Mujer saliendo del Psicoanalista de Remedios Varo, Surrealista

Por Eloísa García Laynez.

No es difícil encontrar reproducciones de esta obra en consultas de analistas, salas de espera o como portada de publicaciones de temática psicoanalítica. Pero ¿Qué representa este cuadro? ¿Quién lo pintó?

Mujer saliendo del psicoanalista es un óleo sobre tela de 71x 41 centímetros que se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México sede de la mayor colección de obras de Remedios Varo.

Remedios lo pintó en 1960 y como solía hacer le mandó una fotografía a su hermano explicando: “Esta señora sale del psicoanalista arrojando a un pozo la cabeza de su padre (como es correcto al salir del psicoanalista). En el cesto lleva otros desperdicios psicológicos: un reloj, símbolo del temor de llegar tarde, etcétera. El doctor se llama Dr. FJA (Freud, Jung, Adler).” (Mendoza, 2010, p.185) Así es como Remedios nos cuenta su cuadro. 

Como en gran parte de sus obras la protagonista es una figura femenina, aquí ocupa el centro del cuadro envuelta en una túnica verde.  La mujer mira hacia su derecha, pero en el manto, a la altura del pecho, hay otro rostro idéntico mirando hacia su izquierda, algunos estudiosos de la obra de Varo han querido ver en esto una representación del inconsciente según las teorías de Jung.

La mujer está abandonando la consulta de un psicoanalista, en la placa del alfeizar de la puerta se lee “Doctor von FJA Psicoanalista” iniciales correspondientes a Freud, Jung y Adler, lo que apunta al conocimiento de estos autores por parte de Remedios.

“Esta señora sale del psicoanalista arrojando a un pozo la cabeza de su padre (como es correcto al salir del psicoanalista)” son las palabras de la pintora. Así es, la mujer sujeta con su mano izquierda la cabeza de un anciano, justo sobre un pozo a ras del suelo, al que parece que va a arrojarla. ¿Qué representa esa cabeza? ¿Al padre de Remedios? Unos autores señalan el parecido con Freud, otros que puede representar el soltar el pasado, los traumas del pasado.

“En el cesto lleva otros desperdicios psicológicos: un reloj, el símbolo del miedo a llegar tarde, etc.” Vemos que en su mano derecha la mujer porta un pequeño cesto en el cual se puede ver un reloj, una llave y un huso para hilar, de estos no parece que tenga intención de deshacerse, por ahora, a pesar de calificarlos como “desperdicios”.

La autora de este cuadro, Remedios Varo, nació en Anglés, Girona en 1908. Estudiando en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid coincidió, entre otros, con Maruja Mallo y Salvador Dalí. Fue en 1925, en una conferencia dictada por el poeta francés Louis de Aragon en la Residencia de Estudiantes, cuando Remedios tuvo su primer contacto con el surrealismo, con su idea del inconsciente como fuente de creatividad, la posibilidad de utilizar los sueños como medio de inspiración artística al considerarlos una vía directa a la verdad interior o la trasposición de la asociación libre utilizada por Freud tanto a la poesía como a la pintura. De esta primera época es su obra Ojos sobre la mesa(1930) que me remite a la sexta clase del Seminario 11 de Lacan, “La esquicia del ojo y de la mirada”.

Tras su llegada a Barcelona, en 1932, se une al grupo de surrealistas catalanes. En 1937 al exiliarse en París, se introduce en el círculo surrealista liderado por André Breton, figura clave e ideólogo del surrealismo francés, profundamente influenciado por algunas obras de Freud al que admiraba y con el que llegó a reunirse en 1921. Esta fascinación no fue correspondida, Freud, en esa época, desconfiaba del valor artístico del automatismo mental y de la interpretación no clínica de lo inconsciente.

Cuando en 1938, en su casa de Londres, Freud recibió a Salvador Dalí, el pintor le llevó algunos dibujos, mostró su admiración y le compartió que su obra estaba fuertemente influenciada por las teorías psicoanalíticas, especialmente sobre los sueños, el inconsciente y la sexualidad. Freud escribe en una carta a su amigo Stefan Zweig: “hasta ahora me sentía inclinado a considerar a los surrealistas, que, al parecer, me han elegido por su santo patrón, como chiflados incurables (digamos que en un 95%, como el alcohol). El joven español, sin embargo, con sus ojos cálidos y fanáticos y su indudable maestría técnica, me ha hecho reconsiderar mi opinión. En realidad, sería muy interesante investigar analíticamente como ha llegado a ser compuesto un cuadro así.” (Freud, 1938, p.514)

Lacan, al contrario que Freud, estuvo próximo al surrealismo desde su juventud. José María Álvarez nos dice: “Lacan mostró una especial inclinación por el surrealismo… Al igual que unos pocos de sus colegas, Lacan consideró que muchas de las propuestas creativas surrealistas se inspiraban en Freud… Lacan coincidía con los surrealistas en el interés por las producciones literarias de los psicóticos.” (Álvarez, 2018, p.231)

