por Jacques-Alain Miller como inaugural de la última enseñanza de Lacan, mientras que el primer Lacan se inició en el discurso de Roma, de “Función y campo de la palabra y del lenguaje”.

La ultimísima enseñanza de Lacan, título del curso de la Orientación Lacaniana de Jacques-Alain Miller de los años 2006-2007, se sitúa en un dominio no recorrido aún y que está compuesto por el Seminario 24 de Jacques Lacan, intitulado “L’Insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre”, y por el Seminario siguiente, el 25, “Momento de concluir”.

Esa rescritura epistémica de Lacan nos plantea un nuevo desafío en la clínica psicoanalítica, además de que permite pensar la clínica del autismo y también la de casos clínicos de difícil diagnóstico en los que no hay inconsciente, al menos no hay inconsciente simbólico, transferencial. Éric Laurent los describe como sujetos completamente fragmentados que erran en estado de desamparo.

En la ultimísima enseñanza, Lacan se permitió crear un nuevo léxico psicoanalítico con nuevos términos deducidos de la clínica, como vemos en la cuestión del autismo, de su especificidad a partir de su enigmática posición de rechazo al Otro.

En la ultimísima enseñanza de Lacan se fundará entonces la clínica psicoanalítica con niños por la vía de la clínica de Rosine Lefort, cuando Lacan considera al autista como un parlêtre, lo cual le permite insertarse en el proceso analítico por la vía de la construcción de un Otro a partir de Un-cuerpo, (Encore = Un-corps, “Un-cuerpo”), en la medida en que el Un-cuerpo es la única consistencia del parlêtre. Ese término que Miller saca a la luz, “Un-cuerpo”, precisamente señalándolo como un término ya formulado por Lacan, se hacía presente en la homofonía, existente en la lengua francesa, con el título del Seminario 20, ENCORE – Un-corps (Un-cuerpo), aunque ese término nunca fue explicitado por Lacan.

Al aislar esa operación de “Un-cuerpo”, Lacan la inserta, según Miller, en una fórmula de otros dos términos en posiciones diferentes: la lalengua opuesta a la escritura; como tercer término, el Un-cuerpo –fórmula que ordena ese léxico inédito de Lacan.

El neologismo “Un-cuerpo” ¿podrá ser aislado en los relatos de la clínica psicoanalítica con niños de Rosine Lefort? –clínica teorizada primero por ella misma, por Robert Lefort, Judith Miller, Jacques-Alain Milller y Éric Laurent. El estudio, realizado muchos años después de finalizada la atención psicoanalítica, inicialmente permitió a Jacques-Alain Miller pensar el autismo como una categoría clínica específica, como el propio estatuto nativo del sujeto, y también lo llevó a pensar por qué Lacan omitió hablar, por ejemplo, del inconsciente real, que no fue mencionado en el Seminario 23, intitulado El sinthome, siendo que Miller sigue conduciéndonos de omisión en omisión, y nos topamos con la ausencia del término que designaría el cuerpo imaginario, la escritura que Lacan se abstuvo de nombrar en el Seminario 24.

Consideremos que Lacan no quiso hablar de inconsciente real en el Seminario 23, intitulado El sinthome; lo hará pocos meses después de finalizado el Seminario 23, en su texto del “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, escrito en mayo de 1976.

Por otro lado, fue en el Seminario 24, L’Insu que sait de l’une- bévue s’aile à mourre”, que Lacan eligió hablar en nombre propio del cuerpo, describiéndolo como tres cuerpos distintos que serán escritos en la lógica de la cadena borromea: Simbólico, Imaginario, Real. El cuerpo simbólico es lalengua, el cuerpo imaginario –pienso introducirlo aquí como una hipótesis– es el término “Un-cuerpo” que deduzco del argumento de Miller, a falta de una nominación por parte de Lacan. Y el tercer cuerpo que en Lacan es el cuerpo real, del cual dice que no sabemos cómo desaparece.

 

Un-cuerpo

Consideremos una nueva hipótesis, la de la pluralización de los unos Un-cuerpo insertos en la escritura del cuerpo imaginario y del cuerpo simbólico que se conectarán entre sí a partir de lo real del cuerpo propio y cuerpo del Otro.

Rosine y Robert Lefort, en la última parte del libro “Nacimiento de Otro” (4), intitulada Conclusiones, describen dos escrituras del cuerpo en el caso del autismo: lo real del cuerpo propio y lo real del cuerpo del Otro. ¿Designarán estas escrituras los dos reales que enuncia Jacques-Alain Miller en la publicación sobre el autismo de L’Hebdo-Blog? Cito aquí parte de ese comentario de Miller: “Hay momentos, en el análisis de los pequeñitos, donde lo real toca lo real, donde la clínica permite la idea de ‘Nacimiento del Otro’”.

En el Seminario 24, Lacan extiende lo imaginario a lo real, cosa que podríamos observar en el caso del niño-lobo cuando Rosine comenta, en la página 157 del Seminario 1, que el drama de ese niño era que todos sus fantasmas oral-sádicos se habían realizado.

