Ser loco sin estar loco

Por Jesús Rubio Campuzano.

 

vaschetto-ser-loco

 

Qué es la locura no es muy difícil decirlo, lo difícil es pensar cómo no estamos locos. Por qué no alucinamos si el lenguaje está fermentando en nuestra cabeza y cómo no deliramos si es que continuamente interpretamos el mundo con la torsión de nuestro deseo…” [1] Emilio Vaschetto.

 

Agradecimiento:

Tuve la suerte de conocer al Doctor Emilio Vaschetto [2], una tarde de Abril, en la acogedora ciudad de Barcelona, después de un día de Congreso [3]. Un colega y amigo, Jonathan Rotstein, me telefoneó comunicándome que había quedado con el Letrado Vaschetto para hacerle una entrevista y si quería acompañarles. Mi respuesta afirmativa no se hizo esperar. La amabilidad y franqueza mostrada en sus respuestas hizo de una amena conversación un lugar de enseñanza. Hoy recuerdo que a la pregunta ¿Qué le deparará el futuro al psicoanálisis? El futuro se hizo perfecto, y al futuro le salió su fiel e infatigable compañero de viaje, el Pasado.

Vaschetto hizo hincapié en la importancia de la historia de la psiquiatría y su estudio para un mejor conocimiento de las enfermedades actuales; imbricación de la población y sus costumbres, sus variedades socioeducativas, su entorno urbano, su contexto político, religioso, los diagnósticos médicos, su literatura, su economía, etc. Estudios clave para la práctica psicoanalítica. Relación entre lo cultural y sus marcas subjetivas en la historia de las personas.

Mencionado encuentro alentó la difícil tarea de seguir propagando el Psicoanálisis, práctica que sigue prendiendo el deseo de personas como el aquí presente. Arte de la escucha que nos invita a seguir cuestionándonos en la división subjetiva y la emergencia del inconsciente, en los avatares de la locura particular y su relación con la palabra. El legado freudiano hoy sigue más vivo que nunca. La esfinge de Tebas nos sigue haciendo las mismas preguntas.

 

Reseña:

Si bien es conocida la trayectoria en el campo psicoanalítico del Psiquiatra y Psicoanalísta Emilio Vaschetto y sus estudios en relación con la locura. El autor nos advierte que este no es un libro acerca de las psicosis y su ontología. No porque no se hable de ellas, si no para que nos sigamos interrogando en éstas. Tanto en la clínica, como en la estructura de las mismas; en sus signos discretos, como en su cercanía de pensamiento a la normalidad; en la manera de nombrarlas, su posible cambio de significado con el paso del tiempo, su abordaje y las precauciones a tener en cuenta. Como bien señalará, el autor en su obra, lo que se puede hacer con ellas y lo que nos enseñan, por aquello que dicen pero también por aquello que callan.

El autor nos conduce por la historia de la psiquiatría y sus estudios. En el siglo XIX alienistas como Philippe Pinel, Ulysse Trélat entre otros destacaban la posibilidad de una locura sutil, formas de alienación que se asemejaban a la normalidad. La nomenclatura de la locura será variada – excéntricos, descarriados, maniacos, abúlicos, locos, desorientados … La historia confirma el uso de la psiquiatría ya como organismo de control y su función represora. Así Vaschetto nombra el tratado de Ulyses Trelat (1867) sobre la Locura Lúcida. Más allá de su función represora y desafortunada, la trama pudiese ser detectivesca o inquisidora. Así los psiquiatras-policías (así los nombra por su función), en el siglo pasado en Francia, debían encontrar los rastros de la locura para que estos individuos se mantuvieran alejados de las buenas familias [4]. Pero la locura se esconde, ante la persecución, el alienado encubriría su conducta. Así vemos, en nuestra opinión, que el loco es astuto. Se podría añadir “se es loco, pero no tonto o por lo menos no tanto”.

Habrá locos que no enloquecen, impermeables al tipo clínico como a su categoría. Para algunos alienistas (Trélat y Moreau de Tours entre otros) los locos lúcidos, excéntricos, eran incurables y no tenían conciencia de su estado. Serían Sujetos que por la naturaleza de sus actos razonables y lógicos se excluyen de clase o tipos clínicos específicos. Para Emilio Vaschetto serán ellos los que empujan con la “marca de su espíritu” a inventar una clase. Buen ejemplo de lo que Jaques Lacan llamaría sinthome [5]. Ejemplo claro de la clínica a partir de Lacan, como solución que muchas veces trae el paciente, más allá de una forma de nombrar.

