La biblia imposible de los sueños. El inconsciente no es Artificial

Por Yael Noris Ferri.

«Lo que más temo, creo, es la muerte de la imaginación.»
Sylvia Plath

“El hombre virtuoso se contenta con soñar lo que el hombre malvado hace en la vida real.”
Sigmund Freud

Transcurrieron ciento veintiséis años desde la publicación de “La interpretación de los sueños” de Sigmund Freud. El psicoanálisis se ha popularizado hasta el punto en que para muchos sujetos designa una práctica para tratar el sufrimiento. La popularidad lo ha llevado al cine, a la literatura y hoy, sobre todo, a las series de plataformas de streaming. Esta popularidad parecería escribir en la cultura un saber sobre qué es una cura analítica. Ahora bien, parece crucial precisar lo que hace de esta cura un tratamiento singular.

¿Qué es interpretar un sueño? ¿Qué sucede al soñar? La fórmula condensa una economía singular del inconsciente, allí donde algo del sujeto se entrega al dormir, otra cosa insiste en reclamar, escribir un decir, a veces un enigma. Desde Freud, el sueño fue nombrado como la vía regia al inconsciente, pero esa vía no conduce a una revelación o a un sentimiento de pacificación. Por el contrario, abre un pasaje hacia un punto de imposibilidad, un borde donde el sentido vacila y algo del real irrumpe. Un sujeto recuerda un sueño y lo puede narrar en su sesión de análisis. Lleva el sueño como un don al analista.

Hace poco tiempo, me encontré con una obra de Sylvia Plath que me permitió pensar con especial precisión esta zona de borde. Sylvia, en su paso por la clínica psiquiátrica del Hospital General de Massachusetts a fines de los años cincuenta no lo cuál, no es solo un dato biográfico, sino en un verdadero punto de fuga entre escritura, clínica y subjetividad. En ese tiempo empieza a escribir Johnny Panic y la Biblia de los Sueños. Otra de las traducciones que tenemos del libro son “La caja de los deseos” Allí construye un hermoso personaje al que nombra como aquello que gobierna por igual a despiertos y dormidos:

Al mundo lo gobierna una cosa y nada más que una. Pánico con cara de perro, cara de demonio, cara de bruja, cara de puta, pánico con letras mayúsculas y sin rostro alguno: se trata siempre del mismo Johnny Panic, despierto o dormido. [1]

Johnny Panic es una encarnación sin rostro del pánico como operador estructural. La narradora se presenta como su secretaria, recolectora de sueños, archivista de aquello que emerge cuando el yo pierde su soberanía. Los pacientes no se distinguen por su nombre propio, sino por sus sueños, el sueño como marca singular, más decisiva que cualquier identidad o diagnóstico médico.

En este punto, la tensión con el discurso médico se vuelve evidente. En el relato de Sylvia, los médicos buscan restituir a los pacientes a lo que llaman salud y felicidad, aún al precio de borrar aquello que en el sueño insiste. Freud ya había advertido este riesgo bajo el nombre de furor sanandi. Jacques-Alain Miller lo retoma al subrayar que el psicoanálisis se sitúa:

“fuera del campo de la psicología y del autocontrol”, y que su ética señala “la dignidad del síntoma que es lo más íntimo del paciente y que no se trata simplemente de erradicar: el análisis apunta a ese punto en el que, en su dolor, el sujeto está satisfecho”. [2]

Desde esta perspectiva, el sueño no es un material a normalizar ni a traducir en claves universales. Esta fue la gran apuesta de Freud cuando escribió “La interpretación de los sueños”. Esta práctica no persigue una elaboración simbólica infinita, sino un despertar. Miller lo formula con precisión al afirmar que la interpretación eficaz no tranquiliza sino que perturba la interpretación eficiente “se asemeja más bien a una pesadilla”, pero una pesadilla de la cual no se puede huir trasladándose al fantasma del mundo, al fantasmundo”. [3]
Este punto es decisivo. No se trata de cualquier despertar, sino de aquel que acontece cuando el soñar deja de proteger al dormir. Miller lo desarrolla con mayor radicalidad al exhortar que el soñante accede a otra modalidad específica del despertar:

Pero hay otro despertar, otra modalidad del despertar, es el despertar que ocurre en la pesadilla, cuando se encuentra algo que no atrae, que produce horror, algo de lo que no queremos saber nada, únicamente hacerlo desaparecer, y nos despertamos (como dice Lacan) para seguir soñando. En eso se queda el auténtico encuentro con el Otro, es decir, con lo real, que es lo verdaderamente Otro, cuando el soñar deja de proteger al dormir, cuando no se puede continuar en el gozar soñando, cuando la pulsión no puede continuar su invariable circuito sino precipitando al sujeto en la realidad para que siga soñando con los ojos abiertos en el mundo de su fantasma”. [4]

Aquí se anuda la posibilidad de una ética del psicoanálisis, despertar no equivale a salir del sueño para acceder a una realidad objetiva, sino a confrontar al sujeto con aquello que el sueño ya no logra velar.

