Lo Real: 1.971 – 1.976

Por Jonathan Rotstein.

 

Para mi mujer J.Z. por la generosidad de su amor y por la valentía de su deseo.

 

“Es necesario diferenciar las cosas:

Lo que siempre existe sin haber nacido,

y lo que siempre está comenzando sin jamás llegar a ser”

Platón.

 

Preliminares:

El presente artículo encuentra su eje en el nudo borromeo que Lacan comienza a desplegar en el Seminario 19, “…O Peor”, hasta la llegada (explícita) del cade-nudo en el Seminario 23, “El sinthome”.

Queda pendiente para un futuro desarrollar todo lo que a partir del cade-nudo se abre y que, a nuestro juicio, constituye el tramo verdaderamente final de su enseñanza, aquel denominado como la ultimísima enseñanza.

El interés que el nudo borromeo despertó en Lacan es tan profundo e incuestionable que este periodo nos ofrece una excelente oportunidad para comprobar si la tríada conceptual que nuestro segundo artículo puso de relieve sigue, o no, vigente.

Recordemos que la tríada conceptual es la compuesta por referente, estructura y negación conformando lo que, creemos, es una lógica interna subyacente al pensamiento de Lacan.

A nuestro juicio no sólo lo hace sino que, mediante el nudo, lo realiza de un modo mucho más preciso y articulado. Quedará, sin embargo, en manos de cada lector resolver esta cuestión.

 

Introducción:

Al finalizar el Seminario 18, “De un discurso que no fuera del Semblante”, encontramos a un Lacan que, tras haber anunciado la inexistencia del Otro, dirige sus reflexiones en torno al descubrimiento del Uno y las consecuencias que, a partir de él, se derivan para el conjunto del psicoanálisis en donde los estatutos mismos de Sujeto e inconsciente están en juego. Como veremos, es siendo guiado por el nudo que Lacan llegará a postular al primero como Parlêtre y al segundo como real.

En este sentido, si bien las definiciones que, en este periodo, Lacan ofrece acerca de lo real son muchas y variadas, pensamos que, en general, todas ellas convergen hacia un mismo punto: El nudo borromeo.

Esto queda plasmado con sólo ver las nuevas definiciones que Lacan incorpora a lo largo de estos años respecto de qué es lo real:

El número 4 (Seminario 19), un impasse en la formalización, el misterio del inconsciente (Seminario 20), el número 3 cardinal, lo que tiene a la lógica como ciencia (Seminario 21), lo impensable, lo común a la consistencia, la ex–sistencia (Seminario 22) y el sinthome (Seminario 23).

Sin embargo, la limitación de espacio que el presente artículo impone no nos permitirá dar de ello sino una muy breve indicación. En consecuencia, centraremos el desarrollo de este trabajo en todo lo que, a nuestro juicio y en relación con lo real en esta época, conduce a Lacan a postular al nudo borromeo como dispositivo prínceps.

 

A) El agujero es el referente situado por el nudo.

La cadena significante está rota: S2 no opera sobre S1 más que una ficción, una elucubración, que sólo toma asiento por la dimensión imaginaria. Sin embargo, la cadena significante sigue siendo un hecho constatado por la experiencia.

Recordemos que la (mal llamada) libre asociación de ideas vincula las palabras entre sí según las leyes gramaticales del lenguaje. Recordemos, asimismo, que estas leyes gramaticales son situadas por Lacan dentro del eje metonímico del lenguaje. Es por este motivo que denominaremos a dicho enlace metonímico.

De manera que si hasta ahora las palabras (tanto como el sentido y el objeto a causa del deseo) eran vehiculizadas en la cadena discursiva por los procesos metafórico y metonímico ¿cómo se realiza el enlace significante cuando, a tenor del Haiuno, no existe cópula significante?

La respuesta a esta pregunta Lacan la encontrará en el nudo borromeo.

