¿Qué es la orientación lacaniana?

Por Amanda Goya.

 

He titulado así [1] mi intervención de hoy porque esta fórmula que tanto utilizamos, y que ha sido inventada por Jaques-Alain Miller para designar el eje rector del curso que dictó durante 30 años, es un significante que puede extraerse de este curso impartido por él entre 1987/88, el tercero de la serie, y que tituló: “1, 2, 3, 4”. Lamentablemente no ha sido aún traducido a nuestro idioma.

Miller da cuenta aquí de lo que quiso decir con el sintagma: Orientación Lacaniana, y lo hace a partir de la dilucidación de muchos de los esquemas y grafos de Lacan, que no podemos reproducir aquí, y que constituyen un formalismo que nos enseñan qué es la orientación y para qué sirve.

No se trata de una cuestión meramente práctica, de un conjunto de recetas, sino de un formalismo de la teoría que responde a la ambición de construir la combinatoria formal adecuada a la experiencia analítica y a su transmisión. Se trata pues, de esquemas esencialmente didácticos.

Al inicio Miller remite a la Apertura del Seminario I, donde Lacan evoca la producción de conceptos y de símbolos en Freud, que permiten elucidar la experiencia del análisis. Le cito:

“Esta enseñanza es un rechazo de todo sistema. Descubre un pensamiento en movimiento: que sin embargo, se presta al sistema, ya que necesariamente presenta una faz dogmática. El pensamiento de Freud está abierto a revisión. Reducirlo al palabras gastadas es un error. Cada noción posee en él vida propia. Esto precisamente es lo que se llama dialéctica. Algunas de estas nociones fueron, en cierto momento, para Freud, indispensables, pues respondían a una pregunta que él había planteado, anteriormente, en otros términos” [2].

Orientación quiere decir pues, dirección, disposición, alineación, términos todos que indican que se trata de un movimiento que imprime un rumbo determinado, y que asimismo se adopta dicha dirección.

Cuenta Miller que en francés es una palabra que data de los comienzo del siglo IX, y que se la concebía como el arte de reconocer el lugar donde se está respecto de los puntos cardinales. Sabemos que estos organizan el espacio, que nos permiten saber dónde estamos y a dónde nos dirigimos, porque conforman un sistema de referencia cartesiano que nos facilita ubicarnos en el espacio.

Cuando Miller inventó la expresión orientación lacaniana pretendía precisar la dirección que Lacan imprime al psicoanálisis, y por tanto, a la práctica analítica y al movimiento mismo del psicoanálisis.

Esto ya lo encontramos en Freud cuando en 1914 escribe Historia del Movimiento Psicoanalítico, para dejar explicitadas sus diferencias con Jung y Adler respecto a su concepción irrenunciable sobe el carácter sexual de la libido. Freud propone aquí su propia orientación en torno a lo que será la primera escisión en el Movimiento Psicoanalítico.

Y bien, si partimos entonces de que hay un movimiento, este conlleva una orientación, porque no estamos ante una estática sino todo lo contrario, estamos ante un formalismo dialéctico, es la expresión que propone Miller. Una orientación se representa como un vector, como un segmento que posee una determinada dirección que simbolizamos con una fecha. Una figura geométrica orientada dice más que una figura geométrica que no lo está, dado que es también un factor de diferenciación.

Por ejemplo, entre un círculo no orientado, y el mismo círculo orientado por la inscripción de una flecha, es suficiente para establecer una distinción.

 

IMG_20190419_161617

 

Esto se ilustra así de manera muy sencilla, pero si se detienen en el Grafo del Deseo que encontrarán en el Escrito de 1960 “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, y en el Seminario V “Las formaciones del inconsciente”, dos años antes, podrán ver que cada vector del grafo tiene una flecha que señala una dirección, un movimiento hacia un punto determinado. No nos vamos a detener en ello ahora, pero a eso nos referimos como punto de partida de lo que consideramos una orientación.

Todo esto hace ver, dice Miller, que la enseñanza de Lacan no es una dogmática, sino un camino. Él utiliza incluso la palabra progreso, palabra un tanto problemática, como sabemos. La propone como sinónimo de movilidad.

Y por situarse precisamente en una determinada orientación, Miller puede tratar el conjunto de los dichos de Lacan, porque si los consideráramos desde un punto de vista dogmático estos serían simplemente contradictorios. Estos dichos encuentran pues su función desde el punto de vista de la orientación. Conocen la expresión Lacan contra Lacan que Miller nos propone, y últimamente la expresión Lacan en bloque, para indicar maneras de leer a Lacan en sus múltiples abordajes de la cosa psicoanalítica.

