Naufragios del inconsciente en la clínica de Φ0

Por Gerardo Battista.

 

 

“Hay que discutir, no está escrito en las estrellas, pero hay cosas que

son sin el falo dependiendo del modo cómo se lo defina. Por lo tanto,

ningún fenómeno en el campo analítico se define sin la presencia del

goce no negativizable, que Lacan pudo notar como función fálica

(…) Entonces, sin el falo puede ser con el goce fálico, entendido en este sentido” [1].

 

 

Jacques-Alain Miller en Desarraigados ubica que podemos avanzar buscando herramientas que permitan entender la clínica del sujeto contemporáneo cuando dejamos el terreno conocido en el que la neurosis se confronta con la psicosis. Neurosis y psicosis están en paz desde hace mucho tiempo, cada una en su territorio respectivo, y si dejamos ese terreno conocido donde están separadas las neurosis y las psicosis, necesitamos matemas, referencias, instrumentos. En este trabajo me propongo formalizar sobre la clínica de “casos raros” de neurosis que no parecen entrar ni en una ni en otra de las categorías clásicas de la clínica binaria, neurosis – psicosis. Estos casos raros primeramente fueron considerados inclasificables y, posteriormente, Miller precisó el término de psicosis ordinaria. Por supuesto, no podemos considerar a todos los casos raros como psicosis. Es por esto que me centraré en soluciones neuróticas que prescinden de la función del padre simbólico, lo que Lacan llamó en El Seminario 4 “soluciones atípicas”. Es decir, presentaciones actuales de neurosis que no encuentran una solución al goce por medio del síntoma.

En las 13 clases sobre el hombre de los lobos [2], Miller comienza a dibujar lo que podríamos llamar una nueva psicopatología, neurosis y psicosis en la época de la caída del nombre del padre: “a” [3].  La pregunta que atraviesa el texto es si esos fenómenos de orden psicótico que se presentan en el caso paradigmático “El hombre de los lobos” [4]  pueden situarse en una línea causal independiente -o relativamente independiente- de la forclusión del Nombre-del-Padre.

Cabe preguntarnos si la psicopatología en la época de la caída del Nombre-del-Padre amplía el binario clásico neurosis-psicosis. Lo que la praxis actual constata es que al binario clásico debemos sumarle la carencia paterna y el compensatory make believe del Nombre-del-Padre, siendo un partenaire invariante, en ambos tipos de funcionamientos, el deseo materno ilimitado [5].  Asimismo, Miller deja abierta la cuestión -aunque no la desarrolle- para pensar las neurosis que encuentran una solución al goce de modo atípico, por fuera de la égida de la función simbólica del padre. Lo que es lo mismo decir, neurosis en la época del ascenso del objeto a en el cenit social. Al respecto, Deffieux se pregunta: “en qué deviene el binario neurosis-psicosis frente a la declinación del Edipo y de la función del padre simbólico. ¿Es suficiente ahora decir que un sujeto no se inscribe en la metáfora paterna para asegurar que tiene una estructura psicótica? ¿Iríamos hacia una generalización de la psicosis? No hay razón para pensarlo” [6]. Subrayemos que en las neurosis de funcionamiento vía el Nombre-del-Padre, la metáfora paterna -junto a la represión- es la defensa princeps frente al goce (que en esa época de la enseñanza de Lacan estaba figurado en el Deseo Materno opaco).

En suma, abordaremos aquellos casos donde hay Nombre-del-Padre, por tal razón se encuentran dentro del campo de las neurosis, pero no se han precipitado las consecuencias de dicha operatoria -esto significa un impasse en la función fálica. ¿Qué incidencias clínicas ubicamos respecto a que “la ruptura del falo está a la orden del día”? [7]. Sesgo que nos permite introducir como hipótesis un sintagma para las neurosis de la época de la caída del Nombre-del-Padre: P – Φ0. 