Este marco permite leer de otro modo un fenómeno clínico cada vez más frecuente: frente a un sueño angustiante, muchos sujetos ya no se dirigen al analista sino a un chatbot. “¿Qué significa soñar con un oso?”, se pregunta un sujeto delegando la interpretación a la inteligencia artificial. La escena no es anecdótica, indica un desplazamiento del lugar del saber y una mutación en la economía del sentido. Como también una falta de responsabilidad de ese enigma.

Johnny Panic reaparece aquí bajo una nueva máscara. No es un personaje literario, sino la IA. Sin caer en la demonización, no puede desconocerse que su lengua ya está inmersa en los relatos de las sesiones del dispositivo analítico. Sin embargo, la diferencia es estructural: la IA ofrece un “sentido” promedio, respuestas estadísticamente plausibles, mientras que el psicoanálisis sostiene la singularidad irreductible del uno por uno.

En este punto, y de manera análoga, las advertencias de Lluís Codina para quienes desean incursionar en la escritura académica, resultan esclarecedoras:

  • Las IA no pueden ser acreditadas como autoras de trabajos académicos, no tienen competencia epistémica, ni estatus legal de entidad a la que se pueda pedir rendimiento de cuentas.
  • No son fuentes. Son herramientas. Las IA no pueden ser acreditadas como fuentes citables de los contenidos que generan porque opacan las fuentes originales citables humanas.
  • Responsabilidad humana. Los autores son íntegramente responsables de los contenidos de sus trabajos a nivel epistémico y legal. [5]

Más allá de la regulación académica en el uso de la IA, lo que aquí se juega es una ética del discurso. Allí donde la IA tiende a suturar la pregunta con una respuesta inmediata, el psicoanálisis introduce un corte. Allí donde la máquina tranquiliza, el análisis sostiene la incomodidad de un no-saber.

Me gusta leer La Biblia de los Sueños de Plath, no como un manual interpretativo ni un diccionario simbólico. El libro es un archivo imposible, siempre incompleto, que testimonia que el pánico no puede ser erradicado sin costo subjetivo. El miedo perfecto, como ella escribe, acaba con todo lo demás. Y sin embargo, es en ese resto donde el sujeto se juega algo de su verdad. Este libro no solo es un relato literario sino que podría pensarse como un testimonio de vida. Las escenas en las que transita Sylvia y los médicos llevándola a una habitación acolchonada para realizarle un electroshock. Podrían pensarse como varias que ella misma narra en su novela “La campana de cristal”. Vale la pena advertir al lector que Sylvia Plath estuvo internada en dos ocasiones y la novela es un verdadero archivo de su fragilidad ante la coyuntura de la vida. La operación de Plath en ambos relatos es denunciatoria. No callará el dolor de la violencia de una internación no consentida. Su arte de escribir es un andamio de resistencia.

Entre Freud y la inteligencia artificial, entre Johnny Panic y el chatbot, el psicoanálisis mantiene su apuesta, no adormecer, no ofrecer sentidos cerrados, sino producir un despertar. Ir a contrapelo del fantasmundo, sostener la tyché, y preservar una práctica que no borre lo real, sino que permita al sujeto hacerse responsable de su deseo. La literatura de Plath recobra, a mi parecer, una anacronía que le brinda validez actual. Sylvia lucha contra el electroshock y los discursos universales totalizantes. Su relato es un rescate de lo singular junto a la ironía de estar advertido que algo en cada época empuja hacia ese rumbo. Estamos en tiempos donde la IA golpea los consultorios, está instalada en el lenguaje de los analizantes. Quizás una ética sea seguir sosteniendo lo singular de cada palabra. El dispositivo analítico implica una invención que requiera entonces de coraje y despertar para no quedar adormecidos por la IA que busca una complacencia universal.

Yael Noris Ferri


Notas

  1. Plath, S. (2001). Johnny Panic y la Biblia de los Sueños, pág.175. Emecé Editores.
  2. Miller, J.-A. (2005). Le symptôme est un paradoxe, pág. Programa radial, France Culture.
  3. Miller, J.-A., (2008). La ponencia del ventrílocuo, Introducción a la clínica Lacaniana. Conferencias en España, p. 444.
  4. Miller, J.-A. (2008). Ponencia del ventrílocuo, Introducción a la clínica Lacaniana. Conferencias en España”, RBA libros, Barcelona, 2006.pág. 454.455
  5. Codina, L. (2023). Uso ético y responsable de la inteligencia artificial generativa en la investigación académica, pág.

Bibliografía

Freud, S. (1900/1991). La interpretación de los sueños. Obras completas, V ols. IV y V. Amorrortu Editores.
Lacan, J. (1964/2006). El Seminario. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.
Miller, J.-A. (2005). “Le symptôme est un paradoxe”. En Histoires de psychanalyse. Programa radial, France Culture.
Miller, J.-A. (2008). Ponencia del ventrílocuo. En La experiencia de lo real en la cura analítica. Paidós.
Plath, S. (1977). Johnny Panic and the Bible of Dreams. Faber & Faber.
Plath, S. (2001). Johnny Panic y la Biblia de los Sueños. En La caja de los deseos. Emecé Editores.
Codina, L. (2023). Uso ético y responsable de la inteligencia artificial generativa en la investigación académica. Barcelona: Universitat Pompeu Fabra / Documentos académicos sobre comunicación científica y ética de la IA.