 

Denominar lo-cura o no:

Distintos enfoques encontraremos en el texto de designar, desde Foucault y su definición de la locura como “lo otro de la razón”, al enfoque de Pinel donde matizará que los alienados más o menos razonan todos. Creencias donde la enajenación podía tener relación con órganos enfermos, ya no solo con el cerebro. Enfermedades nerviosas, del corazón, de pulmones, de los órganos sexuales. Encontraremos también Sintagmas retóricos para nombrar los opuestos- Oxímoron-, El Docto autor nombra, de esta manera, aquel decir sobre las enfermedades de algunos alienistas –psicosis con conciencia, locura lúcida, manía sin delirio, locura moral– aquello que desembocará en lo que hoy se investiga como –psicosis normalizadas, psicosis ordinarias, psicosis actuales– entre otras formas de nominar. Formas identificatorias como el término, acuñado por Helene Deutch, “como sí”, “la vivencia subjetiva de vacio o casos fronterizos –borderline-” de Otto Kernberg, así como la designación de “psicosis blanca” de André Green.

En el desarrollo de la nomenclatura histórica psiquiátrica-psicoanalítica, diferenciará los dos modelos clásicos en la clínica. Uno categorial, sincrónico y discontinuo (partición estructural que elegida por Freud para el psicoanálisis – neurosis, psicosis y perversión–) límite claro entre normalidad y locura. Otro más elástico, dimensional y continuo presente en la psiquiatría donde las fronteras no son tan claras (propone una zona gris y categorías intermedias borderlines) como se puede comprobar en el DSM V. Qué dirá, éticamente, Emilio Vaschetto, acerca del psicoanálisis de orientación lacaniana, al respecto:

“La propuesta del programa de investigación de las psicosis ordinarias abrió una salida a la perspectiva y ya mecanizada del modelo estructural, a la vez que recrudeció otras como las de distinguir a quien es psicótico de quien no lo es. Lo que no se ha advertido hasta aquí es que, si uno sigue la lectura atentamente de Jacques Lacan, su orientación hacia el final es otra. Mientras la perspectiva estructural ponía en tensión la psiquiatría clásica y los hechos del lenguaje estableciendo una correspondencia estructural (el debate sobre los fenómenos elementales, el lugar del delirio, la no comprensión, etc.) la perspectiva de la clínica continuista deposito su interés en las formas de suplencia o de solución. Por lo tanto, su orientación final es posclínica (según la acepción de Jacques-Alain Miller) o pospsicopatológica. Ya que su perspectiva es el funcionamiento”.

“Es evidente que el furor terapéutico, que empaña la práctica de hoy, se apuntala sobre la noción de déficit y no sobre las novedosas formas de invención sinthomatica. Estas “psicosis sin locura” que hemos reseñado, estas Locura sine locura” deberían servirnos para poder abrir nuestra escucha hacia otras soluciones sintomáticas y así ayudarnos a saber acompañar en las construcciones a las que ciertos sujetos han arribado sin necesariamente nuestra ayuda. Solamente es que quizás ellos aún no lo saben, pero la mayoría de las veces tampoco nosotros” [6].

 

Lacan, un buen espejo donde mirarse:

Emilio Vaschetto nos recuerda que Jacques Lacan, en su “Breve discurso a los psiquiatras”, interpeló a los profesionales de la salud mental, en el ámbito de las instituciones psiquiátricas, donde el practicante se ocupaba cada vez menos del loco, el cual debería ser un punto central de interrogación. El no ocuparse del loco sería correlativo a las barreras defensivas que se interponen entre él y el practicante, defensa que surge contra la angustia. Y si el loco angustia es porque le concierne al practicante.

Insiste con el psicoanalista francés, según palabras del autor, que criticaba la psiquiatría, ya que, al ingresar en la medicina, había quedado capturada en el “dinamismo farmacéutico”. Pero puntualiza que éste no reposa sobre ningún real, y por extensión las personas adquirirían un plus de sentido con el fármaco. Así la forma de nombrar de los medicados “me falta vitalidad, estoy muy arriba, necesito algo…” El autor destacará, en el psicoanálisis, la posibilidad de poner en suspenso el sentido, privilegiando el objeto de la angustia, para no dejarnos engañar, remitiéndonos al seminario de La angustia de Jacques Lacan. Cito literalmente la frase referenciada en el texto:

“Un ‘hilito’, así llama Lacan el servirse, en la formación, del lenguaje, servirnos de él. Servirnos del significante (envoltura formal), del signo (la voz, la angustia), de lo que ‘hace sujeto’, de esa fábrica del deseo” [7].

Emilio Vaschetto continuará con su crítica en el campo de la salud mental y su mala praxis autoritaria para borrar al sujeto, ya no sólo en la utilización de los psicofármacos sino como forma represiva y de coerción. Desechando el saber del loco e imponiendo la sordera profesional. Terminará el apartado de la siguiente forma alentadora:

Para el psicoanálisis esa angustia es un emplazamiento para responder ante la existencia del loco con un deseo de saber” [8].