Así, mediante la creación de la frase “Te demando / que rechaces / lo que te ofrezco / porque no es eso” Lacan muestra cómo dicha cadena significante queda borromeanamente anudada a través de los verbos (que, tengamos en cuenta, es lo que nunca puede elidirse de una función) por lo que si suprimimos cualquiera de esos verbos el sentido de la frase se desvanece (encontrando aquí un cierto eco “En el principio era el verbo” de San Juan).

Es por esta vía que el enlace borromeo sustituye al enlace metonímico como procedimiento mediante el cual una cadena de significantes libres puede subsistir y crear sentido.

Pero detengámonos un momento ¿qué supone aplicar el nudo borromeo al enlace significante? En primer lugar, supone tomar en consideración las tres caras del significante: La cara simbólica, la cara imaginaria… Y la cara real.

Sin embargo, el proceder discursivo opera el algoritmo significante enlazando dialécticamente (tan sólo) los registros simbólico e imaginario, mientras que lo real figura únicamente bajo el signo de la barra que los separa como muro infranqueable del lenguaje.

 

Algoritmo con 2 enlaces

 

Es decir, en el enlace metonímico las posibilidades de enlace son sólo dos: De simbólico a imaginario (cuyo producto es el significante) o de imaginario a simbólico (cuyo producto es el símbolo).

Pese a quedar fijado en medio, lo real tiene una importante función en esta corriente de palabras puesto que, en la medida en que separa ambos registros, lo real no sólo asegura los límites que las consistencias simbólica e imaginaria precisan sino que, por ello, establece un acuerdo entre ambas.

Ahora bien, respecto del registro real ¿sucede lo mismo si el enlace entre palabras, en vez de metonímico, es borromeo?

 

B) La consistencia es la estructura situada por el nudo.

El enlace borromeo transforma el estatuto del decir y lo hace por el siguiente motivo:

En tanto la cadena significante incorpora lo real exactamente al mismo nivel operativo que lo simbólico y lo imaginario, el decir queda conceptualizado como acontecimiento.

Esto supone que las posibilidades de enlace ya no se dan solamente entre dos (de los tres) registros sino que lo hace, por igual, en todos ellos. Es esta la causa que conduce a Lacan a homogeneizar, en el sentido de equiparar, el peso que, para el nudo, tienen los tres registros.

Entonces, el decir como acontecimiento traduce el enlace borromeo entre significantes en donde lo real, al tener consistencia propia, permitirá, a su vez, ofrecer una consistencia al significante como nudo.

Siguiendo por esta pendiente Lacan tratará el nudo como escritura lo que, notémoslo, permite inscribir lo real pero, paradójicamente, lo hará bajo la modalidad lógica de la imposibilidad: Lo que no cesa de no escribirse.

Esta aparente contradicción se resuelve si consideramos que lo real como imposible es escrito, sólo que, como contingencia: Se escribe de no escribirse.

Hecha esta salvedad, lo real permanece funcionando, en el nudo y por el nudo, como la imposibilidad de escribir un acuerdo entre significantes (lo que desvirtúa el anterior pacto metonímico) donde, como no hay relación sexual, lo que hay es el Uno del significante operando solo, frente al agujero, a través del enlace borromeo.

No obstante, el enlace borromeo articulado sobre la cadena significante no agota la cuestión ya que, para poder enlazar significantes, el enlace borromeo precisa del enlace entre registros y, como hemos visto, las posibilidades se multiplican hasta seis consiguiendo seis maneras de decir, dependiendo cómo se ordenen los registros:

Simbolizando lo Real de lo Imaginario, S.R.I., Realizando lo Imaginario de lo Simbólico, R.I.S., etc.

Sin embargo, en cualquiera de estos modos del decir hay algo que permanece idéntico: El agujero central que la consistencia del nudo circunscribe.

Este es un punto capital que, para lo que vendrá, debe retenerse:

Cuando Lacan en su Seminario 21, “Los no incautos yerran”, pase a considerar el nudo borromeo no sólo como enlace entre significantes sino como enlace entre registros, el estatuto del agujero variará y lo hará desde lo real hasta lo simbólico.

