Mujer y Madre

Por Lorena Pereyra Leaniz.

 

En el siguiente artículo intentaré plasmar aquello que sucede a muchas mujeres en esa experiencia de lo que llamamos ser madre, estado silencioso, solitario (algunas veces) y su relación con un recorrido psicoanalítico tan singular en cada una, en un andar que nos llevará al encuentro con el deseo.

Es acaso después de ser madre cuando se cuestiona ¿dónde está la mujer? Esa mujer que se piensa perdida, desencontrada y que bajo el imperativo de la demanda, no enlaza con ese estado real. No entendemos qué es una madre, no entendemos qué es una mujer…
Es entonces cuando surgen los distintos interrogantes, donde toda necesidad de ir más allá, desde lo más íntimo, puede comenzar…

“ No hay la mujer, artículo definido para designar el universal. No hay la mujer puesto que – ya antes me permití el término, por qué tener reparos ahora- por esencia ella no toda es. (…) Ese La es un significante. Con ese La simbolizo el significante del cual es indispensable marcar el puesto, que no puede dejarse vacío. Este La es un significante al que le es propio ser el único que no puede significar nada, y sólo funda el estatuto de La mujer en aquello de que no toda es. Lo cual no nos permite hablar de La mujer” [1].

Dónde estaba el deseo, había deseo , en esa búsqueda puede que empiece todo un recorrido psicoanalítico.

Muchas veces lo que nos lleva hasta allí son distintos motivos, pero ese espacio tan vulnerable, tan singular, dará lugar y tiempo para que el inconsciente hable de aquello que nos angustia, de nuestros síntomas.

Dice Jacques-Alain Miller: “el niño colma o divide”. Cuanto más colma el hijo a la madre, más la angustia, de acuerdo con la fórmula según la cual lo que angustia es la falta de la falta. La madre angustiada es, de entrada, la que no desea –o desea poco, o mal– como mujer [2].

Observamos tratando de encontrar respuestas, nos miramos en espejos equivocados y nos hallamos, en algunos casos, con la angustia.

En ese ir y venir, en ese estado de soledad que puede traer la maternidad, en ese encuentro con el amor de madre, que intenta colmarlo todo, hay una lucha interna, emancipadora que busca más allá de ese estado.

En esa búsqueda, que primero se nos presenta como angustia, buscamos a una madre dividida, que no sea toda madre, para que la madre desee más allá del hijo.

Al hablar de la relación de la madre con el hijo en el seminario IV, Lacan dice (…) “si la mujer encuentra en el niño una satisfacción, es precisamente en la medida que halla en él algo que calma, algo que satura, más o menos bien, su necesidad de falo” [3].

La madre está atravesada por la falta, se presenta como insaciable en su condición de mujer. El niño no colma esa falta, es el deseo de mujer que está en falta, por lo tanto el niño nunca está solo con la madre, sino con esa mujer que hay en la madre. El niño adquiere un valor fálico como objeto de deseo de la madre.

Es en todas estas idas y vueltas, en la propia y singular experiencia , en los distintos recovecos que estamos inmersos, en el saber y no saber nada, ya que a lo largo de cada experiencia son las estructuras las que se van moviendo de manera tal que nos iremos preguntando distintas cuestiones, interrogantes e intentaremos resolverlas, entonces allí estará nuestra incansable búsqueda del deseo.

 

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Fotografía: Adriana Lestido. Madres e hijas (1995-1999).
Notas:

[1] Lacan, J. (1981). Aun , pág. 89. Buenos Aires: Paidós.
[2] Miller, J. A. “El niño, entre la mujer y la madre”, conferencia en Lausanne (1996).
[3] Lacan, J. (1994) . La Relación de Objeto, pág 72. Buenos Aires: Paidós.

 

Bibliografía:

-Lacan, J. (1981). El Seminario 20: Aun. Buenos Aires: Paidós.
-Lacan, J. (1994). El Seminario 4: La Relación de Objeto. Buenos Aires. Paidós.