La vida en palabras

Por Jesús Rubio Campuzano.

 

Una adolescente en la India camina por un lodazal, porta a su hermana en brazos y su historia se clava en sus carnes como sus perniles agujas en el fango. Vive al norte de la ciudad de Varanasi, en el epicentro del valle del Ganges. Lugar sagrado de dioses budistas e hindúes. Allí, como en el resto de la tierra, los mitos y leyendas marcan la ley en el devenir de la humanidad, y dios tira los dados.

Este es el caso de Jyoti y su familia, pertenecientes a una de las clases mas marginales de la India, los dalits, también llamados los intocables. Para hacernos una idea de estas personas, en la pirámide social de castas, esta clase tendría menos estatus y reconocimiento que un siervo o un esclavo. La mayoría de las veces, este colectivo es tratado como animales y sus labores suelen ser marginales, y establecidas por las clases dominantes.

Narra una leyenda que esta es la vida que les ha tocado pagar. Caro es el precio y la deuda contraída. Cuenta el mito que, en el origen de los hombres, los dioses entregaron a sus antepasados un caballo y una herramienta. Entonces, uno de ellos hizo dos huecos, con nombrado utensilio, al animal para no caerse en su monta. Dicho acto ofendió tanto al dios Parmeshwar que, como castigo, convirtió a él y a su familia en comedores de ratas, musahar, literalmente “buscadores o cazadores de ratas”, acto que realizan mientras cultivan los campos de arroz y como subsistencia personal.

Curiosamente, la palabra hindú musahar, comparte lexema con la palabra inglesa mouse, que forma parte de nuestro imaginario infantil, aquellas tan divertidas historias de los ratones Mickey y Minnie. Incluso esta palabra, mouse (en castellano ratón), se convirtió en cotidiana, desde finales del siglo pasado, cuando le tuvimos que abrir las puertas de nuestra casa como el fiel acompañante de nuestro teclado y ordenador, claro está, con su correspondiente inscripción simbólica en el mundo informático. Las palabras abren su curso, cambian su forma y su significado, evolucionan, cambian las lenguas, algunas hasta desaparecen, pero no parece que estos cambios hayan servido para un mundo más digno y más esperanzador.

En castellano tenemos palabras con similar procedencia. Una, por ejemplo, sería musaraña (del latín <MUS ARANEUS), mamífero pequeño que inocula su veneno a sus víctimas dejándolas paralizadas, de ahí su nombre. También conocida es la expresión de despistados alumnos cuando el profesor se dirigía a ellos diciendo “ponte a atender y deja de mirar a las musarañas”. Otra sería murciélago (del latín <MUS, MURIS CAECULUS) literalmente “ratón ciego” que, si bien no lo es del todo, cierto es que se ayuda de sus sonidos y reflejos acústicos en su vuelo nocturno. Por su homofonía podría confundirse con “ratón del cielo”, si bien es el único mamífero capaz de volar.

Sabemos, como destacó Lacan en su desarrollo del inconsciente, que entre el sujeto y su construcción hay una relación previa con la palabra, con el significante. El significante es previo a él y por eso lo determina. Lo marca, deja su impronta, hace signo en él. Sorprende la variedad de culturas, religiones, trabajos, ocios y sin fin de ejemplos más, todos ellos atravesados por esta relación cuyo eje común y sostén es la palabra. Esta, aparentemente insignificante, determina a las personas, habita al sujeto desde su nacimiento y lo atrapa en su inscripción de lenguaje.

Las palabras sirven para nombrar y comunicarnos; no son impasibles, como hemos comprobado. Desgraciadamente, el peso de las mismas, su uso político y jurídico se emplean para asentar los abusos de poder. Preocupante es que el mayor enemigo para la emancipación de las personas sean las mismas personas y sus estructuras jerárquicas. Por ejemplo, continuando con el trágico destino de estas familias de Kapil Dhara, si ya de por sí, la marca legendaria es opresora, el nacer mujer lo determina aún más en esta supervivencia. El nacimiento de una hija implica pagarle al marido una dote que económicamente las familias no se pueden permitir. Muchos padres optan por asesinar a sus hijas al nacer. En el caso de familias de superior casta, el drama pasa por poder saber el sexo del feto con una radiografía y poder abortar.

En este oscuro designio van surgiendo movimientos femeninos que abren una hendidura de esperanza. Una clara demostración es que las mujeres de la aldea de Kapil Dhara han generado un sistema de microcrédito. Este consiste en ahorrar dinero y cuando ven algún proyecto laboral en su comunidad, lo prestan al 2% cuando los bancos prestan al 10%. En el caso de las entidades financieras, cabe nombrar que estas personas quedarían excluidas de este intercambio por su pobreza. Esta clase de colaboración de crédito les permite comprar animales y fabricar objetos para su posterior venta.

Otro ejemplo de emancipación es el ocurrido en la aldea de Gaura Kala donde viven 120 mujeres. Este grupo empezó como sus vecinas y ahora ya llevan las cuentas en sus libros de contabilidad. El paso más destacable, en estas mujeres de vestimenta azul, es la creación de un grupo de presión. La labor principal de dicha asociación es ir a solicitar trabajo a la puerta de los responsables empresariales y políticos para hacer pozos, canalizaciones y mejoras urbanísticas. Pero su valentía no queda aquí. En caso de maltrato, estas mujeres se personan en la puerta de la casa y advierten al hombre que a su compañera “ni un golpe más”.

Movimientos como los de las mujeres de Kapil Dhara y Gaura Kala demuestran que en lo referente a la emancipación y la defensa de los derechos humanos no está, ni mucho menos, ni todo dicho ni todo hecho, y que cada lucha, ya sea en el plano individual o colectivo, cuenta.

Si Jacques Lacan anticipó la caída del nombre del padre y con ella la declinación de la imago paterna en el entramado social y sus consecuencias en el mundo contemporáneo. Este caso bien sería, como dice Jacques-Alain Miller, una suma más de la feminización de la humanidad, de la virtud femenina y su hacer cotidiano.

 

Notas:

Este artículo fue creado a partir de la lectura de la siguiente noticia. Sánchez, J. L. (2013). La dignidad de los come ratas. Sitio web: https://www.eldiario.es/desalambre/dignidad-come-ratas-Varanasi-India_0_184081654.html