El fantasma que nos habita: La Otra

Por María Hernández.

 

Desconozco si Atom Egoyan, el director de esta cinta ha pasado por el diván de un psicoanalista o no, pero su película Chloe relata en el siglo XXI la misma problemática que ya escuchaba Freud de boca de Dora en la época Victoriana. Catherine, su protagonista, podría encarnar una visión moderna de la neurosis histérica, y es que parece ser que el fantasma de “la Otra”, sigue atormentando al común de las mujeres.

Chloe es una película del año 2009, protagonizada por Julianne Moore, Amanda Seyfried y Liam Neeson, relata la historia de un matrimonio de mediana edad con un hijo adolescente en plena crisis de pareja y con el fantasma de la infidelidad masculina sobrevolando la cabeza de la esposa. Hasta aquí ninguna novedad: otra historia triangular que inunda nuestras pantallas, pero si os digo que la amante se la busca la mujer a su marido, y que ambas terminan teniendo una aventura, la historia cambia y más si el que el que está al otro lado de la pantalla tiene el oído atravesado por el análisis.

Este es el enfoque, psicoanalítico, que le he querido dar a esta historia. Cuyo guion en este caso es de película, pero el entramado psíquico de la mujer que lo protagoniza es mucho más común de lo que podemos pensar. Creo que estaremos de acuerdo en que es muy común ver como cada mujer tiene en su mente una cierta “Otra” con la que se compara, a la que quiere vencer, a la que intenta imitar, a la que busca suplantar, como la que quiere llegar a ser, con la que quiere completarse o a la que quiere desterrar.

Me atrevería a decir que muchas de nosotras hemos fantaseado con esa gran Otra, por ejemplo ¿Cuántas mujeres de las que conocéis que acaban de romper con sus parejas y se enteran de que su ex esta con Otra, o que descubren que su marido tiene una aventura, se embarcan en el traumático e imposible trabajo de saber quién es ella? En definitiva «la Otra», así, con mayúsculas, quien quiera que ella sea, es esa mujer imaginaria que señala que estamos incompletas y a la que atribuimos el poder de saber con precisión en qué consiste ser una mujer. ¿Cómo ser exactamente esa mujer que creemos que el hombre espera que seamos? Está claro que yo no lo tengo todo… Lo que a mí me falta seguro que es ella quien lo tiene. ¿Qué tendrá ella que no tenga yo?

Nuestra protagonista, Catherine, se nos presenta como una mujer desconectada de la sexualidad e incómoda con el goce que (la) provoca. Preocupada por el despertar sexual de su hijo con el que no mantiene una buena relación y atormentada por la posibilidad de que su marido le sea infiel. Guiño tal vez del director, su profesión es la ginecología y ante la confesión de anorgasmia de una de sus pacientes asevera que el orgasmo “es una contracción de los músculos, no tiene ningún misterio”.

David, el marido, tiene un papel secundario en la película (como lo suele tener el hombre en el triángulo histérico) profesor de música que se nos presenta en un primer momento dando una conferencia sobre Don Giovanni, cuyo protagonista es un Don Juan y que es, aquello de lo que le acusa su mujer: un seductor. Él siempre responde con “sólo soy amable”. Habría que preguntarle qué es para él ser amable porque durante la película se puede observar cómo esa amabilidad puede interpretarse como un coqueteo permanente con toda mujer con la que se encuentra a su paso intentando llegar a colmar los deseos de todas aquellas que le demandan. Pero eso lo dejamos para otro momento.

La trama surge cuando Catherine prepara una fiesta sorpresa de cumpleaños a su marido que en ese momento está trabajando fuera de la ciudad y que debería coger un avión que le llevaría a casa de vuelta esa noche. Pero David decide no cogerlo, mentir a su mujer y celebrarlo con los alumnos que habían asistido a la conferencia. Al día siguiente, con él ya en casa, ella con la mosca detrás de la oreja busca y encuentra lo que teme, una foto con una alumna que lleva el título de “gracias por anoche”.

Su marido está inmerso en su trabajo y rodeado de universitarias a las que no tiene problema en atender fuera de sus horas de trabajo. Su hijo adolescente está en pleno auge sexual y esto hace que la comunicación entre ambos sea complicada ya que ella aparece como incapaz de abordar este tema con él de una forma que no sea aséptica.
Catherine, presa de sus inseguridades y sintiéndose excluida como mujer, decide contratar los servicios de una prostituta de lujo y ofrecerla como un anzuelo a su marido para comprobar si él le es infiel: Chloe, quien en su rol de prostituta se entrega como objeto para ser usado, satisfaciendo al otro en sus placeres.