¿Qué quiere decir que el agujero tiene estatuto simbólico? Quiere decir que el agujero es un efecto de lo simbólico. Veámoslo con más detalle:

Parece lógico considerar que, en la medida en que el decir como acontecimiento (que la cadena significante vehiculiza) se encuentra borromeanamente anudado, el agujero que resulta del enlace borromeo adquiere consistencia propia. En otras palabras:

Ya no se trata del agujero que cada registro alberga en sí, sino del agujero central que resulta del enlace que cada registro (agujereado) mantiene con los otros dos registros (también agujereados).

De manera que el nudo, al producirse, ofrece una consistencia propia al agujero central pero, por lo mismo, la consistencia del nudo es situada por el agujero central revelando, de este modo, su mutua interdependencia.

Pese a todo, no debemos perder de vista que lo simbólico gira en torno al agujero, de manera que el agujero funciona como referente para lo que el devenir simbólico estructura como consistencia. En este sentido el Toro ofrece una ilustración ejemplar.

Ahora bien, pese a que la consistencia está afectada por lo imaginario (ya que la imagen, en sí, siempre ofrece algo unido), la consistencia del nudo es real.

Esta dialéctica entre agujero y consistencia conducirá a Lacan a replantear el estatuto que, hasta entonces, venía dando al agujero hasta afirmar que no todos los agujeros son iguales, existiendo, al menos, dos tipos diferentes: Los agujeros verdaderos y los agujeros falsos.

¿Cómo llega Lacan a postular esta división? Acentuando el hecho de que un agujero supone, ante todo, su atravesamiento. Pensémoslo mediante un sencillo ejemplo: Una ventana que no permitiese a la luz o al aire proveniente del exterior llegar hasta el interior de una habitación ¿serviría para algo, más allá de lo estético?

Tal como vimos en nuestro primer artículo, es por articulación fálica que los registros son agujereados sólo que, ahora, el goce fálico relevará al objeto a como lo que agujerea lo real.

Así las cosas, para disponer de un agujero verdadero no sólo es necesario que lo simbólico gire a su alrededor sino que, además, el Falo debe atravesarlo. Es por esta función de atravesamiento en los agujeros que Lacan (cuando en el Seminario 22, “R.S.I.”, pase a considerar los registros liberados unos de otros) operará su anudamiento por una cuarta consistencia… Real.

Sin embargo, atengámonos ahora a la consideración de los espacios que, por el calce de los registros “dos a dos” se produce y que (con motivo del desplazamiento que Lacan realiza a lo largo de su enseñanza respecto del estatuto del inconsciente) pasaremos a enumerar siguiendo el “Esquema RSI” cronológicamente en el sentido de las agujas del reloj:

 

Esquema RSI modificado2

 

Primero, producto del enlace entre imaginario y simbólico emerge el campo del sentido (donde el significante produce significación).

Después, resultado del enlace entre simbólico y real surge el campo del goce fálico (donde el significante provoca goce).

Por último, si bien este es el primer estadio temporal, a raíz del enlace entre real e imaginario acontece el campo del Goce del Otro (donde, al no haber significante como tal, se sitúa el inconsciente como real).

Ahora bien, al tratarse de un enlace borromeo, ningún redondel atraviesa el agujero de los restantes por lo que la consistencia de dicho enlace reposa, también, en el redondel que, por este calce “dos a dos”, permanece excluido. Es decir:

La consistencia de estos espacios de intersección depende, asimismo, de la consistencia del conjunto del nudo. Esto, además, permite al nudo subvertir el principio de no contradicción (propio de la cadena significante) haciéndolo virar desde la disyunción “O… O…” hasta el “Y… Y…” correlativo de la imposibilidad.

De ahí Lacan deducirá cuáles son las condiciones exigibles que, a nivel del nudo, se hacen necesarias para que, en cada campo, se pueda producir el efecto que le es propio en tanto producto de la intersección:

El efecto de sentido precisa excluir a lo real, el efecto de goce a lo imaginario y el efecto de no-relación a lo simbólico.