Para elucidar la clínica de Φ0 en las neurosis, primero ubicaremos qué implica la clínica de P – Φ. Lacan en La significación del falo ubica que el falo anuda al sujeto a “una posición inconsciente” con la que podría “identificarse” al tipo ideal de su sexo, responder más o menos fallidamente al encuentro con el Otro sexo e incluso asumir la paternidad, maternidad que pueda ponerse en juego, dar una significación de qué se es en tanto vivo o muerto. Para ilustrar una de las funciones princeps del falo podemos considerarlo como un colador. En suma, el falo distribuye los diferentes goces. El goce que pasa por el colador y decanta es el goce que denominamos fálico, pero siempre queda un resto sin decantar, un goce imposible de negativizar que es suplementario al goce sexual. El goce fálico es un goce fuera de cuerpo mientras que el resto imposible de decantar es el goce en el cuerpo. De este modo, el falo tiene un poder de localización y limitación del goce fálico en los bordes pulsionales del cuerpo. Lo cual implica un anudamiento entre goce y castración, descifrable en el síntoma neurótico del sujeto.

 Las funciones del Φ que hemos precisado, en la época donde el discurso capitalista y la ciencia -que al decir de Lacan en Hablo a las paredes – rechazan la castración y las cosas del amor, se encuentran en impasses. Este rechazo a la castración no nos lleva a una forclusión generalizada, es decir “todos psicóticos” -retomando la idea de Deffieux- sino a la carencia paterna. La carencia paterna es el nombre que Lacan le da a la caída de la función simbólica. La carencia paterna es un término que introduce Lacan en El Seminario 4 respecto a la fobia. Es interesante que se sirva de la fobia pues la ubica más como un momento de impasse de la estructuración subjetiva -que además es constitutivo del sujeto- que un tipo clínico. La carencia paterna es un impasse producto del detenimiento en el primer tiempo del Edipo, zona donde se estraga la eficacia simbólica. En el historial freudiano sobre Hans ubicamos un decir ineficaz que pudo ser el fundamento de la carencia paterna en el infans. Ante una pregunta que dirige al padre, éste responde que “los varones no pueden tener hijos” [8].  Ese decir del padre hace que Juanito no tenga donde ubicarse, impidió que tome algún elemento significante que propicie la identificación simbólica al falo, la identificación freudiana a un rasgo del Otro del Edipo, la cual propicia la fijación pulsional en los bordes corporales y, con ella, la formación del síntoma neurótico.

Entonces, una de las incidencias de la clínica de Φ0 en las neurosis implica la separación del valor fálico del objeto de goce del sujeto provocando que el sujeto responda con su cuerpo ante la invasión de goce fálico. La irrupción del objeto a, sin mediación fantasmática, en el cuerpo del sujeto contemporáneo se debe a que se encuentra estragada la eficacia del S1 [9].  El estrago de la eficacia simbólica del S1 lo leemos como Φ0. Es decir, el sujeto por tal razón, las presentaciones clínicas se encuentran más del lado de los trastornos del goce que de las formaciones del inconsciente. El impasse en el consentimiento a una posición de goce en el inconsciente provoca que el objeto se superponga a la falta provocando fenómenos de cuerpo donde la angustia es el punto de fuga. Ante una angustia no localizada por la falta -debido a la caída de la función simbólica del padre- los arreglos o defensas ante el goce son imaginarios, caracterizados por soluciones lábiles y dispersas, o reales, como ser soluciones rígidas del orden de “ser nombrado para” [10].  En la clínica actual abordamos tanto respuestas subjetivas de detención como también de impulsión. Ambos tipos de respuestas son bien refractarias para que se produzca el efecto sujeto, condición necesaria para que el sujeto contemporáneo devenga analizante.

