Lo real: 1.964 – 1.971

Por Jonathan Rotstein.

 

Para J.Z. por marcar el valor de la diferencia.

 

Encontraremos una forma o construiremos una

Aníbal Barca.

 

 

Preliminares: Referente, estructura y negación.

Éstos son los términos escogidos para mostrar el conjunto de cambios que, respecto del estatuto de lo real, se despliega en la obra de Lacan desde su Excomunión hasta el comienzo de su última enseñanza con el hito que supone la publicación, en 1972, del Seminario “…O Peor”.

Tríada conceptual, de amplia aplicación, nos guiará a lo largo de un período en el que, partiendo del goce femenino, deberemos arribar hasta el uno-en-más lo que nos obligará a mostrar, dentro de los límites que estas escasas páginas permiten, el camino que llevó a Lacan a postular la inexistencia de relación sexual.

En este sentido, conviene situar esta segunda gran etapa de su enseñanza como la que conduce de lo simbólico a lo real, del Complejo al Mito, del Significante al signo, de lo gramatical hasta lo agramatical, de la dualidad sexual al no-todo, de la dialéctica a la ausencia de relación y de la existencia a la inexistencia siendo, en definitiva, el período en el que Lacan pone el guante del revés.

 

Introducción: El Falo como referente y el Otro como estructura.

Es del referente que nace la estructura tal y como, por ejemplo, podemos ver en la primera enseñanza de Lacan cuando postula que a raíz del Falo surge el lenguaje, siendo la estructura, entonces, un efecto del referente.

Esto implica que no hay estructura posible sin referente tal y como, de un modo general, ponen de relieve las psicosis en donde la forclusión opera como una instancia a través de la cual algo deja de ser afirmado en la red significante (constituyéndose, así, en el mecanismo simbólico más radical de la negación).

Entonces la negación, que la forclusión conlleva, tiene como consecuencia la no articulación entre referente y estructura. Articulación que la Neurosis asegura por la Bejahung que, en tanto juicio de atribución, marca y localiza un punto de partida para la estructura: El reconocimiento del Falo.

Es de esta manera, y hasta el gran cambio que el Seminario 19 implica, el modo en que referente y estructura se articulan, según advenga, o no, la afirmación fálica.

De modo que, si el referente es previo a la estructura, será en el referente, pues, donde debamos ir a encontrar los avances producidos en la enseñanza de Lacan respecto de lo real.

Ahora bien ¿La estructura cambia inmediata y correlativamente a la par que el referente? Como veremos este cambio en la estructura afectará de manera gradual, pero constante, al estatuto que Lacan irá acordando al Otro el cual pasará de ser el soporte del inconsciente (tal y como suscribe el aforismo el inconsciente es el discurso del Otro) hasta dejar de existir.

 

A) Seminarios -1 a 11: La distancia real.

Antes de adentrarnos en el período que se abre con el Seminario 12 (en donde Lacan explicitará que, a partir de entonces, deberá hacer elecciones decisivas respecto de lo real) convendrá tomar en consideración la importancia que S(Ⱥ) tiene para la articulación que, hasta esa fecha, mantiene el referente con la estructura.

En lo fundamental, en esta primera época, Lacan marca un viraje en el estatuto del Otro que antecede a los cambios que, para el propio estatuto del Otro, supondrá la sustitución del Falo por el objeto a como referente: Es el viraje esencial que inicia el Seminario 4 cuando el Otro aparece agujereado; Ⱥ.

Este agujero (si bien después advendrá la maniobra significante destinada a taponar, en la medida de lo posible, su real hasta convertirlo en la falta de significante, S(Ⱥ), sin la cual ninguna Neurosis puede establecerse) es el Falo quien lo produce.

Así, Lacan irá prestando cada vez más atención a la distancia real habida entre el agujero, Ⱥ, y su significantización, S(Ⱥ), por cuanto si la sutura simbólica del agujero real fuese completa ello supondría un lenguaje clausurado, cerrado sobre sí mismo, no pudiendo darse, en consecuencia, ninguna formación del inconsciente (al menos tal y como la lectura del retorno a Freud promueve). Es decir, dicha sutura supondría la existencia de un Metalenguaje que, en tanto lenguaje-objeto, ofrecería una adecuación perfecta del Significante sobre lo real.

Este nominalismo, evidentemente, es frontalmente rechazado por Lacan, entre otras cosas, por la constatación clínica que el goce femenino pone de manifiesto.

 

B) Seminarios 12 a 15: Del Falo como referente al objeto a.

Problemas cruciales para el psicoanálisis” es el Seminario donde Lacan situará la maniobra final destinada a sustituir el Falo por el objeto a como referente en la estructura. Estructura que, recordemos, es el lenguaje en tanto soportado por la cadena S1-S2.

Si anteriormente el objeto a había sido puesto en causa a raíz de la división subjetiva (primero como Das ding imposible de reencontrar, después como partes perdidas del cuerpo propio y, finalmente, como objeto del fantasma), ahora Lacan irá trasladando su interés respecto de las relaciones que el objeto a mantiene no tanto con el Sujeto sino con el Otro hasta llegar a afirmar que aquello que cae del Otro, lo que le falta, lo que lo agujerea, ya no es el Falo sino el objeto a.

¿Cómo llega Lacan a esta conclusión? Observando que el producto de la diferencia sexual no es el Falo, tal y como la lectura freudiana propone, sino el objeto a (en tanto traduce la disimetría fundamental que la singularidad absoluta del Sujeto mantiene respecto de cualquier verdad). Este paso, excepcional, quizás pueda intuirse mejor a través del siguiente ejemplo:

Si en el centro de una hoja de papel recortamos un disco que, después, volvemos a colocar sobre el agujero realizado ¿Obtenemos la misma hoja?

Freud, por cuanto considera a la mujer como varón castrado, vendría a responder afirmativamente, mientras que Lacan, para quien el corte siempre supone una pérdida, no.

Ahora bien, tengamos en cuenta que si el objeto a es real, entonces, este real relativo a la diferencia (que, observemos, es de donde surge la estructura), contrariamente a lo que sucedía con el Falo, ya no puede ser inscrito por el lenguaje.

Este es uno de los motivos por los que, en lo relativo al sexo, se produce una hiancia en el saber ya que nada que sea anterior al advenimiento simbólico del Otro puede ser leído (puesto que el Falo constituye la clave de todo cuanto es posible cifrar). En consecuencia el saber, que el inconsciente alberga, encuentra un límite.

Esta promoción del objeto a como referente en la estructura traerá aparejada otra notable consecuencia que Lacan iniciará en el Seminario 14 y que, a la postre, será el antecedente conceptual del no-todo y la lógica que articula: El tercero excluido.

Si hasta entonces el Falo permitía localizar las posiciones subjetivas, como siendo macho o hembra, a partir de ahora Lacan situará entre ambas un nuevo agujero real que la famosa díada sexual propuesta por el lenguaje vela mediante la exclusión de toda otra posibilidad entre ambas posiciones, cada una de las cuales se vendría a afirmar como siendo o implicando la negación de su contraria: “Macho” y “No-Macho” o lo que podríamos traducir en Freud, siguiendo una gramática de lógica aristotélica, como siendo “Falo” y “No-Falo”.

Frente a esta lógica, sin embargo, Lacan tomará en consideración la inexistencia en el inconsciente del principio de no contradicción (por el que algo no puede ser afirmado y negado al mismo tiempo) lo que le servirá para poner de relieve la figura del tercero excluido haciendo, de este modo, caso omiso del principio de no contradicción que el nivel gramatical de la conciencia exige.

Notemos que ahora, y a diferencia de su primera época, para Lacan la afirmación “Tú eres mi mujer” ya no asegura saber como consecuencia “Yo soy tu hombre”.

Debido a esta hiancia del saber en lo relativo al sexo Lacan deducirá que el macho y la hembra, en tanto significantes del acto sexual, no se pueden fundar en ningún referente hallable. Como consecuencia el Falo se constituirá en el significante faltante de la relación sexual. En otras palabras: Si el goce es real es porque el Falo, como representante del goce sexual, está forcluido del sistema simbólico.

Es sobre esta imposibilidad en el saber, S2, sobre la que Lacan hará caer, en su Seminario 15, todo el peso de la denuncia edípica: El complejo de Edipo no es sino un mito freudiano.

Ya que no hay un saber relativo a las verdades que la castración instituye (puesto que la castración es un fenómeno previo del que surge el Otro como soporte no sólo del Sujeto sino también del saber fálico) el mito de Edipo es pura ficción. Sin embargo, funcionará ofreciendo un lugar psíquico donde situar ese goce real absoluto que no dispone de aparato significante que lo ordene.

De aquí resulta que entre la verdad, S1 (como real: el goce, la castración, el objeto a), y el saber, S2 (como simbólico: el Falo, el Otro, el Significante), se encuentra un agujero original que implica la desconexión entre S1 y S2.

Desconexión que el inconsciente, aunque procure arreglar ilusoriamente mediante la movilización fantasmática del objeto a, jamás podrá conectar. Es a consecuencia de esta desconexión que Lacan transformará el estatuto dado a la estructura haciéndola virar de lo simbólico a lo real.

Sin embargo, aún precisará de un elemento más: Aquél que dé cuenta de lo anterior al establecimiento del Otro como estructura en tanto es la base de todo lo que, por el lenguaje mismo, puede existir.

 

C) Seminarios 16 a 18: Del Otro como estructura al Otro como semblante.

Antes de entrar en las novedades que el Seminario 16 plantea, y sobre las que el presente artículo opera inevitables recortes, se hace preciso señalar, para lo que vendrá, que tanto la Bejahung como la Verwerfung son mecanismos que responden a una lógica simbólica.

Si de un lado tenemos que el Falo, mediante su afirmación como Bejahung, ofrece (en un principio) no sólo el punto de partida del campo de lo gramaticalmente verdadero sino también de lo ontológicamente existente, de otro lado resulta que tenemos el campo de lo pre-ontológico es decir, el campo anterior a la afirmación positiva del Falo como referente: Aquello que el lenguaje no puede hacer existir por el Falo.

Pero entonces ¿Cómo dar cuenta de lo inexistente? Lacan comenzará a desplegar la respuesta a esta pregunta en su Seminario 16 haciendo uso del número transfinito que tomará prestado de la teoría de conjuntos:

Sea un conjunto tal que contenga por elementos a todos los números naturales ordenados en sucesión hasta el infinito: El número mayor de todos ellos será, siempre, menor a la suma de todos los elementos. De este modo, respecto de los elementos, siempre habrá que añadir uno más al conjunto.

Entonces es la operación lógica, que la suma realiza, la encargada de hacer existir una cifra que, hasta entonces, era inexistente. Veámoslo con un ejemplo: Tomemos el conjunto formado por los elementos 3, 6 y 9. El mayor de ellos (9) será menor que la suma del conjunto (18).

Se trata, pues, de una cifra situada más allá de la serie de los números naturales ordenados hasta el infinito, de una cifra transfinita. De aquí se deduce que el conjunto se presenta como siempre incompleto ya que hay siempre un elemento más por contar que, como tal, inscribe un agujero para el conjunto.

Este elemento extra Lacan lo conceptualizará como siendo el uno-en-más que equiparará al conjunto vacío puesto que todo elemento para ser inscrito en un conjunto primero ha de situar al propio conjunto como único elemento de sí mismo como conjunto, es decir: El significante para ser inscrito primero ha de suponer su inexistencia o, dicho de otra manera, primero ha de situar al Otro como conjunto vacío.

De este modo, el conjunto vacío (vacío de Otro) no contiene significante, ni saber, ni depende de la Bejahung con la que reconocer, y en consecuencia hacer existir, elemento alguno ya que el conjunto vacío supone, por lo menos, lo siguiente:

De un lado supone un más uno inexistente para cualquier elemento posterior que se inscriba en el conjunto (de manera que este elemento posterior siempre será 2: el propio elemento más el conjunto vacío) y, de otro lado, supone una suerte de negación original de lo simbólico por cuanto el Otro, antes de existir como 1, primero inexiste como 0.

 

Conclusiones: De la Bejahung a la ex-sistencia.

Podríamos trazar el camino que lleva a Lacan desde el comienzo de su enseñanza, cuando plantea al Otro como absoluto, hasta el Seminario 18, cuando postula su inexistencia, escribiendo la serie de referentes que lo agujerean: El Falo, el objeto a y el uno-en-más.

Observemos que los tres tienen por función común situar el goce (ya sea bajo una forma simbólica, real o como el resultado, por repetición, de la inexistencia que no es) pero, también, establecen y marcan un lugar para la diferencia.

Sin embargo el Otro, pese a su inexistencia, no supone, por paradójico que resulte, su cancelación operativa a nivel del Sujeto. Lo que la inexistencia del Otro pone de relieve son, al menos, dos cuestiones:

Primero: El Otro es una ficción, ficción necesaria, mediante la cual se sostiene la cópula significante que el mito de Edipo pone en juego a fin de procurar cierto ordenamiento de los fonemas que haga advenir, de un modo estructural, la creencia que el Sujeto mantiene respecto de las significaciones. En términos musicales podríamos asimilar al Otro con la escala donde las notas encontrarían cierto orden con el que producir sentido musical.

Segundo: El Otro no existe, más bien, ex–siste como ausencia en el conjunto vacío. Ésta es la pendiente que Lacan proseguirá con el Seminario 19 en su comprensión de lo real donde emergerá el campo del S1 sin S2, campo de la no relación sexual (es decir: la falta de cópula significante) donde el saber no puede dialectizar lo absoluto del goce, constituyendo el campo donde sólo Haiuno: Sonidos, letras, marcas de goce por fuera del sentido y de la ley que el Falo en su advenimiento instaura.

De este modo lo real pasará de encontrar su lugar por contraposición a la conjunción que lo imaginario y lo simbólico realizan (tal y como el estadio del espejo ilustra) a encontrar un nuevo estatuto por fuera de la Ontología (que el lenguaje hace existir) siendo, en consecuencia, en la ex-sistencia donde será situado lo real último (también llamado por Lacan real al cuadrado que distinguirá de lo real-imaginario y de lo real-simbólico) en tanto lo real no es, por lo que no puede no “no-ser”.

Real que, por ello, será lo imposible de escribir a nivel significante, esto es, a nivel del cifrado que los términos fálicos del lenguaje elabora consiguiendo falsear siempre una adecuación ilusoria del Significante sobre lo real por una vía que bien podríamos tildar de cifra-miente.

Haciendo uso de la topología cabría resumir este segundo gran período en el que Lacan pone el guante del revés del siguiente modo:

Ya no se trataría del espacio real que el Toro envuelve, sino del espacio real donde el Toro es envuelto.

 

Bibliografía:

– Lacan, J. Problemas cruciales para el psicoanálisis. Inédito. Versión de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Sitio web: http://www.bibliopsi.org/docs/lacan/15%20Seminario%2012.pdf

– Lacan, J. El objeto del psicoanálisis. Inédito. Versión de la Escuela Freudiana de la Argentina. Sitio web: http://www.bibliopsi.org/docs/lacan/16%20Seminario%2013.pdf

– Lacan, J. La lógica del fantasma. Inédito. Versión de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Sitio web: http://www.bibliopsi.org/docs/lacan/17%20Seminario%2014.pdf

– Lacan, J. El acto psicoanalítico. Inédito. Versión de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Sitio web: www.bibliopsi.org/docs/lacan/18%20Seminario%2015.pdf

– Lacan, J. (2008). De un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós.

– Lacan, J. (1992). El Reverso del Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

– Lacan, J. (2009). De un discurso que no fuese del semblante. Buenos Aires: Paidós.