Notas sobre el pasaje del síntoma al sinthome

Por Efraín Ayala López

Preámbulo

La enseñanza de Jacques Lacan, similar a sus cigarrillos, resulta torcida, enredosa, es un laberinto tanto para el novel que se acerca por primera vez como para el asiduo lector de antaño. Sin embargo, lo enmarañado de su enseñanza no carece de motivos, puesto que el psicoanalista francés se dirigía a un público en específico, aquellos dispuestos a renunciar a la posición pasiva del oyente para hacer, de la oralidad del texto, un trabajo. Afortunadamente, hoy en día la Escuela Una impulsa el establecimiento de lazos que, “bajo transferencia de trabajo” [1], convierten la fijeza de la textualidad en una acción viva que permea dentro y fuera de ella. Por ende, la transmisión –del deseo de saber– de los psicoanalistas trabajadores de la Escuela, materializada en congresos, jornadas clínicas, cárteles, testimonios de pase, talleres, cursos, seminarios, publicaciones, etc., orientan nuestro quehacer teórico-clínico y ético, pero no para adoptar lo dicho en términos de adoctrinamiento, sino como un punto de partida para alcanzar a decir lo propio. Se trata, desde mi lectura, de hacerse cargo de eso que discurre por la Escuela y que resuena en cada uno de sus miembros.

Así, pues, al encontrarme con el axioma: “estamos hechos […] a la madera de nuestro síntomas”[2], fue entonces que brotó una resonancia que me llevó a investigar y, posteriormente, a escribir sobre el pasaje de los síntomas al sinthome, tomando como referente la orientación lacaniana. Empero, es necesario señalar que, a partir de la mirada psicoanalítica, el síntoma dejó de ser visto como un signo de enfermedad, déficit o trastorno mental, para convertirse en una pieza constitutiva del sujeto: “No hay sujeto sin síntoma, incluso al final, hasta el fin de los tiempos” [3]. Por ende, en la medida en que habitamos el lenguaje, somos habitados por el síntoma. Ahora bien, que todos tengamos síntomas no quiere decir que todos los síntomas sean necesariamente propios del dispositivo analítico. Para ello, Flory Kruger se encargó de explicitar los pasos y los tiempos que implica la construcción de un “síntoma analítico” [4]. Por consiguiente, al hacer uso de la noción de «síntoma» en el presente trabajo, estoy aludiendo al tipo de síntoma que, específicamente, le atañe a la clínica psicoanalítica.

Dicho lo anterior, la experiencia analítica –de Freud y Lacan– puso en evidencia un hecho significativo: en el corazón de todo síntoma yace un tipo de escritura singular, a saber, el estatuto que hace que cada sujeto sea en stricto sensu inclasificable, puesto que allí hay una marca que adquiere el valor de una cifra y que representa un resto irreductible, inaprehensible para las redes del lenguaje e imposible de eliminar –o bien, de terapeutizar–. Para la clínica freudiana, tal hallazgo implicó un obstáculo para la cura, ya que ponía en cuestión el estatuto del fin de análisis. Fue así que «el ombligo del sueño», «la pulsión de muerte», «el masoquismo primordial», «la viscosidad de la libido», «la reacción terapéutica negativa» y, finalmente, «la roca base de la castración», conformaron algunos de los nombres para el impasse de lo real del síntoma, donde todo intento de “semántica psicoanalítica” [5] fracasaba rotundamente. No obstante, como acertadamente expresó el creador del psicoanálisis en una conocida entrevista: “Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los substratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes” [6]. En nuestros días, la enseñanza de Lacan y la orientación de Jaques Alain Miller (JAM) representan esos otros que descubrieron continentes. Ergo, uno de ellos se trató, precisamente, de la lógica del sinthome.

Orientación

En Sutilezas analíticas (2008), JAM revisitó la estructura del onceavo seminario de Lacan con el propósito de señalar dos conjunciones conceptuales: por un lado, enlazó el inconsciente con la transferencia; por otro, la repetición con la pulsión. Este pequeño ajuste logró clarificar, magistralmente, la incidencia del sinthome en la experiencia analítica:

Traté de hacer manifiesta la conjunción entre el inconsciente y la transferencia hablando del inconsciente transferencial, que es el inconsciente de interpretación, el inconsciente donde el yo no sé se evidencia, con la suposición de saber que le es correlativa […] Mientras que la pareja repetición-pulsión prepara lo que Lacan llamará sinthome como modo de gozar, funcionamiento del goce, funcionamiento- repetición del goce pulsional. Esta pareja es disimétrica” [7].

