Gerardo Arenas

 

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  • “…hacer que el psicoanálisis exista (…) no se logra en la intimidad del consultorio, sino que requiere del analista una presencia viva en la ciudad”.
  • “Si uno no hace nada, rápidamente todo deriva en el discurso del Amo”.
  • “…manifesté la necesidad de que el psicoanálisis deje de actuar defensivamente y pase a tomar la iniciativa.”

 

Gerardo Arenas, es psicoanalista en Buenos Aires y La Plata, miembro AP de la EOL y de la AMP, del Instituto Oscar Masotta y de Acción Lacaniana.

Ha publicado: Estructura lógica de la interpretación (Atuel, 1998), Usos de la interpretación en las psicosis (Rus­sell, 2001), En busca de lo singular (Grama, 2010), Los 11 Unos del 19 más uno (Grama, 2014).

Traductor de los siguientes textos de Jacques Lacan: El mito individual del neuró­tico, El Seminario 19 “…O peor”, El Seminario 6 “El deseo y su interpretación”.

Así mismo ha traducido los textos de Jacques-Alain Miller: Donc (Paidós, 2011), y El lugar y el lazo (Paidós, 2013).

 

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– Punto de Fuga: ¿Cuáles son los desafíos para las nuevas generaciones de psicoanalistas?

– Gerardo Arenas: Ante todo, el desafío de no pensarse como generación y el de no desatender los retos que siempre hemos afrontado (y aceptado) los psicoanalistas.

Pensarse como generación sería pensarse como hermanos, lo cual instauraría entre ellos un lazo cuya estructura lógica lo homologaría con el lazo que sostiene al padre en el lugar de la excepción (véase Tótem y tabú), y eso reproduciría el indestructible fracaso de la institución que Freud fundó hace un siglo.

Por otro lado, el mayor desafío para los analistas de hoy –como para los de ayer– es hacer que el psicoanálisis exista, o sea, luchar contra aquellas fuerzas que en el mundo vuelvan imposible su existencia. Esto no se logra en la intimidad del consultorio, sino que requiere del analista una presencia viva en la ciudad.

– Punto de Fuga: ¿Qué aconsejaría a los nuevos analistas, más allá del tríptico análisis-estudio-control?

– Gerardo Arenas:  Que sean irreverentes, que no endiosen a ninguno de los grandes nombres del psicoanálisis actual o pretérito, que mantengan, para con todos esos nombres, una buena dosis de transferencia negativa, indispensable para poder discutir con ellos, para criticarlos con respeto y, cuando sea posible, superarlos, sin perder de vista los principios en que se apoya la experiencia analítica.

Pero es importante que esa irreverencia no tome la forma que adquiere entre los científicos, ya que eso haría que los analistas perdieran a un tiempo lo singular y el sujeto –punto de partida y punto de llegada, respectivamente, de la experiencia analítica.

En psicoanálisis, la irreverencia debe conservar la tensión y la distancia de ambos puntos con lo universal. En resumidas cuentas, convendrá a los analistas mantenerse a distancia de la religión y de la ciencia, como siempre.

– Punto de Fuga: ¿Los futuros analistas deberían aportar algo diferente, o bien asentar lo ya construido?

– Gerardo Arenas: Criticar lo construido, asentar lo que supere la prueba, y aportar todo lo que puedan. En verdad, hay mucho por hacer.

– Punto de Fuga: ¿Qué características debería tener un analista para encajar en el cambiante mundo del siglo XXI, con todo lo nuevo que trae?

– Gerardo Arenas: Hay que entender que lo subjetivo no es lo singular, propio y exclusivo de cada uno. Al contrario, la subjetividad puede ser moldeada de manera más o menos homogénea en todos los individuos de un grupo, de una comunidad, de una cultura o de una época. La psicología ya ha aceptado ocuparse de hacer el trabajo sucio para el amo contemporáneo, y hay que reconocer que lo hace de maravillas.

El psicoanálisis, en cambio, va a contramano de ese moldeado, ya que su mira es la singularidad, y por eso lo mejor que puede hacer un analista es no encajar en el mundo donde vive, ser más bien su “contemporáneo”, en el sentido en que Agamben lee esta noción en lo “intempestivo” nietzscheano.

