Ana Ruth Najles

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  • “…en la transmisión uno no sólo transmite conocimiento sino, fundamentalmente, una posición respecto del deseo y del goce, se transmite una posición de enunciación”.
  • “…El psicoanálisis va más allá de la curación de los síntomas: el psicoanálisis propone un modo de vida con los otros”.
  • “Tenemos que lograr hacer que nuestro discurso llegue más allá de las fronteras de nuestras instituciones de una manera legible”.

 

Ana Ruth Najles es Analista Miembro (AME) de la Escuela de la Orientación lacaniana (EOL) y de la Asociación Muncial de Psicoanálisis (AMP). Docente del Instituto Clínico de Buenos Aires(ICBA). Autora, además de múltiples artículos publicados en distintos medios del país y del exterior, de los libros: Una política del psicoanálisis -con niños-, Ed. Plural, Bolivia, 1996; El niño globalizado. Segregación y violencia, Asociación del Campo freudiano de Bolivia y Ed. Plural, Bolivia, 2000.

 

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Punto de Fuga: ¿Quién es Ana Ruth?

Ana Ruth Najles: ¡Qué pregunta! (risas). Es todo un análisis lo que lleva responder a esa pregunta, en tanto los neuróticos no sabemos nunca quiénes somos. De pronto eso nos lleva a un análisis ¿quién soy?, ¿qué soy para el Otro? Yo debo decir que esa pregunta, a lo largo de muchos años de análisis, se ha ido respondiendo.

Puedo decir que me dedico al psicoanálisis, soy practicante del psicoanálisis, desde hace muchos años, no te voy a decir cuántos, pero muchos. La coquetería femenina no me lo permite (risas). Hace muchos años que estoy en relación con el Campo Freudiano. Yo estuve en instituciones lacanianas desde muy jovencita, y me analicé con analistas lacanianos desde muy joven en Buenos Aires, soy argentina. Viví muchísimos años, hasta hace un año, en lo que es una especie de paraíso del psicoanálisis, comparado con España o incluso Francia, u otros lugares. Tengo una larga historia de relación con el psicoanálisis en mi familia, y en mi entorno.

La cuestión es que después de estar en distintas instituciones analíticas, en 1987 entre en una institución fundada por Germán García, a su vuelta de Barcelona, que se llamó la Biblioteca Internacional de Psicoanálisis, y me empecé a dedicar a la transmisión del psicoanálisis, es decir, a la enseñanza, a la escritura y luego, en el momento en que se funda el movimiento hacia la Escuela en 1991, participe de él e ingrese como miembro de la Escuela de la Orientación lacaniana desde su fundación. Esta se produjo a principios de enero de 1992, y en Febrero de ese mismo año se fundó en París la AMP, en un acto en la casa de Jacques-Alain Miller en el que también participe. O sea que siempre estuve en la AMP y en la Escuela.

Siempre me he dedicado a la transmisión. He formado parte del primer secretariado del Pase en Argentina. Y después, ya como AME, fui más uno de un Cartel del Pase, y como ex más uno estuve en otro Cartel del pase, he transitado por todos los estamentos del dispositivo del Pase, he formado parte de muchos colegios del Pase. He sido presidente de la EOL, he formado parte de la Comisión de la garantía de la EOL. Son muchísimos años: Desde 1992 hasta 2016.

Fui la de la Secretaría de admisión del Consejo, en su momento también; he participado de todos los estamentos posibles de trabajo de y de transmisión de la Escuela. Incluso, la Secretaria de Admisión tiene que ver con la transmisión en el sentido de que se busca que aquel que demanda su ingreso a la Escuela lo haga a partir de su transferencia al psicoanálisis y a su análisis personal y que lo pueda demostrar en el momento en que pide ingresar..

Digamos que nunca deje de trabajar en la Escuela, he formado parte de múltiples Carteles como más uno, también como integrante. He trabajado mucho tiempo, he dado clase desde siempre, a título personal, por ejemplo en seminarios propios, y he dado clase también en el ICdeBA, que es el equivalente argentino del NUCEP. He dado clases también en el IOM, que es el Instituto Oscar Masotta que enseña por todo el país donde no hay Sede de la EOL, y he viajado por el psicoanálisis a dar Seminarios en Montreal, en México, Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador … He viajado mucho por el psicoanálisis, transmitiendo el psicoanálisis, que es lo que me parece que sigue la indicación de Freud de llevar la peste a donde se pueda… ¡Y a donde no se pueda también! (risas).