Hemos dicho que si tomamos en cuenta el punto de vista de la orientación habrá movimiento, y que ésta es posible si se ordena según los puntos cardinales. Entonces: 1, 2, 3, 4, son por consiguiente nuestros puntos cardinales, a partir de los cuales es posible orientarse en la experiencia psicoanalítica y en la enseñanza de Lacan.

Una gran ambición animó el proyecto de Miller desde el inicio. Treinta años después corroboramos con fundamento que ese proyecto, ese deseo de Miller, se realizó, y se sigue realizando.

Al principio del Seminario nos cuenta que dudó entre varios títulos. Algunos le preguntaron porqué no lo había titulado 4, 3, 2, 1, 0, a lo que respondió que con 1, 2, 3, 4, dejaba abierta la serie.

Tropezamos aquí con otra de las palabras clave, la palabra serie. Porque 1, 2, 3, 4, es también una serie de números, un conjunto ordenado en el cual el valor depende de su rango. Seguro que conocen la célebre frase de Lacan: lo serio es hacer serie. Y en efecto, así se practica el psicoanálisis, durante una serie de sesiones. Están las primeras entrevistas, están las últimas sesiones. También en la enseñanza lo serio es hacer serie.

Los Cuatro, fue otra manera de titular este curso que se le había ocurrido a Miller, pero es un título que ya había sido usado por Heidegger en una conferencia sobre La Cosa.
Miller reconoce aquí la filiación heideggeriana de los cuatro lacanianos. Lacan decía confraternizar con Heidegger.

Tomemos un dicho del filósofo: El hombre se comporta como si fuera él, el forjador y el dueño del lenguaje, cuando en realidad es el lenguaje, el que es y sigue siendo el señor del hombre. El psicoanálisis escribe, según Lacan, la página ausente en la filosofía, fundamentalmente en la obra del pensador del ser, como lo designa en los Escritos, porque Heidegger postula el ser-en-el-mundo y el ser-para-la-muerte, pero el discurso analítico añade el ser-para-el-sexo, al ocuparse del tratamiento del ser hablante y sexuado para incidir, de la buena manera, en su goce.

Hay una conferencia de Heidegger de 1951: Construir, habitar, pensar [3] que Miller toma aquí para referirse a los cuatro de Heidegger. Es una conferencia que refleja un momento en el que Alemania pasaba por una gran carencia de viviendas debida a los bombardeos de los aliados durante la guerra. Y Heidegger reflexiona allí sobre las horribles viviendas que se construyeron para el pueblo, grandes bloques de cemento que albergan hoy por hoy a millones de personas. En dicha conferencia lleva a cabo una reflexión sobre el construir. Él piensa el habitar en un sentido fuerte, no solo como la vivienda que nos ofrece alojamiento, que por supuesto es vital para la subsistencia, él da al habitar el sentido de nuestro paso por la tierra por nuestra calidad de seres mortales. Al ir más allá del simple construir el habitar toma un carácter más transcendente.

Dice apenas empezar: Este ensayo de pensamiento no presenta en absoluto el construir a partir de la arquitectura, ni de la técnica, sino que va a buscar el construir en aquella región a la que pertenece todo aquello que es. Nos preguntamos ¿Qué es habitar? ¿En qué medida el construir pertenece al habitar? Luego establece un vínculo entre la condición humana y el hábitat del ser-en-el-mundo, un ser que es arrojado al mundo antes de ser propiamente hablante.

¿Cómo concibe Heidegger este habitar humano sobre la tierra? Lo concibe:

-Bajo el cielo
-Ante los dioses
-Perteneciendo a la comunidad de los hombres.

Los cuatro son para él: Tierra, Cielo, Divinos y Mortales, que tienen en común asemejarse por su simplicidad.

Al habitar llegamos por medio del construir, porque habitar es el fin que persigue todo construir, pero el construir no es solo medio y camino para habitar, construir es ya habitar. Luego hace un exquisito análisis filológico de las dos palabras para mostrar su parentesco.

Si me he detenido también en este pasaje es por la importancia que tenía para Freud la palabra construcción. Recordemos su texto Construcciones en Análisis, texto del final de su vida, 1937, dos años antes de morir, y que se inscribe en lo que bien podemos llamar la orientación freudiana.

¿Qué es básicamente una construcción en análisis para Freud?

