El Marco del fantasma

Por Alejandro Tolosa.

 

Los pacientes acuden a consulta porque algo de su estabilidad en la vida se ve comprometido, algo de la relación con el propio cuerpo o de la relación con los otros deja de funcionar provocando lo que en el lenguaje psiquiátrico iría de la ansiedad a la depresión, pero que nosotros advertimos que lo que experimenta el sujeto es  angustia.

En su seminario X Lacan diría que la angustia viene cuando el fantasma vacila. Cuando algo del fantasma se conmueve, o sea, cuando el fantasma como lo que vela lo real, queda al descubierto.

Algo aparece en el lugar donde no tenía que haber nada y sin embargo, una figura que en principio sería familiar, se torna siniestra, como bien advertiría Freud en su texto sobre lo ominoso o lo siniestro.

Entonces, para mí, la cuestión sobre el fantasma más allá de su potencia clínica, que es incalculable, es una pregunta por la estructura del sujeto.

Lacan en medio de su complejidad recoge el descubrimiento freudiano y lo organiza estructuralmente sirviéndose de las disciplinas de su época.

Somos deudores del estructuralismo, de la filosofía, de la lingüística, de la topología, de la teoría de conjuntos, entre otros saberes, para dar cuenta de un sujeto que no es el sujeto cartesiano. Esto lo advierte muy bien Freud. La formula cartesiana del pienso luego existo, entiende al sujeto como dueño de un “pensamiento transparente y que lo autoriza en su afirmación existencial”, sin embargo, para nosotros “el ser del sujeto no es el pensamiento, sino, el efecto del significante en el cuerpo… el verdadero pensamiento es el pensamiento inconsciente interpretado a partir de los mecanismos significantes” dirá Miller en su seminario Donc. Y Como recoge Lacan en el seminario XI citando a Freud, ahí en el inconsciente, “el sujeto se encuentra en su hogar”.

Ahora bien, sabemos que el fantasma es una maquinaria que transforma el goce en placer, y que de alguna manera, sostiene  la relación que el sujeto tiene con el objeto de su pulsión. De aquí que Lacan le haya dado su envoltura de marco.

Dirá en el seminario X, cito: “Quienes escucharon mi intervención en las Jornadas provinciales consagradas al fantasma … pueden recordar la metáfora que empleé, la de un cuadro que viene a situarse en el marco de una ventana. Técnica absurda, sin duda, si se trata de ver mejor lo que hay en el cuadro, pero no se trata de esto. Cualquiera que sea el encanto de lo que está pintado en la tela, se trata de no ver lo que se ve por la ventana”.

El fantasma desde su marco, vela el encuentro del sujeto con lo real imposible, poniendo el objeto de su pulsión en frente y alojándolo en el campo del Otro. Por decirlo de otra manera, el sujeto busca su objeto en su relación con el Otro, su objeto causa de deseo en su relación fantasmática con el Otro.

Frente a la continuidad del goce, el significante introduce una discontinuidad, y el fantasma le da el relato discursivo en el que el sujeto, más allá de las diferentes posibilidades de su libreto a interpretar, será siempre el protagonista de la escena.

Un S1 como significante amo, responde a la pregunta del deseo del Otro con su fantasma. Un S1 como protagonista que tiene su enganche al saber en los diferentes S2 que se encontrará en los múltiples discursos que propone el lazo social.

En el fantasma encontramos al objeto a recortado como resultado de la operación del nombre del padre y su significación fálica. Y de alguna u otra forma, esta operación produce que la realidad esté recortada al igual que el objeto.

La relación con el objeto se imaginariza y produce el efecto de una realidad que se presenta como una multiplicidad de escenas en las que hay un S1 que no cesa de insistir, frente a la relación sexual que no cesa de no escribirse.

Si se me permite un recurso imaginario, pongamos dos espejos planos mirándose uno frente a otro y podremos observar una multiplicidad casi infinita de reflejos en un marco.

Este es el sujeto. Un juego de espejos, tejido entre redes y cadenas significantes, dando como resultado la estructura del resto de una operación de goce, que mira a lo imposible de la relación sexual entre los seres habitados por la lengua.

Y así va por la vida el sujeto, contándose historias que tienen un principio y un final, buscando seguir velando lo real en su intento de obturarlo con la superposición de marcos reflejados éxtimamente en sus diferentes materializaciones: móviles, ipads, televisores, ordenadores, ahora relojes, etc. Una multiplicidad con forma de marco.