 

Divina explicación sobre el desorden:

A la ya conocida frase -Se trata aquí de un desorden provocado en la juntura más intima del sentimiento de la vida en el sujeto- en el texto “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” de Jacques Lacan y su posterior investigación por Jacques-Alain Miller en su artículo “Efecto retorno sobre las psicosis ordinarias”.

Vaschetto nos indica, al respecto, que hay un cuerpo que en su dimensión imaginaria se haya conmovido por la pulsión y que será el falo lo que permite dar sostén a la realidad – recordará aquí el Esquema R de Lacan– y que el sentimiento de la vida forma parte de esa significación. La ausencia de esta significación produciría esa falta de fundamento en la existencia. Este sería el debilitamiento o perdida del impulso o fuerza vital para algunas psicosis. Por qué en la juntura más intima del sentimiento de la vida, y no en el sujeto preguntará Vaschetto. Siguiendo en el texto, los antecedentes en Freud y su “sentimiento de nuestro sí-mismo” como fachada yoica en El malestar en la cultura, y la expresión de Lacan “en la mentira del sentido de la vida en el sujeto” El Seminario 23, El sinthome. El autor contestará que:

La juntura no puede estar nunca en el sujeto, pero sí en el apego a la vida que provee la significación fálica.

El efecto de negativización del lenguaje condiciona la existencia o la vida del deseo y por consiguiente, determina en cada sujeto el sentimiento de la vida” [9].

 

La psicosis como normalidad:

Emilio Vaschetto inicia su apartado La Generalización del automatismo mental [10] con la siguiente frase del Seminario El sinthome de Jacques Lacan:

¿Cómo es que todos nosotros no percibimos que las palabras de las que dependemos nos son, de alguna manera, impuestas?”

El autor recuerda que, para Lacan, tratándola bajo una lectura estructural, propuso elevar a la normalidad la psicosis, eso sí, teniendo como eje central el automatismo mental. Dirá que cada sujeto está desdoblado en su carácter de receptor del propio lenguaje que habla. Y aclara que el neurótico es alguien que está en posición de no tomar en serio la mayor parte de esté discurso (Lacan, Seminario 3, Las psicosis), y la maniobra analítica estará articulada sobre ese fondo extranjero del lenguaje, de significantes privilegiados, para comprometer al sujeto a responder por ellos. El psicótico, en cambio, se toma en serio ese logos de su propiedad privada [11].

 

Opinión personal:

Después de la lectura del texto, os aliento a la misma encarecidamente. Encontré en el libro Ser loco sin estar loco, una invitación a seguir investigando. Libro lleno de referencias con colegas experimentados y su manera de pensar la locura en su dilatada experiencia. Con un exhaustivo recorrido histórico sobre la psiquiatría y el psicoanálisis en los últimos dos siglos, tanto en Europa como en América, especialmente en Argentina, su tierra natal. Con ejemplos clínicos recurrentes sobre la materia elaborada y su posible tratamiento.

Para finalizar, como ejemplo del uso poético de la palabra del psiquiatra y psicoanalista, Emilio Vaschetto, os remito a su texto que es quien mejor nos hablará de él:

El lenguaje lo hace todo, desde enloquecernos hasta deshacernos de nuestros padecimientos, desde soñar hasta imaginar, hace vibrar las palabras en el amor hasta congelarlas en el odio inveterado. El lenguaje lo hace todo, todo menos uno: gozar (…) Sólo el psicoanálisis contempla la extraordinaria alternativa de una locura sin locura” [12].

 

Notas:

[1] Vaschetto, E. (2018). Ser loco estar loco, pág. 11. Buenos Aires: Grama.

[2] Emilio Vaschetto es médico psiquiatra y psicoanalista miembro de la EOL, de la AMP y del Centro Descartes. Docente adscripto del Dto. De Salud Mental de la facultad de Medicina (UBA). Miembro fundador de la Red Iberoamericana de Historia de la psiquiatría y presidente honorario del Capítulo de Epistemología e historia de la psiquiatría (APsA).

[3] XI Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Las psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia. Sitio web: https://congresoamp2018.com

[4] Vaschetto, E. (2018). Ser loco estar loco, pág. 14. Buenos Aires. Grama ediciones.

[5] Ibíd., pág. 17.

[6] Ibíd., págs. 26-27.

[7] Ibíd., pág. 39.

[8] Ibíd., pág. 39.

[9] Ibíd., pág. 45-46.

[10] Ibíd., pág. 115.

[11] Ibíd., pág. 115.

[12] Ibíd., pág. 115.