El cuerpo en el lazo social. Una perspectiva psicoanalítica.

Por Mª de las Mercedes Limón Echevarría.

 

“A ese cuerpo le pueden pasar cosas imprevistas,
pero hay algo que lo singulariza, es que hubo un
acontecimiento que dejó huellas en su cuerpo”
Miller, J.-A.

 

Introducción

Lacan, desde su retorno a Freud, elaborará una teoría del Sujeto que confrontará al Sujeto de la ciencia, y en la cual el lenguaje y el cuerpo serán condición ineludible tanto del inconsciente como del lazo social. El concepto de Sujeto para Lacan, que se origina en la sujeción al significante y, por ende, al inconsciente, será al mismo tiempo social y singular. Social porque los elementos de su constitución provienen del Otro, del registro simbólico que es el del lenguaje. Singular porque lo que el lenguaje produce como inconsciente constituyendo un cuerpo es diferente y único en cada sujeto.

El capitalismo en su fase actual, aliado con la ciencia y la tecnología, constituye una amenaza al núcleo mismo del lazo social, desde que actúa socavando los elementos fundamentales que lo sostienen: el cuerpo y el lenguaje.

En este texto nos centraremos en el primero de estos elementos, desde el cuerpo cartesiano de la ciencia [1], de la biotecnología o el cuerpo-contorno reducido a la superficie, hasta el cuerpo del que nos habla Lacan atravesado por el goce en sus dimensiones imaginaria, simbólica y real. Ante el debilitamiento del lazo social y los síntomas que denotan el malestar en la cultura en nuestra época, se hace preciso rescatar el cuerpo a partir de la teoría lacaniana del Sujeto desde su fractura estructural y constitutiva que hace posible el deseo.

 

El cuerpo previsible

En la tradición filosófica occidental han prevalecido dos intentos en relación al cuerpo: neutralizar su ambigüedad mediante conceptualizaciones unívocas de diversa índole y relegarlo a posiciones subordinadas dualistas en las que al alma o a la razón se les concede la supremacía en la producción del conocimiento. Muestra de ello es el cuerpo-máquina, metáfora en la que se basa el paradigma pragmático-biologicista que entiende el cuerpo como un simple objeto físico sometido a las leyes naturales. La asimilación del cuerpo al concepto biológico de organismo tendrá, sin lugar a duda, consecuencias:

Considerarlo reductible a sus partes o piezas no siendo más que la suma de sus partes (sistemas, tejidos, órganos), sin emociones, deseos o percepciones; suponerlo completamente entendible desde el exterior sin referencia alguna a sus estados interiores; categorizarlo como susceptible de observación y medida, es decir, cuantificable; entenderlo como un instrumento, un medio, sin propósito o fin en sí mismo; y no tratarlo orientado por consideraciones de valor.

Si nos centramos, por ejemplo, en las prácticas y discursos de la Biomedicina, encontramos que el cuerpo concebido como organismo es objetivado y descrito como funcional, sistemático, estructural, físico, material, mecánico y visible. El cuerpo queda así reducido a un concepto anatómico y biológico fundamentado en su estructura física y material en la cual la dimensión del goce ha sido excluída.

Desde la segunda mitad del siglo XX las biotecnologías intervendrán sobre el cuerpo, modificando incluso el material que está en la base de todos los procesos vitales, el ADN, mientras que la cibernética acoplará lo humano con la máquina dando lugar al cyborg.

Tal es la envergadura de estas transformaciones que el cuerpo ya no puede considerarse como algo fijo o como una identidad fisiológica, ya que es fragmentado por los avances de la ciencia y de la tecnología y sus límites están siendo alterados. Con las tecnologías del cuerpo – biotecnologías, ingeniería genética, técnicas de reproducción asistida y técnicas de transformación y amplificación del cuerpo – éstos se han convertido en objetos legibles y posibles de codificar.

Por otro lado, el cuerpo se torna rentable y productivo como un objeto más de consumo que se exhibe, se manipula y se explota. Este cuerpo limitado en su capacidad y potencialidad constituye un lugar donde convergen múltiples intereses políticos, económicos y sociales que, con el propósito de conservar la hegemonía sobre él, se esfuerzan en descartar e ignorar todo lo que suponga un cuerpo vivo en el sentido de un cuerpo que se goza.

En la sociedad de la imagen, el cuerpo, que tiempo atrás fue considerado el espejo del alma, parece haber quedado reducido a la imagen reflejada en el espejo. Una imagen sometida a las exigencias homogeneizadoras de la ideología neoliberal que nos remiten a un cuerpo-contorno convertido en objeto de exhibición que en el intento por preservar su individualidad erige la piel como su última frontera. De esto nos hablan todo el conjunto de técnicas de customización y tuneado que modifican las superficies de los cuerpos (implantes, tatuajes, pearcings, maquillajes permanentes, prótesis, prácticas de rediseño que reinventan el body art de los sesenta, etc.). En todas estas prácticas el cuerpo es tomado como superficie de inscripción social y cultural, como lugar público de representación y de exhibición, donde la subjetividad del individuo parece haber quedado limitada a lo externo y lo visible.