En 1932 Albert Skira y Breton fundan la revista Minotaure, principal órgano de difusión del surrealismo.  Ese mismo año Lacan publica dos artículos; en número 1 “El problema del estilo y las formas paranoicas de la experiencia” y en el 3-4 “Motivos del crimen paranoico: el crimen de las hermanas Papin”. En 1937, en el número 10, Remedios publica su obra El deseo. Ambos se movían en los mismos círculos parisinos y tenían amigos en común, no sólo Breton, también Dalí, Paul Éluard, Louis Aragon o Benjamin Péret, pareja de Remedios. ¿Llegarían a conocerse Lacan y Remedios en París?

Remedios había ido a Francia huyendo de la Guerra Civil pero allí no encontró la paz, en 1940 las tropas nazis entran en París y muchos artistas abandonaron la ciudad en busca de un destino más seguro. Remedios recaló en Marsella, en la Villa Bel Air, patrocinada por el Emergency Rescue Committee cuya misión era ayudar a todos aquellos intelectuales que necesitasen huir de los nazis, allí coincide con un nutrido grupo de surrealistas: Max Ernst, Peggy Guggenheim, Óscar Domínguez, Duchamp, Chagall… Con el más puro espíritu surrealista decidieron convertir su espera en un momento lúdico y creativo, entre todos realizan un juego de cartas para la lectura del Tarot conocido como el Jue de Marseille o Juego de Marsella y se entregaron a la confección de numerosos “cadáveres exquisitos”, creaciones colectivas típicas del surrealismo en las que cada participante dibuja algo que debe ser continuado por el siguiente sin ver lo que hay hecho previamente. Esta técnica fue vista como una forma de eludir la mente consciente, liberando la imaginación colectiva; una idea inspirada por el psicoanálisis y el automatismo, era una herramienta para desafiar la crítica racional del autor y facilitar lo inesperado, Breton consideraba que lo atractivo del “cadáver exquisito” radicaba en crear resultados imposibles de lograr individualmente.

 Elisabeth Roudinesco cuenta en su biografía de Lacan: “en Marsella, Lacan siguió, pues, llevando una vida intelectual y mundana que prolongaba la de su universo parisino de la preguerra. Tuvo así ocasión de conocer a alguno de los surrealistas alojados en la Villa Bel Air, durante el invierno 1940-1941, bajo los auspicios del Emergency Rescue Committee. Estaban allí André Breton, Hans Bellmer, Victor Brauner, René Char.” (Roudinesco, 2021, p.259) Y aunque la biógrafa de Lacan no lo mencione parece probable que se encontrase con Remedios y con Peret de quien tenemos constancia que conocía en París.

Desde sus estudios en la Escuela de Bellas Artes hasta esta última etapa en Marsella Remedios estuvo rodeada de artistas vinculados al surrealismo y por lo tanto en contacto con las teorías de Freud y el peculiar modo en que éstas se trasponían en la pintura, la poesía o el teatro.

Finalmente, Remedios consigue salir de Francia y en 1942 llega a México donde se pudo beneficiar de las medidas que el presidente Lázaro Cárdenas puso en marcha para acoger a los exiliados republicanos españoles. Remedios se enamoró de aquel país, nunca quiso regresar a España ni a Francia, hizo de México su hogar. Llegará a afirmar “soy más de México que de ninguna parte” (Varo, 2018, p.14). Allí se sintió más libre de la figura autoritaria de Breton y de los dogmas del grupo surrealista y reunió en torno a ella a un grupo de mujeres que compartían creatividad y apoyo, entre las que destaca su gran amiga Leonora Carrington. En sus primeros años en México hizo trabajos diversos, pintó muebles, creó escenografías para ballets, y diseñó carteles publicitarios para la farmacéutica Bayer, destacable referido al Insomnio(1942-47) con la mirada y los ojos como protagonistas.

Junto con Leonora Carrington escriben recetas mágicas, fórmulas de alquimia, pequeñas obras de teatro, ellas comparten sus sueños e inventan su propio “juego surrealista” que consiste en escribir cartas a desconocidos, fundamentalmente psiquiatras, elegidos al azar, invitándoles a sus fiestas. 

