Encuentro con la escrituta de Alejandro Zambra en “La vida privada de los árboles [1]”

Por María Victoria López.

¿Por qué leer y escribir libros en un mundo a punto de quebrarse? Esta es la cuestión que atraviesa el texto de Zambra, una de las voces más originales de la nueva generación de autores en español, en la cima de los escritores de lengua española.

“Por ahora la historia avanza y Verónica no llega, eso conviene dejarlo a la vista, repetirlo, una y mil veces: cuando ella haya regresado la novela se acaba, el libro sigue hasta que ella vuelva o hasta que Julián esté seguro de que ya no va a regresar.”

El texto se va terminando, ya voy por la página 145, pero “la novela sigue, aunque solo sea para cumplir con el capricho de una regla impuesta. Verónica no llega.”

Y el libro continúa…

El libro continúa, es fácil su lectura, ¿será por la sencillez de sus palabras, supongo? Su escritura es sencilla, limpia, directa, pura, sin imposturas.

Pero, me pregunto, a cada rato: ¿de quién habla?, ¿de qué habla?, ¿de un libro que puede escribir?, ¿de una planta?, ¿de una mujer o de varias mujeres?, ¿de un hombre o de varios? ¿de una niña?, ¿de su familia? ¿de canciones?… Suspendida de la pregunta ¿qué hay de lo que no dice? ¿qué hay más allá de lo que dice?

Juega y disfruta en buscar y encontrar palabras, cada una de las palabras que necesita el texto, y no cualquier otra, y no más de las que sean necesarias, sólo las palabras que hacen falta, las que tienen que estar, y siempre son palabras sencillas, palabras fáciles, palabras asequibles, palabras entendibles y palabras, todas, transformadas en amables.

La fascinación, como dice Zambra, mueve el piso del lector. Atan sus palabras, atan sus frases, atan sus historias, que son muchas, porque empieza con una y se abren a otras historias diferentes y también a otras conversaciones.

“Julián maldice su idea fija: debió dedicarse, por último, a registrar las conversaciones que provenían del bar de abajo, cuando vivía con Karla. Mucho mejor hubiera sido. En lugar de encender una imagen muerta debió escribir vidas como la de ese niño de 1984. En vez de hacer literatura debería haberse hundido en los lazos familiares”.

No todo se comprende, o más bien, algo se comprende. “Lo que nos importa de un libro está asociado a la sensación de que hay algo que no entendemos del todo [2]”, dice Zambra.

“Julián era el único que provenía de una familia sin muertos, y esta constatación lo llenó de extraña amargura: sus amigos habían crecido leyendo los libros que sus padres o sus hermanos muertos habían dejado en casa. Pero en la familia de Julián no había muertos ni había libros”.

No quiero abusar de calificativos excesivos, ni grandilocuentes, para un autor que se define solo, por sí mismo, con su escritura, con el que se ha producido una suerte de encuentro con la palara y con la falta, y sobre quien seguir insistiendo en su voz escrita y también oral, ahora que la tecnología nos ofrece eventos, conversaciones, presentaciones, etc., en definitiva, encuentros con el autor.

“Verónica es una mujer que no llega, Karla una mujer que no estaba”.

Lo mejor queda para después, que es leer a Zambra, leer detenidamente cada palabra, dibujar las letras al leerlas: “puedo decirlo de una manera más sofisticada: lo que busco es olvidar que estoy leyendo, olvidarme de mí [3]”, en el decir de Zambra.

“Fue a la pieza de la niña y terminó de despertarla y le explicó que su madre ya se había ido al trabajo, pues tenía una reunión muy temprano, en Puente Alto”.

“Julián toma la mano de Daniela, con decisión y con amor. Vamos a tener que estudiar inglés, le dice. Sí Julián, pero ahora tengo que irme a clases, responde Daniela. Y él la mira y le da un beso y la deja ir”.

“Libros, como este, nos recuerdan que la experiencia de la lectura puede seguir siendo una experiencia ligada de manera profunda a nuestra vida [4]”.


La vida privada de los árboles”, es un pequeño clásico de la literatura latinoamericana; pequeño por su tamaño que no por su hondura y alcance brillante. El debut narrativo de Alejandro Zambra [4].

Notas

[1] Alejandro Zambra. Bonsái & La vida privada de los árboles 2006. Editorial Anagrama 2016.

[2] Alejandro Zambra. Tema Libre. Editorial Anagrama 2019, p34.

[3] Ibídem, p36.

[4] Valeria Luiselli. Escritora y ensayista mejicana. Contraportada de Bonsái & La vida privada de los árboles.