“Indigno de ser humano” de Osamu Dazai.

Por Cristina Vírseda.

 

portada libro

 

Desde pequeño me han dicho muchas veces que soy afortunado; pero mis recuerdos son de haber vivido en el infierno. Esos que me tildaron de dichoso, al contrario, parecen haber sido incomparablemente más felices que yo“.

Y yo como no tenía la menor idea de cómo actuar respecto a esa verdad; comencé a pensar que no me era posible vivir con otros seres humanos. Por eso no podía discutir ni defenderme con nadie. Siempre me había dado miedo la gente y, debido a mi falta de confianza en mi habilidad de hablar o actuar como un ser humano mantuve mis agonías solitarias encerradas en el pecho y mi melancolía e inquietud ocultas tras un ingenuo optimismo”.

 

La lucidez de Osamu Dazai, escritor japonés ya fallecido, con respecto a la melancolía y el título escogido para su obra, al menos en su edición española, no es sino el postulado de la misma. Postulado de indignación y autorreproche.

Durante una época trabajando en los servicios sociales municipales pude observar a algunos sujetos en esa posición, en una posición de desecho, vencidos por la vida, por las adicciones, por intentos de suicidio, por un sentimiento indigno de estar vivo.

El título de la novela me llamó poderosamente la atención “Indigno de Ser Humano“, e inmediatamente pensé en la melancolía, melancolía causada por la “hemorragia libidinal” que sufre el protagonista. Freud allá por 1915 [1] dirá que en la melancolía se trata de un estado de ánimo profundamente doloroso, una pérdida de interés por el mundo exterior, la perdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio.

La lectura de la novela me apasionó, el protagonista, Yozo describe con una claridad y crudeza extraordinarias el sentimiento que desde niño embarga su ser; un sentimiento caracterizado por la vergüenza y la indignidad que le genera el hecho de existir. Si bien hay algo de la tristeza que compartimos los humanos en determinados momentos de la vida, algo del hecho de ser seres de lenguaje nos deja desamparados, la tristeza de Yozo va más allá; la suya no está articulada a la vía del deseo. Por eso el personaje me conmueve.

Me pregunté: ¿Por qué habrá escogido la obra de Dazai la traductora? Dazai tiene un enorme prestigio en Japón, es leído y admirado por la juventud japonesa, algo de su historia conecta con los hikikomori, esos jóvenes que se encierran en sus casas dejando el tiempo pasar, aislados en sus cuartos, rasgo melancólico sin duda. Yozo, el protagonista de la novela también vive una vida de desolación y de aislamiento. Hay “mangas”, basados en la vida del personaje, también bloggers que hablan de él. Mi curiosidad fue en aumento.

Osamu Dazai, fue el décimo hijo de una familia acomodada; ¿Qué lugar vino a ocupar este sujeto en el deseo de la madre después de haber tenido nueve hijos que le precedieron? Este décimo hijo intentó suicidarse cuatro veces. Intenta tratar su melancolía, su dolor de existir con morfina, con alcohol, fue desheredado por su familia por mantener una relación de bajo rango, con una gheisa.

Yozo, el protagonista de la novela, como si de una repetición se tratara, revive, calca las hazañas del autor: Proviene de buena familia, mantiene relaciones con mujeres de inferior categoría, prostitutas; es desheredado; consume todo tipo de sustancias; se rodea de mujeres más frágiles que él; y se intenta suicidar cuatro veces, hasta que al final lo consigue. La novela sin duda contiene datos autobiográficos. Esta novela es la crónica de una muerte anunciada. Desgraciadamente a Dazai su escritura no le funcionó.

A lo largo del relato se observa que el sujeto desde muy temprano está fuera del mundo, se siente extranjero, es un ser profundamente infeliz, intenta a través del humor rellenar algo de ese vacío haciendo reír a otros, también dibuja. Intenta tratar la ferocidad de su superyó por medio del humor y las caricaturas; ambas actividades le alivian muy ligeramente del sufrimiento que lo invade, pero no logra sostenerlo por mucho tiempo.

Como dice Lacan, el humor es el “tránsfuga del superyó”, pero en este caso, el superyó de Dazai es un superyó sin fisuras. Los intentos de autotratamiento fracasan en el escritor.

Si al menos hay que reconocer a Dazai el enorme esfuerzo sublimatorio, exitoso en la medida que es reconocido como un gran escritor traducido a 20 lenguas diferentes y fracasada por otra, y en la medida que su escritura está pegada a su pathos y no acaba de constituirse en suplencia, acabando en suicidio. El alcoholismo, la tristeza infinita y el extravío que lo capturan lo alejan del camino de una posible estabilización. Pulsión de muerte en toda su magnitud, hemorragia libidinal, en su máxima expresión.

 

Bibliografía:

– Freud, S. (2007). Duelo y Melancolía. En Obras Completas. Tomo 2. Madrid. Biblioteca Nueva.

– Dazai, O. (2010). Indigno de ser humano. Barcelona: Sajalín.

– Lacan, J. (2002). Kant con Sade. En Escritos 1.  Buenos Aires: Siglo XXI.