En 1952 Remedios inicia una relación con Walter Gruen quien le proporcionará un entorno tranquilo que le facilitará dedicarse en exclusiva a la pintura, será esta su época más fructífera en la que sus obras reflejan un viaje al interior de sí misma. Esa mirada introspectiva vino acompaña de momentos de   angustia, incluso “Remedios fue perdiendo poco a poco la ilusión de vivir” (Varo, 1990, p.100). Decide pedir ayuda, pero no recurre a un psicoanalista sino a un amigo y compañero de carrera de su hermano, el Doctor Alberca Lorente, residente en España, y con el que consultaba por correspondencia. Desgraciadamente muchas de esas cartas se han perdido, pero en las que se conservan se puede ver como Remedios le compartía sus inquietudes y le narraba los sueños que inspiraban algunas de sus obras. En su primara carta le dice: “Creo que un psiquiatra debe inspirar ante todo cariño y confianza. ¡Ah!, me estoy olvidando de decirle que mi interés por aproximarme a un psiquiatra es porque sufro mucho de un permanente sentimiento de culpabilidad. Como yo sola no he podido mejorar nada, pensé que necesitaba la ayuda de alguien.” (Varo, 2018. P.75) En otras cartas le habla de su timidez, su decaimiento y sus temores y, al igual que a su hermano, le enviaba fotografías de sus cuadros comentándolos.

Durante la época de relación epistolar con Alberca Remedios pinta Visita al pasado (1957)  en el que se representa volviendo de viaje con una maleta, entrando a una habitación en la que se encuentra con su propia imagen saliendo de la pared, de la tapicería y de la mesa, Encuentro (1959) de la Remedios dice: “esta pobre mujer, al abrir llena de curiosidad y de esperanza el cofrecillo, se encuentra consigo misma; al fondo, en los estantes, hay más cofrecillos y quien sabe si cuando los abra encontrará alguna novedad”(Mendoza, 2010, p.182), Mujer saliendo del psicoanalista (1960), Rompiendo el círculo vicioso (1962) “le aparece dentro del pecho un denso bosque verde, el profundo lugar donde habita su subconsciente , que ahora se ha hecho accesible. Acompañada por un pájaro, un símbolo jungiano de la trascendencia” (Kaplan, 1988, p.163) o Los amantes (1963) “una pareja cogida de la mano, ensimismados, mirándose uno a otro. Las cabezas de uno y otro han sido sustituidas por espejos, de manera que lo que cada uno ve es el reflejo del otro. El poder de esa atracción narcisista es tan grande que genera un vapor que asciende, se condensa y vuelve a caer en forma de lluvia, ocasionando una inundación en torno a sus piernas, de manera que si no interrumpen su enajenante adoración, seguramente se ahogarán.” (Kaplan, 1988, p.151)

Se puede notar que los conceptos psicoanalíticos, pasados por el filtro del surrealismo, permanecen presentes en la obra de Remedios, algunos de sus cuadros recogen sus sueños, tal vez Mujer saliendo del psicoanalista represente un sueño de la autora, ella eligió pedir ayuda a un psiquiatra que vivía en España antes que ir a la consulta de un psicoanalista, como si hace la protagonista del cuadro.

El 8 de octubre de 1963 Remedios Varo muere víctima de un infarto, tenía 55 años. Fallece en su casa de México, el país que la acogió y del que ella se enamoró, donde se conserva la mayor parte de su obra y donde es reconocida como una de las más importantes pintoras “mexicanas”.  Tras su muerte nos queda su obra, podemos leer sus textos y seguir viendo sus cuadros, también tenemos algunas biografías que nos acercan a su sentido del humor, sus viajes, la generosidad con sus compañeros de vida.

Su exilio aún perdura, no hay cuadros de Remedios expuestos en museos españoles, sólo el Centro de Arte Reina Sofía posee tres obras, Modernidad (1936), La Faim (El Hambre) (1938) y Alegoría del invierno (1948) pero no están expuestas. 

Eloísa García Laynez


BIBLIOGRAFÍA

Álvarez, J.M. (2018). Hablemos de la locura. Xoroi edicions.

Artigue, L. (2008). La mujer de nadie. Linteo Narrativa.

Freud, S. (2002). Correspondencia de Sigmund Freud. Tomo V: 1926-1939. Biblioteca Nueva.

Haro, A. (2022). La pintora pelirroja vuelve a París. Alianza editorial.

Kaplan, J.A. (1988). Viajes inesperados. El arte y la vida de Remedios Varo. Fundación Banco Exterior.

Lacan, J. (1964). El Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

Lienas, G. (2018). El hilo invisible. Editorial Destino.

Mendoza, E. (2010). “A veces escribo como si trazase un boceto” Los escritos de Remedios Varo. Editorial Iberoamericana.

Roudinesco, E. (2021). Jacques Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. Anagrama.

Serrano de Haro, A. (2019). Vida de Remedios Varo. Asociación Matritense de Mujeres Universitarias.

Valdés, Z. (2007). La cazadora de astros. Plaza y Janés.

Varo, B. (1990). Remedios Varo: en el centro del microcosmos. Fondo de Cultura Económica.

Varo, R. (1994). Cartas, sueños y otros escritos. Biblioteca Era.

Varo, R. (2023). El tejido de los sueños. Obra escrita. Los cuatro vientos Renacimiento.