Podemos decir con Miller, en La experiencia de lo real… , que el tipo de defensa depende del nivel de subjetivación de la relación con el goce. En el Argumento del seminario que estamos dictando actualmente en la EOL [11] ubicamos que la defensa califica de manera electiva la relación subjetiva con lo real. Esta referencia nos parece de suma importancia pues podemos pensar que las tonalidades que Miller  refiere respecto de las psicosis ordinaria no es exclusivo de estas. Sino, más bien, nos permiten abrir el basto campo de defensas dentro de las neurosis. En efecto, Lacan se sirve del trípode freudiano “Inhibición, Síntoma y Angustia” desde la perspectiva de los registros imaginario, simbólico y real para ubicar los diferentes arreglos del goce dentro del campo de las neurosis. Lacan plantea tres nominaciones y, por consiguiente, tres anudamientos en la estructura y constitución del nudo borromeo: la inhibición es una solución imaginaria del goce; el síntoma es un arreglo simbólico; y a la angustia la considera una nominación real. Estas tonalidades en el campo de las neurosis nos permiten pensar diferentes “sistemas de goce” que prescinden de la función simbólica del padre.          

 “En resumidas cuentas el desfallecimiento de la función del padre altera, trastorna profundamente el mecanismo de la represión, y es esta alteración la que supone generalizarse en nuestros tiempos” [12].  Si la represión propiamente dicha está afectada -la cual liga la moción pulsional a un significante- esto se traduce en presentaciones clínicas de neurosis que no encuentran una solución al goce vía el síntoma. Si la represión no actúa, entonces el trabajo del inconsciente no permite, a través del significante, marcar los trayectos de la pulsión.

Es decir, en la clínica de Φ0 las presentaciones clínicas de neurosis ponen en juego defensas que suplen la represión pues el objeto a ocupa la posición que tenía el S1. En este caso, el síntoma no es una formación del inconsciente, sino un modo de goce. Por lo que podemos deducir que la angustia que está en juego no empuja a la metáfora, es decir, a la represión y, por consiguiente, a la formación sintomática. La clínica de Φ0 revela ambigüedades sexuales, la exaltación del padre imaginario de los cuidados en detrimento del padre simbólico, la inhibición o impulsión ante el Otro sexo y la deflación del deseo. El fundamento de Φ0 es la carencia paterna, de la cual desprendemos un binomio clínico preciso: el S1 imaginarizado (que dificulta una relación al inconsciente) y la deriva pulsional (toma sitio del circuito de satisfacción).

En consecuencia, podemos decir que la clínica de Φ0 imaginariza al S1 estragando su eficacia operativa. El significante imaginarizado es un término acuñado por Jacques-Alain Miller cuando ubica la expresión “imagen reina”.  Nos interesa este planteo pues propone a la imagen reina como un significante imaginario -“donde lo imaginario se amarra al goce” [13] – y lo diferencia del S1 debido a que el significante imaginario no representa al sujeto, pero se coordina con su goce. Un significante imaginarizado no representa al sujeto, pues es un significante no articulado al flujo simbólico. Asimismo, la pregnancia del cuerpo constituyen dos propiedades que refieren al estatuto del S1 en la época de la caída del Nombre-del-Padre. Lo que es lo mismo decir, la intrusión de lo imaginario en lo simbólico produce la detención de su eficacia simbólica. En efecto, sin la plomada del S1, el objeto a está a la deriva con lo cual no es posible la constitución de un sujeto del inconsciente como sujeto del discurso.

Lacan señalaba: “¿por qué, en un psicoanálisis, no sería -de vez en cuando se tiene esa sospecha- el psicoanalista el padre real?” [14].  De este recorrido podemos precisar que la ética del S1 ubica al analista como relevo de la carencia del padre real. La dirección de la cura en la clínica de Φ0 traza un trayecto que va del objeto a al S1. Se podría pensar que es el camino reverso de un análisis -que apunte a la operación de desidentificación de los S1- pues la curva va del significante al goce. Ante estas presentaciones clínicas actuales la posición conveniente del analista es forzar la sintomatización de S1 imaginarizados.