Es en este último efecto donde Lacan situará el estatuto mayor de lo real para el Sujeto que, ahora y por efecto borromeo, quedará convertido en Sujeto como acontecimiento: El Parlêtre.

 

C) La ex–sistencia es la negación situada por el nudo.

Precisamente es en este campo del Goce del Otro, que no hay, donde Lacan localiza el agujero primordial en relación con el orden simbólico (efecto de no-relación provocado por el Otro del Otro del cual, como no existe, es imposible gozar).

En este sentido, vemos cómo el estadio del espejo sigue siendo para Lacan un apoyo constante en su pensamiento: Cuando el infans es confrontado por primera vez con su imagen ¿qué nos dice Lacan que sucede?

Sobreviene un acontecimiento:

El infans, girándose hacia su madre o padre, obtiene la confirmación de que eso que está frente a él, fuera de él, es él mismo. De esta manera el infans es nombrado para ser el otro, el del espejo.

Notemos de paso cómo, en esta experiencia, ya se dibuja el desdoblamiento de la función paterna que Lacan operará a partir del Seminario 21:

Antes que el Nombre del Padre (que, como el número, simbólico, ordinal, conlleva un ordenamiento en torno al Falo) está el Padre del nombre, esto es, el Padre como nombrante (que, como la cifra, real, cardinal, no supone ordenamiento alguno).

Tengamos en cuenta que esta imaginarización de lo real se produce en un momento donde, para el infans, todavía no hay Otro constituido como tal, es decir: En esta relación primaria con el espejo lo simbólico es excluido del enlace que, entre real e imaginario, se produce.

Esta exclusión (incipientemente borromea) conlleva un nuevo tipo de negación que incluye a lo real (en este sentido podríamos hablar de negación como acontecimiento, es decir borromea) que Lacan traducirá mediante el empleo del término ex–sistencia.

Si bien se hace mención a la ex–sistencia al final del Seminario 20, “Aún”, no será hasta el seminario siguiente cuando esta noción empiece a cobrar verdadero relieve operativo.

Podríamos decir que la ex–sistencia es al nudo lo que la negación (simbólica) de lo real operaba en el enlace metonímico de la cadena en donde, como hemos visto, el sentido producido por el enlace entre simbólico e imaginario se realizaba a costa de excluir lo real, es decir:

El sentido, para soportarse, precisa hacer ex–sistir lo real.

 

ex-siste al sentido, lo R.

 

Del mismo modo, el goce fálico implica y traduce la ex–sistencia de lo imaginario, mientras que el Goce del Otro lo hace respecto de la ex–sistencia de lo simbólico.

 

Palabras finales:

Si bien el nudo borromeo despeja un rumbo nuevo para el psicoanálisis permitiendo repensar (bajo el prisma inaudito que incorpora lo real) muchos de sus conceptos, ahora quisiéramos dejar señaladas algunas novedades que harán acto de presencia en el Seminario 24, “Lo no sabido que sabe de la una-equivocación se ampara en la morra”, donde:

Lacan transformará los estatutos dados al inconsciente y lo real hasta hacerlos converger, respectivamente, con la una-equivocación (debido a su posicionamiento borromeo entre real e imaginario) y el alma-a-tres que, mediante un forzamiento homofónico en francés, conjuga la materia con lo tercero.

 

Bibliografía:

– Lacan, J. (2012). …O peor. Buenos Aires: Paidós.

– Lacan, J. (2008). Aún. Buenos Aires: Paidós.

– Lacan, J. Los no incautos yerran. Inédito. Versión de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Sitio web: http://www.bibliopsi.org/docs/lacan/26%20Seminario%2021.pdf

– Lacan, J. R.S.I.. Inédito. Versión de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Sitio web: http://www.bibliopsi.org/docs/lacan/27%20Seminario%2022.pdf

– Lacan, J. (2006). El sinthome. Buenos Aires: Paidós.