Como bien refiere: “Me puedo convertir en tu primer beso, o en un desplegable de Playboy que encontraste cuando tenías 8 años. ¿Soy tu secretaria o soy tu hija?”.
Convertir los sueños en realidad implica hacer verídicas las fantasías de sus clientes, y si de fantasías se trata, hablamos de un dejarse ubicar como objeto en el fantasma de cada uno: “Y entonces puedo desaparecer”, desaparecer subjetivamente ya que la misión ha sido cumplida, ergo ya no existo.

Por su parte, Catherine ubica en Chloe a aquella mujer que sabe cómo gozar, a aquella que tiene la respuesta respecto de qué es una mujer, pregunta cliché de la estructura histérica. Ambas se servirán mutuamente para darle paso a esta historia-histérica.

La respuesta de Chloe ante esta oferta es: “¿le eliges las mujeres a tu marido?” a lo que Catherine responde: “él no es el cliente”. Respuesta clave, porque es cierto, es ella la que quiere saber qué tiene que tener, a través de esa otra (Chloe) a la que no le falta de nada, que sabe exactamente lo que tienen que hacer para ser objeto de deseo.

Chloe acepta el encargo y quedan en verse en unos días después de que se produzca el primer encuentro con David, y así lo hacen. Cuando Chloe le cuenta a Catherine que conoció a su marido y que no pasó nada “solo fue amable”, acuerdan un par de encuentros más.

Catherine se arrepiente y cuando le va a comunicar a Chloe que ha decidido dejar esto, esta última le cuenta lo que quiere oír y pasa a hacerle el relato erótico de los supuestos encuentros sexuales con su marido, de esta manera Catherine encuentra la realidad que busca, que su marido le es infiel y que lo que es con Otra, que goza y que tiene la llave de su enigma.

Chloe no escatima en detalles en estos relatos eróticos, y una se pregunta: ¿por qué le miente? Podríamos pensar que ella ha decidido que se posiciona como aquella que hace realidad las fantasías que el cliente le encomienda, esa puede ser su forma de estar como mujer.

Frente a estos relatos, Catherine se siente dolida y traicionada, pero quiere más, pregunta incansablemente por los pormenores de sus encuentros sexuales produciendo en ella la excitación sexual en los que participa otra que no es ella. Esto ya lo señaló Lacan: la histérica suele ofrecer otra mujer al hombre y, muchas veces, esa es una condición para alcanzar el orgasmo; fantasear que él está con otra. La histérica se ofrece al hombre como si fuera otra, fantasía de la cual su marido no sabe nada: no sabe que él se acuesta con “otra”, esa que sabe lo que es ser una mujer.

En el segundo encuentro surge el encuentro sexual entre ellas, Catherine pregunta a Chloe “¿Cómo lo hace él, como te toca?”. Y es que, como dijo Freud y ahondó Lacan, la histérica no solo se pregunta por su ser de mujer, también se pregunta por su sexualidad: “¿soy hombre o soy mujer?”. Y para responder a estas preguntas se hace necesaria la intervención de “la otra mujer”. De ahí que el rol de esa “otra” sea tan determinante en la subjetividad de la histérica y su interés por ella puede llevarla, incluso, a seducirla, hasta el punto, inclusive, de tener un encuentro sexual.

Tras el encuentro, Chloe quiere seguir con la historia con Catherine, pero ella empieza a sentirse culpable, por lo que decide poner fin a la historia. Chloe que no lo admite, la chantajea con contarlo. Este encuentro hace que algo se movilice en Catherine lo suficiente como para querer destapar todo este entramado a su marido, cuando lo hace, el espectador se da cuenta al mismo tiempo que la protagonista de que nunca existieron esos encuentros entre su marido y la prostituta. A partir de ese momento ella es capaz de hablar con su marido de su miedo a no ser deseada por él.

No desvelo el final no por no destriparos la película, sino porque mi deseo con este artículo era hablar de esa “otra” que nos acecha, a la que buscamos incesantemente en las revistas, entre nuestras amigas, para la que nos vestimos, con la que hablamos cuando fantaseamos pensando que tienen la llave del saber y que muchas veces nos ofrecen una coartada estupenda para no hacernos responsables de nuestra historia y nuestra propia búsqueda para resolver nuestra particular forma de ser mujer.

 

Bibliografia:

– Egoyan, A (2009). Chloe. The Montecito Picture Company / StudioCanal / Outpost Studios.

– Freud, S. (1976). Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad. El delirio y los sueños en la «gradiva» de W. Jensen, y otras obras. En Obras completas, Vol. IX. Buenos Aires: Amorrortu.

– Lacan, J. (1984). La pregunta histérica (II). En Las psicosis. Buenos Aires: Paidós.

– Lacan, J. (1984). Dora y la joven homosexual. En La Relación de Objeto. Buenos Aires: Paidós.

– Michelena, M. (2007). La infidelidad. La Una y la Otra. En Mujeres Malqueridas. Madrid: La Esfera de los Libros.