He publicado 4 libros, el primero en 1996, titulado “Una política de psicoanálisis –con niños-” entre guiones porque lo que pongo en juego en ese libro es que la política del psicoanálisis es una sola, más allá del parletre que nos consulte, el psicoanálisis es uno: lo practiquemos con niños, con adultos, con adolescentes, etc. Hablar de “psicoanálisis con niños” es un modo de apropiarse de los significantes de la cultura, generar transferencia hacia nosotros a partir de los significantes del otro, como por ejemplo el autismo que es un significante de la cultura que ha sustituido, a mi parecer, al término de psicosis infantil, y entonces tratamos autistas. Es un modo de responder a las imposiciones del mercado de una manera que permita que el psicoanálisis siga funcionando en una época donde impera un discurso pseudocientífico y anti-psicoanalítico (neurociencias y cognitivismo).

El otro día me mandaron un texto que le hicieron a un cognitivista hablando contra el psicoanálisis (https://blogs.publico.es/strambotic/2018/09/entrevista-ramon-nogueras/ ). Hay que luchar contra la necedad. Es el factor más difícil con el que tenemos que vérnoslas. Tenemos que luchar contra la debilidad mental, esa posición de no querer saber nada: Hay pastillas, formulas y se usan esas pastillas y esas fórmulas para que nadie se entere de nada y para desresponsabilizar a cada ser hablante.

El psicoanálisis es una praxis difícil porque conduce al sujeto a hacerse responsable de sus actos y de sus pensamientos, como decía Freud. El afirmaba que el sujeto reprime porque es más moral de lo que cree, pero también reprime porque es menos moral de lo que cree. Entonces, es contra eso que el psicoanálisis empuja para que cada quien se haga cargo de su goce y de su deseo. Es una batalla diría como la de “San Jorge contra el dragón”, una batalla difícil.

A lo largo de los años también he escrito mucho. He publicado múltiples artículos en Argentina y en el exterior, incluida España, así como cuatro libros: “Una política del psicoanálisis -con niños-“ en 1996, “El niño globalizado. Segregación y violencia”, en 2000, “Problemas de aprendizaje y psicoanálisis” en 2008 y “Delicias de la intimidad. De la extimidad al sinthome”, 2014. Como ven, dos de ellos llevan el significante niño en el título y el otro lo sugiere. Me interesa tomar ese sesgo porque un gran problema de esta época es que el niño es el consumidor más consumido del mercado, es muy atacado por la tecno-ciencia en el sentido de que lo destruyen desde chiquito, lo vemos en las medicaciones que han inventado para vender (Ritalín, Concerta, etc.) y todos los síndromes que inventó el DSM para los laboratorios farmacéuticos, porque los niños, naturalmente, son inquietos, pero nadie entiende que un niño es un niño, que salta, trepa y que no puede estar 8 horas sentado en un colegio sin moverse.

Punto de Fuga: Se medica la pulsión…

Ana Ruth Najles: Claro, sí. Se medica para evitar que el niño desarrolle sus circuitos para tramitar la pulsión. Para que esté inmóvil y no moleste. Me dediqué a publicar bastante libros relacionados con los niños porque los laboratorios farmacéuticos se dedican a dopar a los niños, para que no sean niños. Pero un niño necesita jugar, necesita saltar, jugar a la pelota o a la lucha como hacen los varones, un niño necesita hablar, moverse, sin embargo “un niño que habla mucho, o un niño que se mueve mucho es un problema” en las escuelas y los hogares.

Para mí es muy importante dedicarme a la transmisión porque en la transmisión uno no sólo transmite conocimiento sino, fundamentalmente, una posición respecto del deseo y del goce, se transmite una posición de enunciación. Y lo que a mí me interesa es ver los efectos que mi posición de enunciación tiene sobre otros. No se trata de ser un/a sesudo/a que te cuente muy bien el nudo borromeo (y ojo que yo lo uso a mi manera, porque para mí es un elemento, por ejemplo, para tratar de situar el psicoanálisis del parletre) pero lo que más me interesa es generar entusiasmo, el entusiasmo por la relación con la casusa analítica.

Me he analizado y me analizo: vuelvo al análisis, como decía Freud para “dar una vuelta nueva” y no concedo tregua a la impostura, es decir, al “como si”. Se trata de no promover un semblante vacío de posición o de formación, por ejemplo, de quienes salen de la facultad y ya dicen “soy analista”, pero resulta que no se analizó nunca, que no supervisó nunca, que no estudió nunca a Freud, a Lacan, a Miller pero dice “soy analista” y entonces se sienta en un sillón y ‘se cree’ que es analista.

Punto de Fuga: Luego son, precisamente, quienes hablan de intrusismo profesional…

Ana Ruth Najles: Tal cual. Entonces en ese sentido me parece que hay que ser rigurosos, pero no rígidos: rigurosos en cuanto a que, lo que se transmita, sea lo más ajustado a la praxis que llevamos a cabo, y que lo que se transmita no sea justamente una impostura donde al analista no se lo ve. ¿Esto qué quiere decir? Que si se pretende transmitir un caso clínico no se trata de ir a relatar elementos de lo que dijo el paciente, de lo que no dijo, de lo que hizo, de lo que no hizo… Eso no es un caso clínico. Un caso clínico es aquel, y esto lo dice Miller, lo dice Laurent, lo dice Lacan (y Freud no lo dijo pero lo dio a entender con su modo de escribir sus grandes historiales): un caso clínico es esa secuencia en la que se muestran los efectos del acto analítico, vale decir, en donde se manifiesta la posición del analista en cada momento.