Es el cuerpo como exposición, imagen, extensión, superficie. Es el cuerpo desconectado de su corporeidad, reducido a la piel, donde la piel es lo profundo. Es como si viviéramos en un cuerpo desprovisto de sustancia, de esencia y de intensidades. Como si en el lazo social nos abstrayéramos del cuerpo viviéndolo desde su superficie. El marco, por otra parte, no puede ser más contradictorio: por un lado potenciación del consumo, exhibicionismo, transparencia, customización, rediseño, lo externo, la superficie; por otro autocontrol, higienismo, autodisciplina, pureza, lo holístico, la completitud, la ausencia de fractura.

 

El cuerpo en el que pasan cosas imprevistas

Las concepciones reduccionistas y cientificistas que sobre el cuerpo imperan en la sociedad de nuestra época se encuentran en la base del debilitamiento del lazo social. Muestra de ello son los actuales procesos de segregación y exclusión social; la precariedad de las relaciones laborales y de organización del trabajo y la fragilidad de los vínculos familiares y amorosos entre otros. En concreto, el odio al goce del Otro, a la manera particular en la que el otro goza, es una cuestión que se encuentra en la raíz de fenómenos como el racismo y la xenofobia y que se explota sin ningún tipo de escrúpulos, quizás ocultando el odio al goce propio. [2]

La concepción de un sujeto indiviso, soberano y amo de sí mismo no se sostiene ante su radical inadecuación con respecto a su propio goce, vivido siempre como un exceso. Este goce que lo divide y que constituye su fractura estructural imposible de clausurar, es precisamente lo que le otorga su condición de ser social. Este Sujeto dividido tiene, sin serlo, un cuerpo del orden de lo improbable y lo disarmónico, que le antecede y le perdura, que es atravesado y agujereado por el lenguaje y fundamentalmente, de lo que goza. ¿Qué nos dice Lacan sobre este cuerpo?

En su primera formulación del estadio del espejo, Lacan parte de que para hacer un cuerpo se precisa un organismo vivo más una imagen y que la constitución del yo (moi) es consecuencia de la identificación con la imagen corporal. Mediante una solución que tiene lugar en el registro de lo imaginario se anticipará la unidad corporal que le falta al organismo. Esta imagen corporal con la que el niño se identifica será una matriz que encarnará la fuerza vital del sujeto y en ella se reconocerá como yo.

Sin embargo, Lacan señalará que, para que la ilusión del espejo tenga lugar, es necesario que el ojo se ubique en el ángulo correcto. Para ello recurrirá al esquema del ramillete invertido. Planteará la existencia de un primer narcisismo en relación a la imagen corporal y un segundo narcisismo basado en la identificación al otro. De esta forma añade a la primera alienación especular una segunda alienación cuando afirma que el inconsciente es el discurso del Otro, sentando así las bases para la primacía de lo simbólico.

En Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953), Lacan planteará claramente la relación entre palabra, lenguaje y cuerpo y dirá que los símbolos envuelven la vida del hombre con una red, antes incluso de que venga al mundo y más allá de su muerte. El significante será quien introduzca el discurso en el organismo constituyendo el cuerpo, pero irá más allá señalando que el lenguaje es cuerpo, el verdadero cuerpo, un cuerpo incorporal. [3]

En un intento posterior por articular pulsión y lenguaje, goce y simbólico, fragmentará el goce en el objeto a localizándolo en los orificios del cuerpo en torno a los cuales girará la pulsión. El cuerpo pulsional es pensado como una topología de bordes y agujeros, con una pulsión que comporta la apertura y cierre de los orificios que mediatizan el intercambio con el Otro. Este goce fragmentado será regulado por los discursos [4] puesto que está inscrito en la estructura misma del discurso como objeto a. [5]

A partir de los años 70 [6] Lacan introducirá la letra como efecto de la articulación significante que cifrará lo singular del goce que concierne al Sujeto. Más tarde, con la introducción de lalengua, Lacan da un paso más en la conceptualización de la dimensión real del lenguaje, su relación con el goce y lo real del cuerpo. Lacan destaca en el seminario El sínthoma [7] que es preciso que haya algo en el significante que resuene y que las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir. Más allá de la articulación con la demanda y el giro alrededor del objeto, hay goce pulsional en tanto lalengua resuena y afecta al cuerpo. Continuando con lo real del cuerpo, Lacan introducirá el parletre (hablante) en tanto que habla goza y el goce como sustancia específica del cuerpo viviente.

Un cuerpo es lo que se goza pero lo que ocupa a Lacan en el seminario Aún [8] es poner en evidencia todo lo que del goce es goce Uno, es decir goce sin el Otro. Para que haya goce tiene que haber vida y para gozar hace falta un cuerpo vivo.[9] Con la sustancia gozante Lacan no renunciará a la relación goce-significante sino que la reformulará situando el lenguaje como aparato de goce, a partir de un cambio en su concepción que se concreta con la introducción de la noción de lalangue. En palabras de Lacan en el seminario Aún: el significante es la causa del goce en el cuerpo, o en otras palabras, donde eso habla, goza.

