Manuel Montalbán

Por Jonathan Rotstein.

 

 

 

Manuel Montalbán Peregrín. Profesor de antropología social de la Universidad de Malaga. Analista Miembro de Escuela (AME) ELP-AMP (Sede de Málaga). Responsable del Observatorio PSI de la ELP. Docente del Instituto Del Campo Freudiano-España (ICF-E).

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– Jonathan Rotstein: ¡Nuevo Analista Miembro de la Escuela!

– Manuel Montalbán: Sí, ha sido una alegría la designación en este comienzo de curso.

 

– Jonathan Rotstein: quizá algunos no sepan lo que designa, ¿Podrías contarnos un poco qué significa?

– Manuel Montalbán: Para explicar algo de los grados ligados a la membresía en la Escuela, no podemos olvidar que, para Lacan, el psicoanalista sólo se autoriza a partir de él mismo. Podemos leerlo en la Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. Esto no excluye, sin embargo, que la Escuela pueda garantizar que un psicoanalista se conforma a partir de su formación.

Así, el AME o analista miembro de la Escuela, es un título por el que la Escuela te reconoce como psicoanalista que ha probado ser tal. Esta operación constituye la garantía proveniente de la Escuela. Esta iniciativa de designación no se solicita sino que le corresponde a la Escuela, en base a una trayectoria y un proyecto continuado de trabajo.

 

– Jonathan Rotstein: Para quienes no te conozcan ¿Podrías contarnos un poco cómo ha sido tu trayectoria de trabajo?

– Manuel Montalbán: Me gusta mucho la expresión “work in progress“, que tanto se utiliza en el campo del psicoanálisis lacaniano. En ese trabajo continuado se anudan los tres pilares básicos del discurso psicoanalítico, clínica, episteme y política. Mi experiencia clínica comenzó tempranamente atendiendo a jóvenes con diagnóstico de psicosis, y se ha ido ampliando a lo largo de los años. Una evidencia clara al respecto es que el control ha sido una herramienta indispensable en la construcción de los casos.

También, por mi vinculación con la carrera universitaria, como profesor ahora de antropología social, y durante muchos años también de psicología, he intentado establecer vínculos entre el psicoanálisis y lo social. De hecho, hace unos años vio la luz un libro de mi autoría que se titulaba “Comunidad e inconsciente: el psicoanálisis ante el hecho social”. Para ello, tengo siempre presente dos expresiones que son del orden de la enseñanza para mí:

La primera es la afirmación de Freud de que la oposición entre psicología individual y psicología social o de las masas, que a primera vista quizá nos parezca muy sustancial, pierde buena parte de su nitidez si se la considera más a fondo. La segunda es la aseveración de Lacan de que el analista debe estar a la altura de la subjetividad de su época. Desde esta perspectiva, me he interesado por cuestiones clínicas ligadas a la creación y el síntoma, las nuevas virilidades, la diversidad sexual, etc.

 

– Jonathan Rotstein: ¿Y podrías hablarnos algo de tu trayectoria en la Escuela? ¿Cómo fueron los inicios? ¿Y el camino hasta ser nombrado AME por la misma?

– Manuel Montalbán: Un camino largo que se ha pasado volando (risas). Considero esencial el trabajo local desde la sede y la comunidad. Ha sido un trabajo intenso desde que me inicié en la clínica, comencé el análisis, y poco tiempo después solicité ser socio de la sede de mi ciudad, en los tiempos del Grupo de Estudios Andaluz de la EEP-España. No concebía el psicoanálisis sin Escuela.

Tuve además la suerte de participar, ya como miembro, en la fundación de la ELP. Todo un hito. Yo ya tenía otras experiencias institucionales pero el funcionamiento de ésta me sorprendió. Lógicamente es una institución, con su funcionamiento, sus hábitos, pero al mismo tiempo me atrajo su carácter de Escuela-sujeto, su descompletamiento, la tensión entre la Escuela como institución, como experiencia propia y como concepto a desarrollar.

Agradezco mucho la compañía intelectual de muchas y muchos colegas que me ayudaron a ubicarme y que han contribuido notablemente a mi formación, y a una conversación ininterrumpida durante décadas. Considero que he participado activamente en la construcción del Campo Freudiano en Andalucía, en lo que podríamos llamar una segunda generación de analistas. También me interesan mucho, como docente del ICF, las sinergias que se pueden establecer entre la Escuela y el Instituto, sobre todo en sede pequeñas como las de Andalucía, dentro de ese espacio amplísimo y deslocalizado que es la Escuela Una.

 

– Jonathan Rotstein: ¿Cuál sería tu recomendación para todos aquellos que inician su andadura en la Escuela?

– Manuel Montalbán: Paciencia… Cada lectura de Freud, de Lacan, es un viaje de ida y vuelta. Disfrutar de la sorpresa, de lo que se escapa y, a veces, se atrapa momentáneamente al vuelo. Defensa de lo subjetivo, de lo inapropiable, lo que resiste como residuo ante la voracidad del signo de los tiempos. Atención y cuidado del pequeño detalle.

 

– Jonathan Rotstein: ¡Muchas gracias Manuel por tu amabilidad y gran sentido del humor!