Si bien fracasó desde el punto de vista terapéutico en todos su casos, Freud estaba inventando el psicoanálisis, investigaba sobre la práxis misma, pero la cuestión de que el analista, como tal, como eso que sostiene la cura estuvo siempre presente en su posición respecto de la transferencia. Con Lacan, ya sea como Sujeto Supuesto Saber a nivel simbólico, ya sea cómo objeto a en una época de Lacan en tanto supuesto real, ya sea como Sinthome, en la última enseñanza de Lacan, el analista en la cura ocupa esos lugares pero, después, tiene que dar cuenta de qué quiere decir eso.

Entonces, presentar un caso como un relato de dichos de un tipo que va a decir lo que puede ante otro que lo escucha, no es un caso. El caso es lo que un analista pudo hacer o producir como efectos sobre esos dichos, para que esos dichos se transformen en otra cosa, en algún acto que le permita, al que viene, dejar de sufrir lo que sufre. O sea, hacer otra cosa con el sufrimiento y, en ese sentido, a mí siempre me enseñó mucho una frase de Lacan del Seminario 24, donde dice que un psicoanálisis tiene que ir hasta el punto en que alguien está contento de estar vivo. No es fácil, ¿eh? Desde el lamento del niño neurótico respecto de ¿por qué habré nacido? , o en la histeria respecto de ¿por qué habré nacido mujer y no varón? , ese lamento debe poder transformarse en el curso de los años en un “Qué suerte que estoy vivo y puedo aprovechar esto”. No es fácil ni con los neuróticos ni con los psicóticos.

La cuestión es cómo hacer para que alguien no sólo venga a tener un efecto catártico en las sesiones. Si el analista no existe ahí para producir algún giro que le permita al que viene saber arreglárselas con ese goce que lo invade, entonces, no hay analista. Se trata de hacer lo mejor que puedo hacer con lo que sé hacer, o aprender a hacer a partir de lo poco que sé. Y no hay que olvidar nunca que cada caso es siempre un nuevo caso y que, entonces, uno empieza cada psicoanálisis desde cero.

Realmente uno puede aprender mucho si se deja enseñar por la práctica. Si se es dúctil a la práctica y si no se va con fórmulas. Me pasa lo mismo con la enseñanza, yo aprendo mucho cuando enseño. Es la única manera, por eso yo siempre enseño, ya sea en la Escuela, en los Carteles, en los grupos de investigación, etc. Asumo una posición analizante –que es la del enseñante- y me dejo enseñar por eso que enseño.

Nunca tuve una posición pasiva, ni siquiera en la universidad, ni siquiera en la escuela primaria (risas). Es un estilo de relación con el saber, y en ésta época en que la relación con el saber no tiene ningún valor (ya que todo lo que se cuenta esta en internet y ya no hay que saber nada, sólo tocar botones) es muy difícil generar ese deseo de saber que tiene que ver con la práctica analítica. Por eso el porvenir del psicoanálisis no está asegurado. Si no hay deseo de saber acerca de lo que a uno lo aqueja, acerca de su causa, aunque la causa este perdida (de eso ya se enterará después)…no hay análisis posible. La cuestión es que la gente es aplastada por el discurso capitalista que propugna la debilidad mental o una locura imparable que no tiene salida.

Entonces, me parece que el psicoanálisis es la gran subversión del sujeto en el sentido de que es la gran oportunidad para un sujeto de hacerse parletre, serhablante, y de responsabilizarse de lo que hace y dice. Ser un sujeto de pleno derecho y no un objeto del mercado o de la bio-política. De ahí que el psicoanálisis tiene ahora un valor tan importante porque el psicoanálisis rescata lo más digno del ser humano. Por eso Lacan habla, al final de su enseñanza, de un amor más digno, de un amor que no sea narcisista, de un amor que sea justamente altruista. Amor en el sentido de eso que hace lazo con los otros.

Me parece que el psicoanálisis es el mejor acceso a lo mejor que pueda tener un ser hablante que es su responsabilidad. Responsabilidad respecto del goce y del deseo que lo habita. Entonces, cuando alguien dice: “es por mi papá, por mi mamá, la culpa la tiene el gobierno, la culpa la tiene mi jefe, etc.”, nadie se hace responsable de nada, todo es el “yo no fui” y eso destruye a una sociedad porque hace de una sociedad una masa de corderos que siguen al que dice “yo sí soy responsable y los conduzco”, o sino, esa desresponsabilidad hace de la sociedad actual lo que Negri llama una sociedad de individuos donde cada uno actúa según el e “sálvese quien pueda”, y en donde los lazos amorosos y la solidaridad no cuentan.

