Topología lacaniana y el cuerpo

Por Ariadna Eckerdt.

 

El presente escrito se propone articular algunos aportes de la topología con las contribuciones realizadas por Lacan en torno al concepto de cuerpo en su enseñanza, la propuesta es un pequeño abordaje sobre estos conceptos, que invitan a introducirse en el mundo de la topología.

Sabemos con Lacan, que el cuerpo es una construcción, no es algo dado biológicamente; diferenciando de esta manera el cuerpo del organismo; en el texto el “estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Lacan evidencia esto, diciendo que el infans, nace en un estado de prematuración, debido a la falta de desarrollo del aparato visomotor, por lo cual sentirá su cuerpo como fragmentado sin poder realizar una unidad entre ese cuerpo y el sí mismo; es por medio de la identificación a la imagen unificada del otro semejante que logra una unidad corporal, ya que éste se convierte en el espejo que devuelve una imagen de sí mismo unificada como gestal, para que este integridad se complete será necesario la confirmación del gran Otro, matriz simbólica del sujeto; por ende el cuerpo se coagula en torno al campo del Otro, lo que se percibe del propio cuerpo, es aquello que el Otro significo del mismo.

Si se toma el esquema L desarrollado por Lacan, se puede ver como el sujeto se constituye por medio de su extensión en los cuatro vértices que lo componen, uno de ellos es la relación a-a’, vector que define la relación imaginaria donde se construye el yo en relación a los objetos y el otro semejante; pero como antes se expreso debe venir una confirmación de esa imagen, esto lo aporte el lugar del gran Otro, sede del código, tesoro de los significantes, que queda evidenciado en el vector S-A, donde se produce la intervención del lenguaje que generara la castración del sujeto, marcándolo como un ser en falta, en la cual queda un resto imposible de significar que Lacan nombrara como objeto a; Granon-Lafont dice: “la relación simbólica (…) articula una cadena significante, comienza con un apoyo sobre un objeto sin imagen especular cuyo prototipo es el disco que lleva el punto Φ tal como se desprende del cross-cap” esta estructura será la que permitirá el acceso al objeto de deseo por medio de la formulación del fantasma ($<> a), entiendo que es la relación del sujeto al objeto, que queda y puede ser graficada por la unión de una banda de moebius y una esfera que dan el cross-cap.

Ahora para Lacan los objetos sin imagen especular, serán la boca, el ano, la voz y la mirada, los mismo objetos que tienen su soporte en restos del cuerpo, que remiten a la pulsión que marca al organismo más allá de la función de sus órganos, por lo mismo “a través de estos objetos a, el cuerpo está presente por sus orificios. Los agujeros del organismo prestan su borde a construcciones de las que las estructuras topológicas dan cuenta. Estas son organizaciones del agujeros y ponen en forma el espacio del agujero”.

Por lo antes expresado, Lacan se sirve del Toro que representa las heces, la esfera que permite pensar el pecho, el cross-cap y la botella de Klein son soporte de la mirada y la voz, es decir que “son objetos cuyo eje de simetría interna hace que sean su propio inverso (…) estas superficies rebasan la distinción derecha-izquierda”. Tomando como referencia el elemento espejo desde su literalidad, podemos observar que en el mismo, “el objeto y su imagen invertida son idénticos. La torsión derecha se vuelve torsión izquierda pero los dos se perciben como si fueran lo mismo”, es decir que el sujeto que se percibe en el espejo, reconoce su imagen como tal por más que la misma se encuentre cambiada de direccionalidad, es decir estamos frente a una imagen especular, i (a), Lacan dirá:

“i minúscula de a minúscula [i(a)] y a minúscula, su diferencia, su complementariedad y la máscara que el uno constituye para el otro (…). i minúscula de a minúscula, su imagen, no es por lo tanto su imagen: ella no lo representa, a este objeto de la castración, ella no es de ninguna manera ese representante de la pulsión sobre el cual pesa electivamente la represión, y por una doble razón, es que ella no es, esta imagen, ni su Vorstellung, [idea] puesto que es ella misma un objeto, una imagen”.

Ahora los objetos a, objetos sin imagen especular, son los que se encuentran ante la intervención del lenguaje en el sujeto; es este atravesamiento que hace “caer” los objetos, causa de deseo; esto se debe a que antes del estadio del espejo, los objetos pulsionales, constituían el cuerpo en zonas erógenas, donde el yo-no yo todavía no se encontraba en funcionamiento, generando un desorden en torno a los objetos de la etapa autoerotica;

Cuando se produce el estadio del espejo se produce una unidad imaginaria virtual y los objetos pulsionales se convierten en resto. Los pedazos del cuerpo original son aprehendidos en el momento en que la imagen del cuerpo, i(a) en el esquema óptico, tiene ocasión de constituirse. Se produce la ilusión, necesaria, de que lo imaginario contiene lo real y que lo real puede situar lo imaginario (esquema R). Allí estos objetos pulsionales se prestan a cumplir la función del a, en tanto representan una parte de su cuerpo que se desprende de la totalidad imaginaria y que el sujeto considera un pedazo esencial de sí mismo.

Entonces nos encontraremos con dos tipos de imaginarios “el falso imaginario remite a las ilusiones necesarias del espejo; el verdadero remite al fantasma, al deseo, a la angustia”, las imágenes especulares se servirán del esquema óptico utilizado en el primer seminario de Lacan, donde se constituye el yo del sujeto por medio del reflejo que devuelve el otro y la matriz simbólica del gran Otro que aloja al sujeto, y las imágenes no especulares que no presentan un reflejo que se verán en la botella de Klein, el toro y el cross-cap, elementos de la topología lacaninana.

De esta manera, se puede comprender como la topología “sintetiza, resume diversos aspectos retomándolos en una misma toma de sentido sincrónica, estructural (…) permite sacar a la luz la operación, el funcionamiento de los conceptos entre sí y (…) por esto ella es la estructura”, es así como la topología permite pensar en dos tipos de imágenes que hablan del cuerpo, una como reflejo en torno a la unidad del sujeto por medio del yo (je) y la otra a las partes de ese cuerpo recortado por la pulsión que remiten al síntoma, al goce, etc. que se encuentra en el objeto a, de esta manera el cuerpo puede ser una unidad o una parte que construye el sujeto que lo habita.

Esto lleva a pensar de qué modo abordamos en el consultorio a ese cuerpo que el sujeto porta, ¿tiene pertinencia reconocer si estamos frente a fenómenos psicosomáticos, histerias de conversión o fenómenos de cuerpo de la psicosis?, ¿será relevante o no pensar en el diagnostico?, ¿Qué cuerpo pensamos en torno a los nuevos modos de sexualidad que se presentan en la clínica? ¿Dentro de que categoría incluimos los nuevos diagnósticos médicos que se quedan sin respuesta pero remiten al órgano dejando por fuera al sujeto?

Queda pendiente a partir de este breve recorrido nuevas indagaciones e interrogantes que interpelen la clínica y los conceptos teóricos a la luz de la topología lacaniana.

 

Bibliografía:

– Granon-Lafont, J (1999) Topología básica de Lacan, Buenos Aires, Ed, Nueva Visión.
– Lacan, J (2002), El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica, en Escritos 1, México, Siglo XXI.
– Lacan J. (2002) Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano en Escritos 1. Madrid: Siglo XXI, 1.977.
– Lacan, J (1961-1962) Clase 26: Miércoles 27 de Junio de 1962 en Seminario 9: La identificación, Versión Critica.