En suma, la operación analítica ante la clínica de Φ0 implica propiciar el pasaje del goce al inconsciente. En estos casos raros de neurosis, la presencia del cuerpo del analista fuerza a una nueva relación simbólica que sustituya al lazo patológico entre el sujeto contemporáneo y su objeto de goce –no sólo vía la interpretación equívoca sino también a través de la construcción. De este modo, un S1 imaginarizado se torna Unheimlich creando las condiciones de posibilidad para que un ser hablante advenga analizante.

 

Notas:

[1] Laurent, E.  (2019). Entrevista a Eric Laurent. En  Incidencias clínicas de la carencia paterna, pág. 20-1. Negro, M. A. y Battista, G. (Compiladores). Grama: Buenos Aires.

[2] Miller, J.-A. (2011).  13 clases de El hombre de los lobos,  pasaje 865. UNSAM Edita: Buenos Aires.

[3] Ibíd., pág. 39.

[4]  Revista Consecuencias 19 ha publicado un trabajo de mi autoría sobre lo inclasificable respecto de las posiciones contrapuestas en El hombre de los lobos. Leerlo en: http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/ HYPERLINK “http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/019/template.php?file=arts/Derivaciones/Lo-inclasificable.html”019 HYPERLINK “http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/019/template.php?file=arts/Derivaciones/Lo-inclasificable.html”/template.php?file=arts/Derivaciones/Lo-inclasificable.html

[5] El binomio Carencia paterna – Deseo materno ilimitado tomado de Serge Cottet no será desarrollado en este trabajo. El mismo fue desarrollado en un artículo de mi autoría publicado en: Negro, M. A. y Battista, G. (Compiladores). (2019). La imaginarización del S1. En Incidencias clínicas de la carencia paterna.  Grama: Buenos Aires.

[6] Deffieux, J.-P. (2013). ¿La familia es necesariamente edípica?. En Enlaces 19, pág. 140. Grama: Buenos Aires.

[7] Ibíd., pág. 143.

[8] Freud, S. (1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años (pequeño Hans). En Obras Completas, Vol. 10, pág. 73. Amorrortu: Buenos Aires.

[9] En  El Seminario 17 el sintagma  P – Φ pasa a ser nombrado como S1, un significante que produce goce.

[10] Si bien el “ser nombrado para” Lacan lo propone para las psicosis, también lo plantea como un efecto de época debido a la caída del Nombre-del-Padre que vaticina en 1938 y subraya en 1974. Miller en “Efecto retorno sobre psicosis ordinaria” destaca que Lacan decía que en nuestros días el Nombre-del-Padre es el hecho de ser nombrado, de ser asignado a una función, de “ser nombrado para”. El Nombre-del-Padre hoy es acceder a una posición social que le asigna un rol al sujeto dentro del sistema dándole un lugar.

[11] La clínica actual: defensas e invenciones, Seminario Diurno en la EOL dictado junto a Ana Cecilia González, Juan Mitre, Silvina Rojas y María Eugenia Cora.

[12] Trobas, G. (2003). Tres respuestas del sujeto ante la angustia: inhibición, pasaje al acto y acting out. En Logos 1, pág. 23. Grama: Buenos Aires.

[13] Miller, J.-A. (1998). La imagen reina. En Elucidación de Lacan, pág. 585. EOL-Paidós: Buenos Aires.

[14] Lacan, J. (1992). El reverso del psicoanálisis, pág. 135. Paidós: Buenos Aires.

 

Bibliografía:

– Miller, J.-A. y otros (2016). Desarraigados. Paidós: Buenos Aires.

Lacan, J. (1994). La relación de objeto, pág. 223. Paidós: Buenos Aires.

– Lacan, J. (2012). Hablo a las paredes. Paidós: Buenos Aires.

– Miller, J.-A. (2004). La experiencia de lo real en la clínica psicoanalítica, pág.158-9. Paidós: Buenos Aires.

– Miller, J.-A. (2015). Efecto retorno sobre las psicosis ordinarias, en Consecuencias nº 15. Revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento: Buenos Aires.

– Miller, J.-A. (1998).  La imagen reina, en Elucidación de Lacan: charlas brasileñas. EOL-Paidós: Buenos Aires.