En el caso del autismo, como estructura específica en la cual no hay Otro, ¿ese Otro estaría constituido desde “Un-cuerpo”?

En el Seminario 1 de J. Lacan, exactamente en la página 144, tenemos el texto de la presentación de Rosine Lefort en persona, texto que fue incluido en “Los escritos técnicos de Freud” e intitulado, “¡El lobo! ¡El lobo!”. Esas dos palabras eran las únicas pronunciadas por el pequeño Roberto. Luego de varias sesiones de análisis hay un corte y, a partir de ese momento, Rosine considera que Roberto ha exorcizado a ¡El lobo! “Ya no habló más de él y pudo pasar a la fase siguiente, la regresión intrauterina; es decir, la construcción de su cuerpo, del ego-body, que hasta entonces no había podido hacer”.

Podríamos considerar aquí, en este comentario de Rosine que utiliza el aparato conceptual freudiano, la definición de Freud, en 1923, de que el yo es, primitivamente y ante todo, en yo corporal. Sería esa superficie de cuerpo lo que Miller, vía Lacan, considera que debe ser construido a través de “Un-cuerpo” en la medida en que Lacan propone, en su última enseñanza, en el lugar del Otro, el cuerpo. No el cuerpo del Otro, sino el propio cuerpo, como decimos habitualmente. Y Miller considera y escribe la fórmula de la operación de Un-cuerpo en la historia que tratamos de recontar respecto de esos pedazos de real, que es el Un-cuerpo.

uncO.

La grafía de Un-cuerpo es creada por Miller para argumentar sobre una nueva tecnología del cuerpo donde todo lo que se encontraba investido en la relación con el Otro es aquí reconducido a la función imaginaria de la relación con el cuerpo propio. De ello hay una idea como de sí mismo, y por eso Lacan retoma el viejo término freudiano ego; Lacan tiene el cuidado de subrayar que éste no tiene nada que ver con la definición del sujeto que pasa por la representación significante. El ego se establece a partir de la relación con Un-cuerpo. Allí no hay identificación, hay pertenencia, propiedad. Eso no se ramifica sobre los modos, al gusto del rasgo unario, si puedo decir así. Eso no apunta al punto de falta del Otro sujeto. Y eso tiene mucho que ver con el amor, y no es el amor al padre, sino el amor propio, en el sentido del amor a Un-cuerpo. Es la fórmula de Lacan en la página 64 del Seminario El sinthome:

“El parlêtre adora su cuerpo”. Y, citando otra vez a Jacques-Alain Miller, que es lo que viene al lugar de, es lo más cierto, de lo que viene al lugar de tres modos de identificación, la identificación al padre, la identificación histérica y la identificación a un rasgo unario, el rasgo común. Lacan insiste, ya lo ha dicho Miller otra vez, gira en torno a esta propiedad del cuerpo (On ne l’est pas, on l’a.)

No lo somos (uno no lo es), lo tenemos (uno lo tiene). Miller considera que ese tener no es sino una creencia, creencia de tener el propio cuerpo como un objeto disponible. Pero es del lado del tener, más que del ser, que así se coloca Un-cuerpo. He aquí, según Miller, una frase que reduce las estofas de ese basurero del gran Otro. El Un-cuerpo como única consistencia. Se entiende que eso es lo que es necesario que el ser humano traiga al análisis. Físicamente el cuerpo huye a todo instante, dice Lacan, se deshace. Subsiste durante el tiempo que le lleva destruirse, pero no se evapora. Véase esto en la página 64.

Decir que su consistencia es mental, es establecer el lazo mucho más estrecho de ese Un-cuerpo, no con lo simbólico, sino con lo imaginario. De ahí la tesis: la adoración de Un-cuerpo es la raíz de lo imaginario. Y el pensamiento no hace más que repercutir la adoración del Un-cuerpo –del pensamiento, Lacan hace (es lo que puedo decir) una potencia de lo imaginario. Todo lo que pensamos. En la página 90, Lacan dice que “estamos obligados a imaginar todo lo que pensamos”.

Pero no pensamos sin palabras, y he ahí establecido el sentido entre imaginario y simbólico. El sentido, de cuyo concepto Lacan se vale en El sinthome, en su último texto, el sentido es, diría Miller, algo ambiguo entre lo imaginario y lo simbólico. Las palabras son necesarias, pero lo que cumple función de contenido es tomado de lo imaginario del cuerpo, de tal modo que, de las tres categorías de lo real, lo imaginario y lo simbólico, los dos, imaginario y simbólico, se reúnen para producir sentido. De ahí la oposición binaria que parece dominar el reverso de Lacan, entre lo real y el sentido.

En el libro “Nacimiento del Otro”, de Rosine y Robert Lefort, en la página 308, sobre el caso de “Marie-Françoise o el autismo”, los autores ilustran ese momento del análisis en que se sella una relación de Marie-Françoise con lo Real del cuerpo del Otro. Leo aquí el párrafo que extraje del capítulo 6 de la segunda parte de ese libro, que describe el momento en que lo Real del cuerpo de Marie-Françoise se enlaza a lo Real del cuerpo del Otro:

La escena siguiente es un nuevo intento, relacionado siempre con el biberón, al que mira pero no puede tocar, y hacia el cual balbucea raspándose la garganta, antes de hacerme tomar el vaso y de llevar mi mano hasta poner la boca contra el borde.