Con la topología de los nudos borromeos resolverá definitivamente la dualidad cartesiana mente-cuerpo, significante-goce, tal que no podremos definir significante sin goce, ni goce sin significante.

 

Conclusiones

En Lacan encontramos, casi desde el principio de sus teorizaciones, un Sujeto concebido como efecto de la articulación significante que se constituye en el orden simbólico, en el campo del lenguaje y la función de la palabra, es decir, en el Otro. La constitución y la regulación del cuerpo y del goce se efectuarán en el marco de los discursos, en tanto ellos suponen una teoría del vínculo social. Sin embargo, el discurso capitalista en su fase actual constituye una amenaza a la naturaleza misma del lazo social desde que actúa socavando los dos elementos fundamentales que lo sostienen: el cuerpo y el lenguaje.

Las concepciones reduccionistas, cientificistas y biologicistas sobre el cuerpo se entrecruzan con la circularidad del discurso capitalista [10] que precisamente no se caracteriza por posibilitar o permitir la experiencia del inconsciente. El capitalismo, en un intento por unificar los modos de goce, actúa taponando la causa del deseo mediante la oferta incesante de productos del mercado. En este discurso, el superyo, como imperativo de goce, actúa alimentando y promoviendo un goce autista, rechazando de pleno el lazo social y el amor.

Frente a los fenómenos que acontecen y que preconizan el debilitamiento e incluso la disolución del lazo social, resulta esencial rescatar el cuerpo que se goza a partir de la teoría del Sujeto lacaniano, con el fin de reinventar nuevas configuraciones del lazo social basadas en una concepción de lo corporal capaz de sustentar la práctica y la acción social en todas sus dimensiones.[11]

 

Notas

[1] En la filosofía cartesiana la mente o “res cogitans” es una substancia caracterizada esencialmente por el atributo del pensamiento, y se opone radicalmente al cuerpo o “res extensa”. De ahí su principio “cogito, ergo sum” (“pienso, luego existo”). En el pensamiento racionalista el cuerpo solo puede concebirse a partir del cogito

[2] Tesis propuesta por la psicoanalista Dolores Castrillo Mirat en La raíz de la xenofobia: Una aproximación desde el psicoanálisis. Presentado en la Conversación “Los fenómenos migratorios: modos de segregación” en Madrid, 3 de marzo de 2018.

[3] A partir de 1964 encontramos en Lacan afirmaciones nuevas: no hay universos de discursos, no hay metalenguaje, nada es todo o el Otro no existe. En definitiva, el Otro está en cuestión y todo el esfuerzo de Lacan se centrará en buscar los límites de la palabra y, por tanto, otra lógica basada en el Otro y la encontrará a partir de la relación sexual que no existe.

[4] Como señala Jorge Alemán los discursos lacanianos constituyen la matriz de los vínculos sociales, responden a una imposibilidad, pues vienen al lugar ausente de la relación sexual (de su imposibilidad).

[5] Lacan introducirá la noción de plus de goce ampliando la lista de objetos a a todos los objetos de la cultura.

[6] Lacan, J. (1977). Radiofonía y Televisión. Barcelona: Anagrama

[7] Lacan, J. (1975-76). El síntoma.

[8] Lacan, J. (1972-73). Aún

[9] Miller introduce el concepto de cuerpo viviente en su texto “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica” (2011), relacionando el concepto cuerpo del lado de lo imaginario y viviente del lado del organismo y de lo simbólico. Dirá que “no hay goce si no es a condición de que la vida se presente bajo la forma de un cuerpo, de un cuerpo vivo (…) he aquí el cuerpo que está afectado por el goce. El cuerpo que goza no es ni imaginario ni simbólico sino viviente, es un cuerpo vivo“.

[10] Como señala Jorge Alemán si se quiere hacer algo en el terreno político hay que contar con que el cuerpo no es un mero organismo biológico que pueda adaptarse o no, sino que está afectado, inconsciéntemente, por el goce, haciendo del síntoma un acontecimiento del cuerpo. En “La frontera: Sujeto y capitalismo“. (2014) El malestar en el presente neoliberal. Barcelona: Edisa.

[11] Como señala Jorge Alemán el discurso capitalista puede ser considerado como un “contradiscurso”, porque no cumple con las necesidades estructurales de lo que Lacan llama discurso (2014) El malestar en el presente neoliberal. Barcelona: Edisa.

 

Bibliografía

– Alemán, J. (2014). En la frontera. Sujeto y capitalismo. Barcelona: Edisa.

– Lacan, J. (2002). Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis. Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI.

– Lacan, J. (2007). Los Escritos Técnicos de Freud. Buenos Aires: Paidós.

– Lacan, J. (1992). El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

– Miller, J. A. (2008). La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós.