Más allá de la interpretación significante (Parte II)

Por Esperanza Ruíz de Velasco.

 

En el número anterior de Punto de Fuga apareció la primera parte de este texto relativo a las lecturas realizadas en el Grupo de Investigación de Nucep “La interpretación Lacaniana: del sentido al goce”. En esa primera parte se aborda la interpretación analítica situada, primero, al nivel de los efectos de significado: sacar a la luz la verdad reprimida en el síntoma. Perspectiva modificada para dar cabida a la relación de la pulsión con el síntoma. La interpretación, entonces, se sitúa a nivel de sus efectos de goce.

El goce como un tipo especial de significado, goce-sentido, la interpretación adquiere el rasgo propio de malentendido para tener efectos sobre el goce. En la medida en que la relación entre significante y significado no es pura sino que interfiere otra cosa que el efecto de significación, se ha tratado de ubicar el goce en ese resto, considerándolo un objeto, objeto a. Así la interpretación analítica apuntaría al objeto a y lo revelaría mientras que la palabra apuntaría a ese objeto y lo velaría. Más tarde esto también se revela insuficiente y en el seminario XX, el nudo borromeo apunta a que el goce no se reduce al deseo, ni al falo, ni al objeto a.

¿Qué pasa con la interpretación cuando el índice del analista es la vinculación del significante y el goce (fantasma) y no la significación? Esto implicaría pensar el significante no para la significación sino para el goce y la repetición como repetición del goce. Pudiéndose fundamentar tres tesis:

Primero: el inconsciente interpreta (hay un ciframiento en el inconsciente). La interpretación del analista es mínima: Tú lo has dicho, repetir la palabra del analizante para descontextualizarla pero de manera que aparezca una nueva significación.

Segundo: en cuanto el inconsciente interpreta trabaja para el goce: el deseo del sueño es ofrecer la interpretación que constituye a la que sigue, la interpretación del analista, y el goce está en el cifrado mismo, es decir, en la sustitución de significantes.

Y tercero: la interpretación del analista va contra la interpretación de inconsciente. Se trata de no agregar el S2 sino aislar el S1, como sin sentido. Dar a la interpretación la estructura del fenómeno elemental, el S1, que fue la base del delirio neurótico. El fenómeno elemental indica el estado original de la relación del sujeto con Lalengua. Se trata ahora de pensar la interpretación más que como una revelación como apuntando a una opacidad irreductible de la relación del sujeto con el lenguaje. El corte sería una interpretación no semántica. El corte esencial que se trata de hacer aquí es entre S1 y S2. Se termina la sesión después del S1 y antes del S2 que daría sentido. Se trata de reconducir al sujeto a la perplejidad. La interpretación analítica debe funcionar a la inversa del inconsciente.

 

El sujeto se habla así mismo a través del otro

En una ponencia dada por Jacques Alain Miller en 1996, bajo el título de “La Ponencia del ventrílocuo” se sostiene esta afirmación: Somos todos ventrílocuos. El sujeto no le habla al otro. Se habla así mismo a través del otro que deviene su marioneta. El sujeto queda condenado al monólogo autista de su goce. Entonces la interpretación es imposible en tanto que ella supone el encuentro con el Otro, con el otro que sería verdaderamente Otro, que no sería solamente la marioneta. Si la lengua no sirve como tal para la comunicación con otro, sino que sirve al goce, la interpretación es imposible. Sin embargo, a veces, de manera excepcional, se dice algo nuevo más allá de la triste repetición. Eso hace creer en el Otro. Esta palabra del Otro, constituyente del Otro, la podemos llamar la interpretación.

JAM propone entonces que la interpretación eficiente del analista es como el despertar de una pesadilla cuando aparece algo que nos produce horror y de lo que no queremos saber nada. Nos despertamos justamente ahí. En eso se queda el encuentro con el Otro, con lo real, que es lo verdaderamente Otro. Nos despertamos cuando el sueño no protege el dormir, cuando no se puede continuar en el gozar soñando, cuando la pulsión no puede continuar su invariable circuito sino precipitando al sujeto en la realidad para que siga soñando con los ojos abiertos en el mundo de su fantasma.

La interpretación operaría como el despertar de una pesadilla de la que no se puede huir trasladándose al fantasma del mundo. El progreso de la cura se nota en un indicio preciso, a saber, cuando el sueño logra prolongarse más allá del punto de angustia que antes era su tope.

 

Teoría lacaniana de la interpretación

La teoría lacaniana clásica de la interpretación está edificada sobre el fundamento de la relación del sujeto con el significante. En el primer Lacan se valoriza la interpretación simbólica sobre la imaginaria pero se olvida que la libido está en el nivel imaginario. Esto hace que la relación con el objeto, ya sea como fantasma o como pulsión, siempre se ha presentado como un hueso en la teoría de la interpretación.

Lacan ha inventado varios medios de solucionar esta antinomia:

Reducir la libido al deseo, excluyendo el goce, y reducir el deseo a su significado;
Reducir la pulsión al estatuto de una cadena significante, es decir, hacer pasar la relación con el objeto del otro lado y reducir el fantasma a un punto de basta;
Alejar la interpretación fuera del sentido y dirigirla sobre el objeto a como causa del deseo; Hacer escapar el fantasma a la interpretación dándole un estatuto de axioma.

Todas estas tentativas nos dice JAM que son pruebas de que la relación de objeto no encaja con la interpretación.

Al nivel del goce, el Otro como tal no existe. Al nivel del goce, la pulsión se encierra en su propio circuito. La norma del goce es el goce autoerótico, es decir, separado del Otro. El Otro no existe, sino por un engaño específico debido a la estructura del goce femenino. Deduce el Otro a partir del goce femenino. Por tanto, una tesis de la interpretación fundada sobre la comunicación, sobre el carácter primordial de la relación con el Otro, nunca alcanza a incluir el nivel del goce. Lo puede incluir solamente al precio de reducirlo al objeto a, aunque no más que un semblante. No semblante de objeto sino que el objeto es un semblante. La invención del objeto a en Lacan traduce el esfuerzo de incluir el goce en el sistema de comunicación.

 

Más allá de la interpretación significante

La estructura de la interpretación significante está dada por el esquema de la incidencia retroactiva del significante sobre el significado. Es un esquema que vincula al sujeto no solo con el Otro sino que vincula al significante con el significado. Esta interpretación significante presenta dos facetas: metafórica o metonímica. La faceta metafórica de la interpretación que muestra que el significante interpretativo produce un relámpago al nivel de la significación del Otro, que la interpretación del analista saca las conclusiones que implican los dichos del analizante que él mismo rechazaba sacar.

La faceta metonímica de la interpretación se presenta como indirecta, alusiva, que siempre se expresa entre líneas, etc. Aparece la interpretación como equivalente al deseo- es su faceta metonímica- y equivalente al síntoma-como metafórica- en tanto que la interpretación misma aparece como una envoltura formal del núcleo del goce, que no puede directamente tocar. Para ir más allá de la interpretación significante, con sus dos facetas, hay que entender bien la relación del sujeto con el significante. Esta relación es la identificación. La identificación es la condición significante del inconsciente, es la relación de identificación donde el sujeto vacío está capturado por el S1. Y en esta dirección no se puede ir más allá de definir la interpretación como el reverso de la identificación.

La interpretación histerizante separa al sujeto de la identificación, hace que el sujeto tome distancia de ella, la pone en cuestión, y eso supone nombrarla. A veces el analista está llamado a este lugar de la identificación para que el sujeto pueda tomar distancia.

En eso puede decirse que la interpretación da nombre a la identificación.

 

La hispótesis fundamental de la práctica

JAM sostiene que la gran mayoría de los casos que presenta la clínica de la interpretación, demuestran este vínculo entre interpretación e identificación. Hay una armonía entre las dos. Cuando utilizamos la palabra identificación suponemos como primordial la relación con el Otro: bien sea la identificación primaria, la identificación a un rasgo significante del Otro, o bien sea la identificación al objeto del deseo del Otro.

Las identificaciones son siempre relaciones con el Otro y están determinadas, como dice Lacan , por el deseo como deseo del Otro. Se da una conexión de identificación y goce. Pudiéndose sostener una proposición general: un modo de gozar es siempre relativo a una identificación.

Tanto es así que en este caso tocar la identificación modifica el modo de gozar relativo a esa identificación. Si se toca la identificación del sujeto con el significante, eso tiene resonancia en el lado de la relación del sujeto con el objeto a, con el fantasma. Hasta el punto que si se logra el reverso de la identificación se produce, al nivel del modo de gozar, lo que se busca como separación del sujeto y el objeto a. Esta sería realmente la hipótesis fundamental de la práctica.

 

Una nueva disciplina de la interpretación y su impacto en la teoría del pase

La teoría del pase, está centrada sobre la modificación del fantasma, el lado izquierdo del discurso del analista a/S2, lo que Lacan llama atravesamiento del fantasma como correlativo a la desidentificación significante, la destitución subjetiva. Pero para dar la teoría del pase acaba por extender, dice JAM, la estructura de la identificación a la relación con el objeto. Esto es lo extraordinario en el momento de su formulación: que el secreto de la teoría del pase es que finalmente extendía la estructura de la identificación significante a la relación con el objeto, como si el secreto del fantasma fuera paralelo a una identificación con el objeto a. Como si al final se tratara de la caída del objeto a. Hablamos a veces de caída, del objeto a, de la caída de las identificaciones, aplicamos la misma lógica en los dos lados.

Sin embargo se va a avanzar señalando que en lugar de pensar la relación con el objeto a partir de la relación con el significante, hay que reubicar la relación con el significante a nivel del goce. Esto pone en cuestión el estatuto mismo del objeto a como alfa y omega del sujeto que aparece en la teoría del pase. En la teoría del pase el objeto a se considera un real. Cuando se invierte la perspectiva, se lo reduce a no ser sino un semblante de real, a no ser sino la parte elaborable del goce, la parte significantizable del goce, es decir, la parte que entra en la estructura de la identificación en tanto que depende de la comunicación y de la articulación significante-significado.

Entonces en el contexto actual cultural del individualismo liberal, cuya operación propia consiste en la desvinculación del Otro y el goce, el goce tiende al autismo. La relación con el Otro no oculta más el vínculo con el goce. Ahora el Otro ya no da reglas estrictas sobre el goce y eso hace aparecer lo que es el vínculo con el goce en su carácter social. Hoy la sociedad es una sociedad de soledades, con la angustia que estimula y los remedios vanos con los que sueña.

En este panorama JAM inscribe la necesidad de una nueva disciplina de la interpretación. Se solía pensar que el significante como destinado a sus efectos de significado. Esto implicaba que el significante tenía incidencias elaborables sobre el significado, a través de la metonimia y la metáfora, reglas que explican cómo se pasa del significante al significado. La situación es distinta si uno parte desde el punto de vista de que el significante trabaja primero para el goce y tiene la misma trayectoria que la pulsión.

Entre el significado y el significante hay por supuesto un vínculo, que nos permite comunicar, pero este vínculo solo se establece por la mediación de un discurso, por una máquina de vínculo social, sin el cual el significante y el significado quedan desvinculados. Eso traslada al lugar de la interpretación que apunta a la desvinculación entre el significado y el significante. El lugar propio de la interpretación es la hiancia entre significante y significado. Solamente en este encuadre se puede decir que la interpretación como tal está fundada en el equívoco. La presencia del equívoco testimonia que no hay un mecanismo formal para pasar del significante al significado.

 

Del querer decir al querer gozar

Esto tiene un impacto en el grafo del deseo de Lacan. El grafo del deseo está establecido sobre un esquema de comunicación cuya base es intención de significación. Pero el fenómeno esencial de lo que Lacan ha llamado Lalengua no es ya el sentido sino el goce. En este nivel el querer decir da paso al querer gozar. El querer gozar tiene sus propias leyes. Cuando la pulsión-y no la significación- está pensada como motor del ser hablante, la enseñanza de Lacan se reubica como una tentativa para someter el querer gozar al dominio del querer decir.

L’apparole es la nueva palabra acuñada por Lacan para cuando la palabra está dominada por la pulsión, cuando no asegura la comunicación, sino que trabaja para el goce, es decir que responde a la formula “en el lugar donde ello habla, goza”. En lugar de “Yo la verdad hablo” hay un goce de la palabra. Eso hace difícil el lugar de la interpretación. Este no-dialogo encuentra su límite en la interpretación, por la cual se asegura lo real. Eso hace que una interpretación haga de límite.

En la palabra como monólogo no hay un real, la asociación libre, el decir cualquier cosa, dirige directamente al principio del placer, es decir, al puro goce de la palabra. Y en esto hay siempre éxito, no hay imposible a este nivel del decir, por eso no hay real en la palabra como tal.

Esto da un lugar para lo que sería una interpretación, esa interpretación inversa, al revés: una interpretación que introduzca lo imposible. Y si es a través de ella como se asegura lo real, entonces debe ser del orden de la formalización. Aquí refiere la interpretación a la matemática.

La interpretación con un valor de formalización, implicando un “eso no quiere decir nada”. En la interpretación analítica, la extracción del “Ello quiere gozar” pasa por un “Ello no quiere decir nada” porque el inconsciente enmascara el “ello quiere gozar” mediante el “ello quiere decir”. Lo enmascara mediante la comunicación, el mensaje, la palabra. Por el contrario esta nueva disciplina de la interpretación implica el desvelamiento pasando por el “eso no quiere decir” Esta nueva disciplina de la interpretación es porque la practica lleva a eso. La cuestión es que la teoría no esté retrasada en comparación con lo que hacemos.