En una cultura donde ya el Nombre del Padre. O el ideal en todas sus formas, no funciona como ordenador, de lo que se trata es de ver qué puede hacer cada uno para encontrar un orden en su vida que le permita responsabilizarse de su modo de ser, y eso incluye el gozar y el decir.

Lo que interesa, volviendo al tema de la transmisión, es transmitir esto: que cada analista es un agente del psicoanálisis. En el sentido de que el psicoanálisis busca esto, que cada uno sepa arreglárselas con su goce para hacer lazo con los otros, lo cual parece fácil, pero no lo es, porque supone un largo recorrido de análisis: para llegar a reconocer el goce y consentir al goce del uno o del sinthome, vale decir, responsabilizarse de él, y después transformar eso en algo que le permita hacer lazo con el otro, porque el goce del uno es algo que nos aleja de los otros ya que es autoerótico. El psicoanálisis va más allá de la curación de los síntomas: el psicoanálisis propone un modo de vida con los otros, no contra los otros. Y con otros que son radicalmente diferentes, aceptando la otredad de los otros.

A mí me parece que la batalla que tiene que dar el psicoanálisis es sin cuartel porque si bajamos los brazos un ratito… Es una batalla ininterrumpida. Tenemos que lograr hacer que nuestro discurso llegue más allá de las fronteras de nuestras instituciones de una manera legible, porque si hablamos en lacanés nadie nos va a entender y van a decir “a estos no se les entiende, más vale dejarlos de lado”. Entonces la idea es ver cómo hacer para transmitir lo que hay que transmitir pero sin perder el rigor, hablando la lengua del otro, la del no-entendido. Es todo un esfuerzo.

Punto de Fuga: Tal vez en ese sentido, algo que funciona es poner ejemplos prácticos, “bajar la teoría al suelo”. Eso quizás abre la oreja y llega más fácil.

Ana Ruth Najles: Por supuesto. Lo que pasa es que a veces es difícil. La cuestión es cómo transmitir estas cuestiones haciéndolas vivas. Por eso digo, se transmite a partir de un deseo vivo y de un cuerpo vivo, y es lo que a mí me interesa ver en cada caso: cómo lo vivo del deseo, que es el goce (ya que el deseo está muerto, es puro vacío), cómo lo vivo del goce se transmite a través de un deseo y eso tiene que ver justamente porque no todo el mundo transmite lo vivo a través de una charla. Hay gente que te dopa a través de una charla, te aburrís y te dormís, con lo cual no te transmitió nada más que el deseo de dormir.

Punto de Fuga: Hay que provocar un deseo de despertar…

Ana Ruth Najles: Exactamente. Aunque el despertar es imposible, según Lacan, hay que intentar ir en esa dirección, la de despertar de la mejor manera posible, que en muchos caso es por medio del humor. Por ejemplo ¿Cómo transmitir el “no hay relación sexual”? En el hecho de esas mujeres que piden, piden, piden a sus maridos o a sus parejas que les hablen, que les hablen, que les hablen… Y se olvidan que hablar produce malentendido tras malentendido. Con lo cual cada vez se alejan más, en vez de acercarse más… Si ustedes quieren tener una buena relación no hablen! Hagan cosas satisfactorias juntos! Si hay algo fatal en una relación amorosa de cualquier índole es el enunciado:’ Tenemos que hablar….’

Punto de Fuga: ¡Es lo vivo del goce!

Ana Ruth Najles: Tal cual, eso es: ¡Disfrúten y no hablen sobre lo imposible!
Se trata en definitiva el psicoanálisis, como decía Lacan, también de los psicoanalistas.

Punto de Fuga: ¿Cómo es eso?

Ana Ruth Najles: Porque el psicoanálisis es una praxis maravillosa, el problema es que lo conducimos nosotros y hay muchos de nosotros que no tienen análisis, o que tienen poco análisis y que, entonces, en lugar de dirigir la cura, dirigen a las personas: dan consejos, dan indicaciones, favorecen identificaciones con la persona del analista en lugar de conducir las curas. Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder” lo dice. Y, a veces, como los análisis no cunden mucho en nuestra comunidad (en la de todo el mundo) no están muy avanzados y mucha gente dirige la vida de otros desde sus propios fantasmas, y eso es una traición al psicoanálisis. La cuestión es no sólo “cuídense de comprender”, como decía Lacan, sino que a eso hay que agregarle “porque cuando uno comprende está escuchando desde su fantasma”, es decir, se está identificando y, desde ahí, no se puede analizar.