Analía Gana

Por Analía Gana.

“De la observación a la conversación”

 

 

La frase que nos ha enviado Jonathan Rotstein me ha llevado a pensar nuevamente el caso Juanito, primer niño en análisis llevado por su padre Max, discípulo de Freud y orientado por el profesor Freud. Entonces cabe la interrogación, ¿el padre de Juanito sabía hablar con su hijo? Se trata de una conversación muy particular.

Cuando Freud escribe “Tres ensayos para una teoría sexual” en el año 1905, les pide a sus discípulos hacer una observación atenta para verificar que sus hipótesis se cumplen.

Es así como Max Graf, antes de la aparición de la fobia de su hijo Herbert, de tres años de edad, siguiendo la petición de Freud se dedicó a observarlo y a tomar nota de sus hallazgos, en esas notas vemos que el niño está interesado en la cosita de hacer pipí, y la desplaza a todos los objetos del mundo animado e inanimado, quien tiene y quien no tiene. Así entre las notas la primera cuestión que figura es como Juanito atribuye un pene a su madre, lo cual ésta no lo desmiente, favoreciendo esta creencia, luego a su padre; piensa que su madre tendrá uno tan grande como el de un caballo, animal que Juanito veía en la calle constantemente. Luego el de las niñas, sus amiguitas, alrededor del cual pensaba que era pequeñito y que le crecería.

Es decir que el niño atribuye el órgano, zona de placer, a todo viviente, humanos y animales. Esta interesado y feliz con la cosita de hacer pipí. No hay un primado genital sino un primado del falo. Se trata de la emergencia del pene real.

En 1925 Freud escribe “La organización genital infantil”, en la que hace mención explicita a Juanito, allí nos dice que “querría verlo en otras personas para compararlo con el suyo”. Lacan en su seminario sobre “La relación de objeto” argumenta que no se trata de una comparación sino de una perecuacion, esto es decir de un reparto equitativo de las cargas entre quienes la soportan. Es por eso que Juanito piensa que su madre tendrá uno grande como el de un caballo y quiere verlo.

En el curso de estas indagaciones el niño llega a descubrir que el pene no es un patrimonio común a todos los seres semejantes a él. Lo cual es dado por la visión casual de los genitales de una hermana o alguien próximo del sexo apuesto. Esta diferencia sexual se descubre por medio de una experiencia en la que participa la mirada. Sabemos que la mirada es la que mejor elude la castración, ya que en ese juego de luces y sombras se puede perfilar ese objeto tan preciado que es el falo. Es por ello que Freud nos presenta las reacciones del niño frente a las primeras impresiones de la falta de pene que van desde el desconocimiento de esa falta, o desmentida, por lo que “creen ver un miembro a pesar de todo, o piensan que aun es pequeño y que les va a crecer y luego llegan a la conclusión que la falta de pene es el resultado de la castración, pero no generaliza esto sino que lo aplica solo a personas despreciables del sexo femenino, pero las personas respetables como la madre, conservan el pene”.

Solo mas tarde cuando aborda el problema de la génesis y el nacimiento de los niños y colige que solo las mujeres pueden tener hijos, también la madre perderá su pene. Y entre tanto edificarán teorías destinadas a explicar el trueque del pene a cambio de un hijo: El niño vive en el vientre y es parido por el ano. Siendo esta una de las teorías sexuales infantiles sobre el nacimiento, en la que participa la experiencia pulsional con la que el niño cuenta. Estas teorías o ficciones son fabricadas así con trozos del cuerpo que participan de algo ya experimentado por el niño.

Así, de forma atenta, Max toma notas de todo lo que observa de su hijo y va a conversar con Freud, pero un día observa, estando en casa de la abuela de Juanito, es decir de su propia madre, la que aparece en el historial como la abuela de Lainz, la que tanto quería a su nieto y a la casa a la que acudían padre e hijo todos los domingos, observa que cuando están en el jardín para salir de esa casa, hay un carruaje con un solo caballo que acaba de detenerse en la calle y Juanito es presa de una gran angustia, se niega a salir; luego mas tarde observa que, viviendo ellos en un apartamento en una tercera planta con un balcón a la calle, Juanito no se atreve a salir al balcón por temor supuesto de que allí puede ver un caballo.

Y cuando Max le contó a Freud lo sucedido, este le dijo que era muy importante darle lo que había anotado cada noche después de las conversaciones con el niño. Precedió con ese tratamiento psicoanalítico adaptándolo a un niño, hasta que el miedo a los caballos hubo desaparecido.

Este saber hablar que nos trae Jonathan, lo podemos pensar como un saber conversar, pero no es un dialogo cualquiera, sino orientado por el discurso analítico, encarnado en la figura de Freud, al que Max le supone un saber y mas tarde el propio Juanito, ya que después de la única visita que realiza Juanito con el profesor Freud, y de regreso a casa le dice a su padre: ¿Acaso habla el profesor con Dios, pues puede saber todo desde antes. Ya que el profesor le había dicho que: “Hacia mucho tiempo antes de que el viniera al mundo, yo sabía ya que llegaría un pequeño Hans que querría mucho a su madre y por eso se vería obligado a tener miedo del padre“. Es a partir de esta intervención de Freud que Hans presentará sus producciones inconscientes, se liberará de la angustia y desovilla su fobia.

Ahora bien, podemos recoger en esas conversaciones varias indicaciones que da Freud, que orientan al analista:

“Nuestra tarea no consiste en comprender enseguida… dejaremos nuestro juicio en suspenso”. “No se trata por tanto de comprenderlo todo, sino prestar a todo cuanto acuda una cierta atención neutral y esperar lo que sigue”.

Más adelante y siguiendo el texto del caso Juanito, Freud dirá que el padre de Juanito pregunta demasiado y explora siguiendo sus propios designios, en vez de dejar exteriorizarse al niño mismo. Por esa razón el análisis se torna en momentos opaco e incierto, ya que el analista se comporta como si se tratara de un interrogatorio policial.

Como no traer a colación lo que J.-A. Miller nos dice: que el primer sujeto supuesto saber es el niño. Hay que dejarlo hablar ya que en eso que dice están los significantes que orientan la cura misma.

No existe un psicoanalisis de adultos y un psicoanalisis de niños, el psicoanalisis es uno orientado por sus principios.