“Vida de lacan” una intervención elevada al estatuto de un paradigma.

Por Susana Schaer.

 

Vida de Lacan. Escrita para la opinión ilustrada” es una exquisita obra, con múltiples matices, que nos ofrece una experiencia intensamente singular, no solamente por la maestría del autor, los delicados recursos literarios utilizados que hacen vibrar al lector, sino también porque se trata de un texto claramente psicoanalítico, lacaniano, respetuoso de quien es referencia, que demuestra cómo un Lacan vivo, analizante, aún, transmite su enseñanza.

 

Una intervención elevada al estatuto de un paradigma.

Ante el discurso del amo antiguo cuya estructura era la misma que la del inconsciente, Lacan señalaba que el psicoanálisis se ubicaba como su envés, pudiendo así interpelar, analizar, interpretar, responder de un modo subversivo al malestar de su época.
Pero, en la época en que el discurso del psicoanálisis y el discurso hipermoderno convergen, ¿qué lugar para el psicoanálisis, cómo intervenir?

En tal sentido el texto de Miller “Vida de Lacan” nos ofrece algunas pistas.

Ante eso que empuja, pleno de goce, obsceno, -en la sociedad del espectáculo, donde la distancia entre lo público y lo privado se desvanece y arrastra a los sujetos- el psicoanálisis o Lacan con su enseñanza, no poseen ningún privilegio. Bajo un modo difamatorio, – que no es casual tratándose de Lacan- tal embestida, puede tomar la forma, por ejemplo, de una biografía hipermoderna.

En este sentido Miller calculó el peligro con respecto no sólo al autor, individuo real Lacan, sino a lo que define Foucault como la función autor, en tanto instaurador de un discurso. Donde aparece como un gesto, no dicho, inexpresivo, garante de su propia falta, generador de un vacío legendario del cual procede toda escritura y discurso, en este caso el de la orientación lacaniana.

Por otro lado explica Miller que “si se difama tan fácilmente a Lacan, es por su rebelión contra lo que vale “para todo x”, su rebelión contra un universal perezoso” tal como es propuesto en la actualidad. Y señala que esta posición de “un hombre rebelado contra el universal, no deja de tener afinidad con la de las mujeres”. Lo que es demostrado en su álgebra, planteando el principio universal “A la mujer, se la difama” “On la diffame”, “On la dit- femme” es decir, se la llama mujer, y esto es de estructura. Y el psicoanalista y el psicoanálisis poseen una posición feminizada, y esto también es de estructura.

 

La invención y la práctica lacaniana.

La biografía citada, incitaba a defender a Lacan, a la persona de Lacan, tal como le solicitaron a Miller sus amigos y colegas. Éste responde en varios planos, entre ellos con los recursos legales que propone la sociedad -con una demanda y un juicio que gana-, como así también a partir de la escritura de un texto: “Vida de Lacan”. Esta respuesta no se realiza por la vía de una “biografía oficial” que alimentaría el plus de goce, donde una demanda enloquecida, teñida de exceso, haría aparecer lo peor, lo obsceno, la teatralidad imaginaria, lo cotidiano del personaje, como así también, tal como lo señala Miller, lo servil y el tono burlesco de quien se encargue de su escritura. Lo que llevaría sin duda, en un marco de rivalidad imaginaria, a una discusión sin fin. Tampoco, como plantea Miller, puede responderse a partir de una biografía, ya que el psicoanálisis se resiste a lo autobiográfico, dado que la verdad que podría allí plantearse, se sabe que es mentirosa.

Por lo tanto, haciendo un esfuerzo poético, efectúa en acto, una intervención que puede leerse desde varias vertientes. En vez de responder defendiendo a Lacan, responde desde otro lugar, no exponiéndolo en tanto objeto de consumo, sino dignificándolo como sujeto en pleno derecho.

Miller eligió al modo de una elección forzada, en tanto analista, la invención lacaniana del dispositivo del Pase (lo más cercano al relato de una vida desde el psicoanálisis), para finalmente en tanto “Pasador”, mediante un gesto, con el dedo índice en los labios, con un “Shhhh” frente a la opinión ilustrada, dar la palabra a Lacan.

En el vacío de su silencio, en el agujero que genera en el saber lo real, da la palabra a Lacan, autoengendrándose como sujeto, haciéndolo vivir. Es decir, lleva al caput mortum, al desecho, a la condición de sujeto que responde por sí, que se hace responsable de su deseo y de su goce. Haciendo aparecer al sujeto deseante, al Lacan analista, al Lacan enseñante.

Se trata de una ilustración bellísima del aporte del psicoanálisis, de cómo maniobrar ante el discurso de la hipermodernidad. Donde en la era del pleno de goce, abrir el agujero del deseo, el vacío que supone la castración, implica dar a los sujetos hoy la posibilidad de pensar. El psicoanálisis se muestra entonces como un tratamiento posible a los sujetos afectados o sumidos en el seudo-discurso hipermoderno.

Por eso Miller expone “dejé su persona para hablar de su enseñanza, para universalizarla” y ese era el deseo de Lacan, su “Yo quiero”.

 

Bibliografía

– Roudinesco, E. (2012). “Lacan: esbozo de una vida, Historia de un sistema de pensamiento”. España: Fondo de cultura económica.

– Miller, J-A. (2011). Vida de Lacan. España: Gredos.

–  Miller, J-A. (2012). Punto cenit: Política, religión y psicoanálisis. Buenos Aires: Colección Diva.

– Freud, S. (1981) Consideraciones sobre la guerra y la muerte, En Obras Completas, Tomo II. Madrid: Biblioteca Nueva.

– Najles, A. R.  (2013). El malvivir actual, o los cuerpos hoy. En Aperiódico Psicoanalítico N° 24 “El cuerpo en el siglo XXI”. Buenos Aires.

– Agamben, G. (2005). Profanaciones. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.