– Punto de Fuga: ¿Qué posición debe tomar el psicoanálisis frente al avance de las neurociencias como paradigma en salud mental?

– Gerardo Arenas:  Ante todo, conviene tener clara la distinción entre las neurociencias –un puñado de nacientes disciplinas en las que no faltan ni la seriedad ni el rigor del método científico– y las prácticas pseudocientíficas que las invocan para darse aires de validez. Con respecto a las primeras, el psicoanálisis debe estar atento a los retornos en lo real de todo aquello que toda ciencia forcluye: lo singular y el sujeto. En cuanto a las segundas, debe ser implacable a la hora de denunciar la impostura de sus cimientos.

– Punto de Fuga:  ¿Cuáles son, hoy, los principales obstáculos para la supervivencia del psicoanálisis?

– Gerardo Arenas: El obstáculo es siempre uno y el mismo: la supresión de la singularidad por parte del Otro. Según las épocas, eso puede tomar diversos modos. En la actualidad, los fenómenos de masificación (con o sin líder, religiosa o política…) y la acrítica idealización del discurso científico conspiran con el capitalismo para rozar esa supresión.

– Punto de Fuga: ¿Cómo preservar lo que es propio del psicoanálisis en una institución?

– Gerardo Arenas: ¡Interpretando analíticamente los síntomas institucionales y tratándolos de un modo consecuente con esa interpretación! Es una tarea sin fin, pero vale la pena emprenderla.

Por ejemplo: Una Escuela es una institución donde se interpretan analíticamente los efectos de grupo que son eliminables y se actúa en consecuencia. Se busca inventar soluciones en cada contingencia para arreglárselas con esa cosa.

Yo entiendo que para Lacan el discurso del Amo no solamente era el más antiguo sino que era el fundamental, en el sentido en que, en la física por ejemplo, se habla de los estados fundamentales de un núcleo atómico: El estado fundamental es el estado de más baja energía. Cualquier excitación lleva a eso a otros estados pero, si nada sucede, tarde o temprano vuelven al estado fundamental. Yo pienso que los otros discursos son discursos que requieren de una excitación constante. Si uno no hace nada, rápidamente todo deriva en el discurso del Amo.

El último discurso me parece el discurso analítico. Tiene para eso el dispositivo de la Escuela que es una manera de evitar que se caiga en ese estado fundamental que es el discurso del Amo, que es el natural. El discurso analítico requiere de una excitación constante, de un trabajo constante. Por eso digo que es un trabajo que no termina nunca y que vale la pena hacer.

– Punto de Fuga: Si todo sigue como ahora, ¿qué lugar imaginas para el psicoanálisis dentro de veinticinco años? ¿Está acaso destinado a jugar con las piezas negras del ajedrez?

– Gerardo Arenas: Debo distinguir aquí, en el psicoanálisis, dos posiciones. Una, mayoritaria, es la de los analistas que aún no han captado las implicancias de la enseñanza de Lacan, y otra, minoritaria, es la de quienes adoptamos la orientación lacaniana. La primera parece aprestarse a consumar un suicidio en masa por su alianza con el amo moderno. Si sigue como ahora, tal vez termine como Pirro… Esto no fortalecerá la segunda posición, pero puede cambiar la idea que del analista se hace la sociedad.

Una vez aclarado este punto, imagino que el psicoanálisis conservará el lugar incómodo que siempre tuvo y que está destinado a tener. Probablemente ese lugar sea más visible que hoy y, por eso mismo, esté más expuesto a los embates de aquellos discursos que se le oponen.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, estimo que ha comenzado a producirse un cambio. Durante la gran conversación que tuvo lugar al cierre del congreso de Buenos Aires en 2012, manifesté la necesidad de que el psicoanálisis deje de actuar defensivamente y pase a tomar la iniciativa. Es otro modo de expresar la inquietud que motiva la pregunta que usted me ha planteado. En América, de hecho, los observatorios –creados en 2014 por la FAPOL– tienen vocación de jugar con las piezas blancas.