Es una ficción creada por el analista con el material que el paciente le ha ido aportando, con la que persigue llenar las lagunas mnémicas del sujeto, porque todo no se puede recordar, pero si se puede reconstruir. Freud emplea una vez más aquí la metáfora arqueológica, pues el arqueólogo reconstruye sobre lo que está destruido, a diferencia del analista que reconstruye sobre lo que no está destruido pero que permanece en el olvido.

Lacan critica la metáfora arqueológica, rechaza la tópica ingenua de que el inconsciente residiría en las profundidades, muy por el contrario el inconsciente está en la superficie, en la superficie del texto hablado por el analizante. Y por otra parte, en la construcción no siempre se trata de lo que está olvidado, sino de lo que es posible inventar, del carácter creacionista de ciertas elaboraciones de las que puede ser capaz el analizante.

Las construcciones no son más que semblantes, una manera de cernir lo real que no se atrapa en la experiencia analítica. Su forma más lograda es la que encontramos en los testimonios de los pasantes, designados con el término hystorización, un neologismo en el que se dan cita historia e histeria (hystérie).

Volviendo al artículo de Freud, es muy interesante la deriva que toma, porque de la construcción Freud pasa al delirio, y nos propone una serie de consideraciones sobre la psicosis que nos recuerdan el célebre aforismo de Lacan al cual Miller ha consagrado un curso: Todo el mundo delira.

Entonces para Heidegger construir es propiamente habitar, y el habitar es la manera en que los mortales están en la tierra. El construir como habitar se despliega en el construir que cuida, que cuida el crecimiento, y en el construir que levanta edificios.
Por su parte Lacan construye sus propios edificios, los apropiados para que en ellos se aloje el ser que habla. Estas construcciones se sostienen asimismo en cuatro pilares, son sus estructuras cuatripartitas, (hay muchas en su enseñanza), en las que es necesario apoyarse para la práctica del psicoanálisis y para su transmisión. Sus cuatro se repiten, en múltiples construcciones.

Dice Heidegger en esta conferencia: La unidad de los cuatro la llamamos la Cuaternidad. Los mortales están en la cuaternidad al habitar. Pero el rasgo central del habitar es cuidar (velar por). Los mortales habitan en el modo como cuidan la Cuaternidad en su esencia. Este cuidar que habita es así, cuádruple.

Leemos en estos pasajes la filiación heideggeriana de las estructuras cuatripartitas, que en su caso se manifiestan en un plano filosófico, y que para Lacan constituyen un formalismo, porque aspiran al matema en su pretensión de enseñar, o más bien de transmitir una experiencia cuyo soporte material es lalengua y el cuerpo, amalgamados en el ser que habla.

Si hay una exigencia de construcción es porque se les pide coherencia y demostración. La palabra exigencia la encontramos en la cita de la que parte este curso y que leyó Andrés la vez pasada, tomada del Escrito Kant con Sade. Una estructura cuatripartita es siempre exigible desde el inconsciente, para la construcción de un ordenamiento subjetivo. (A declinar esta frase nos dedicaremos este curso).

El sujeto del inconsciente se ordena siguiendo una estructura cuaternaria, y los esquemas de Lacan respetan y satisfacen esta exigencia de construcción. Los esquemas no son la estructura pero responden a esta exigencia.

Los términos exigencia y ordenamiento forman parte de lo mismo, pues se trata de obedecer por una parte a la construcción de los ordenamientos subjetivos, en los que hay libertad de invención, pero dicha invención no deja de responder a una exigencia de coherencia y demostración.

Un buen ejemplo es el relato de casos, una disciplina que practicamos los lacanianos desde hace mucho. Es una práctica que se impuso recién después de la disolución EFP. En la presentación de casos estamos de lleno en la construcción que hace el analista, y su propio caso como analizante está en juego latentemente.

Ya para concluir, el ordenamiento subjetivo es la traducción lacaniana de la noción freudiana de construcción. Se trata pues, de construir el ordenamiento subjetivo del caso.

Dejamos para otra ocasión el argumento que a continuación desarrolla Miller, el hecho de que el fundamento del principio del cuatro lo encontramos en la distinción entre el Yo y el Sujeto.

 

Notas y referencias bibliográficas:

[1] Intervención en el Módulo de la Sección Clínica-Nucep del 25/11/17, dedicado a la lectura y comentario del Curso de Orientación Lacaniana de Jacques-Alain Miller (antes llamado “Seminario de los Sábados”). En este caso nos dedicados al de los años 1987/88 inédito, titulado “1, 2, 3, 4”.

[2] Lacan, J. Libro I “Los Escritos Técnicos de Freud”. Ed. Paidós. p. 11.

[3] La encontrarán en Internet.