Llevar mi mano” es específico de la relación del autista con el cuerpo del Otro: lo manipula como un objeto. Allí está el sello de una relación [de Marie-Françoise] con lo Real del cuerpo del Otro, que fracasa en el intento de aislar objetos: parciales en su denominación clásica, podríamos decir más exactamente significantes, en la medida en que solamente la dialéctica significante permite ese recorte del cuerpo del Otro.

 

Un Solo Cuerpo

En 2011, Miller denota la diferencia entre el Un-cuerpo como una operación que se verifica por el uso del guion y el cuerpo como Uno solo, que se encuentra como modo de entrada en la repetición del Uno que conmemora la irrupción de goce inolvidable por la vía de lo real, de lo real sin ley, producto de la conjunción entre el significante y el goce, que se da de modo contingente y funda lo real.

La emergente varidad de lo real, emerge como función en la cadena borromea, donde lo real actuará a través de dos funciones, tanto la de conectar como la de desconectar lo simbólico y lo imaginario, promoviendo por la operación de conjunción o de disyunción de los dos registros. En ese sentido funcional, lo real es tercero. En su relación con lo real, ¿cómo se ejerce la práctica analítica con el autismo como estructura nosológica? ¿Se trata de un Un-cuerpo que ha de ser fundado en la práctica analítica? ¿Eso le permitirá la conexión entre los unos “Un-cuerpo y lalengua” y/o inventar una estructura sinthomal como resultante de un nuevo enlace entre los tres registros, ISR?

Por otro lado, el acontecimiento de cuerpo constituyente del significante UNO SOLO, para todos nosotros, se da por la vía de la efracción, ruptura, vía de la disrupción de goce. Se trata aquí de una substancia de goce impresa en el cuerpo. Completamos aquí ese período que Jacques-Alain Miller llama psicoanálisis absoluto: El goce está fuera del juego de los significantes, fuera del saber, donde nada sabemos; el uso de la palabra absoluto califica el goce en esa otra dimensión, cualidad que se extrae de la soledad de Un-cuerpo. Ahora, atención, Miller diferencia el cuerpo, del cual tratamos aquí, del significante UNO solo, que no se define por la imagen, como el cuerpo del estadio del espejo, no se define por la forma, ni siquiera por Un-cuerpo, ni cómo goza, sino cómo se goza. El cuerpo al que se apunta es un cuerpo en el nivel de la existencia, cuya localidad es la del inconsciente real.

Observamos en esta cita una diferenciación clara, propuesta por Miller, entre Un-cuerpo y el cuerpo que se goza, efecto del significante UNO solo.

En el último Lacan encontramos el Lacan del reverso de Lacan. En esta ocasión, Lacan reduce el inconsciente al hecho de hablar solo. “Uno habla solo porque uno no dice jamás sino una sola y misma cosa”. Ese círculo que finaliza con un punto, como el cierre de una palabra que se dirige a sí misma, que gira en torno a sí misma. Sin embargo, Miller nota que Lacan de contradice cuando sitúa a la palabra como un parásito, la palabra que se articula en torno a un cierre de pura satisfacción.

 

El autismo en la última enseñanza de Lacan

Concluye Miller esa clase denotando que, de ahí en más, “Lacan pasará a definir el propio inconsciente por el autismo de la palabra y eso remite a todos nosotros, cuerpos hablantes, los unos Un-cuerpo y la lalengua, un psicoanálisis parte del Uno sumergido en el Otro hasta el acceso al autismo del discurso: “a sólo hablar de sí mismo”.

Esa conjunción de Un-cuerpo y de lalengua que será designado con el significante UNO solo, como sinthome”.

Para concluir este estudio de la última enseñanza de Lacan y la clínica psicoanalítica del autismo, lo hago citando a Miller que trae a colación un problema: descartada la armonía, se replantea la cuestión de Un-cuerpo con el Inconsciente que dice una sola y misma cosa, esencialmente es la cuestión que reverbera y está contenida en los esquemas borromeos.

Traducción: Eva Arenas

 

Bibliografía

-Miller, J.-A. S’IL Y A LA PSYCHANALYSE, ALORS…, A La Une, Hebdo Blog 129, Sitio web: http://www.hebdo-blog.fr/sil-y-a-psychanalyse/

-Miller, J.-A. L’Un tout seul. Sitio web: http://jonathanleroy.be/2016/02/orientationlacanienne-jacques-alain-miller/ , Sitio web: http://jonathanleroy.be/wpcontent/uploads/2016/01/2010-2011-LUn-tout-seul-JA-Miller.pdf

-Miller, J.-A. S’IL Y A LA PSYCHANALYSE, ALORS…, A La Une, Hebdo Blog 129, Sitio web: http://www.hebdo-blog.fr/sil-y-a-psychanalyse/, consultado en <http://www.hebdo-blog.fr/

– Miller, J-A. (2014). El ultimísimo Lacan. Buenos Aires: Paidós.