En la clínica, se vuelve necesario tomar en cuenta dichas conjunciones, ya que establecen una orientación metodológica precisa, esto es, que el dispositivo analítico no solamente se ocupa de la cara significante del síntoma, sino también del goce implicado, es decir, de la modalidad de satisfacción pulsional. Decía Lacan que “el goce se presenta no pura y simplemente como la satisfacción de una necesidad, sino como la satisfacción de una pulsión” [8], refiriéndose a la pulsión de muerte. En ese entendido, siguiendo la enseñanza lacaniana, JAM buscó incorporar el real que quedaba por fuera de la experiencia analítica: el goce pulsional, ya que se escapaba, como lo indicó Lacan en los albores de su enseñanza pública [9].

De esta forma, la orientación lacaniana dilucidó ciertas coordenadas clínicas que abarcan lo incurable de cada sujeto, o sea, el goce irreductible e imposible de negativizar del síntoma, goce en tanto “sustancia del cuerpo […] propiedad del cuerpo viviente” [10], también descrito como “goce autista” [11], puesto que “este goce en el que el cuerpo «se goza» está causado por los Unos solos de lalengua. El sujeto de la percepción no tiene nada que hacer en esta experiencia en la que el cuerpo se goza solo, además, este goce es real por estar fuera del sentido y permanecer por lo tanto opaco” [12]. Más adelante retomaremos este punto.

El pasaje

En su libro Clínica y psicoanálisis, Fernando España dedica un capítulo entero al desarrollo de lo que él llama «variantes de la clínica en psicoanálisis», que son formas en las que Lacan, a lo largo de su enseñanza, organizó la experiencia analítica a partir de la diferenciación de los tres registros R.S.I., en virtud de que “[…] no es lo mismo pensar la clínica psicoanalítica a la luz de los primeros desarrollos de Lacan, que -principalmente se centran en la distinción y oposición entre lo simbólico y lo imaginario o de su enseñanza intermedia en la que Lacan declara, he intenta justificar, la supremacía de lo simbólico respecto a los otros dos registros-, que pensar dicha clínica a partir de la primacía del registro de lo real […] en el que la supremacía de lo simbólico y del significante comienzan a ser cuestionados por Lacan a partir de lo real y la letra como marca de goce” [13]. Siguiendo a España, la enseñanza del psicoanalista francés se despliega en tres tiempos, cada uno con sus respectivas formulaciones teóricas y directrices metodológicas que delimitan el estatuto de la clínica. Sin embargo, a fines de nuestro tema, ubicamos fundamentalmente dos abordajes respecto al síntoma:

a) Lo referente a la conjunción «inconsciente-transferencia», donde el síntoma se aborda del lado de la supremacía del registro de lo simbólico y de las virtudes del significante.

b) Lo referente a la conjunción «repetición-pulsión», donde el síntoma se aborda del lado de lo real y de la letra como marca de goce: “El síntoma no es definible de otro modo que por la manera en que cada uno goza del Inconsciente” [14].

Y es que, si bien es cierto que en el campo del lenguaje se sitúa la función de la palabra, a la par, hay una escritura que atañe al orden de la letra. Con respecto a ello, JAM sostiene que:

En el lenguaje no hay sólo la palabra sino también la escritura como aquéllo que, en el campo del lenguaje, concierne al signo en tanto tiene efectos de sentido gozado y producción de goce. Es por esta razón que no basta con tomar el síntoma como mensaje. En tanto hay goce en el síntoma, hay que tomarlo como una letra. El síntoma no se articula simplemente como la función de la palabra sino con el proceso de una escritura […] En el síntoma hay, como escritura, goce” [15].

Considerando lo anterior, para el psicoanálisis de orientación lacaniana abordar la marca de goce que atañe a la letra y que, además, es irreductible a todo desciframiento, implicó la proposición de una clínica orientada hacia lo real. Retomando a España:

La práctica orientada a lo real parece constituir la intención de un psicoanálisis llevado más allá del semblante, propio del lenguaje y del orden simbólico que lo constituye […] significa ejercer una práctica que no se reduzca al sentido, sino que, por el contrario, sea capaz de poner en juego, en función y en operación, dentro de la experiencia analítica el fuera de sentido” [16].

Fue en el “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11”, donde Lacan apuntó a la lógica del fuera de sentido, haciendo referencia a la dimensión real del inconsciente mediante la siguiente afirmación: “Cuando […] en el espacio de un lapsus, ya no tiene alcance de sentido (o interpretación), solo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente. Uno lo sabe, uno mismo. Pero basta con que se le preste atención para salir de él. No hay allí amistad que a ese inconsciente lo soporte” [17].

Esta cita nos lleva a distinguir dos dimensiones del inconsciente, cuyo funcionamiento es divergente en cada una: el inconsciente simbólico-transferencial –estando presto a la articulación significante y todo lo que conlleva, principalmente un efecto de sentido o sentido gozado y, así mismo, a la producción del sujeto del inconsciente–; y el inconsciente real, donde el goce del síntoma es descrito como “opaco por excluir el sentido” [18], reafirmando la tesis en torno a que la orientación de lo real “forcluye el sentido” [19], pues se trata de un real sin la ley del lenguaje como articulación significante.

Por este motivo, el francés fue llevado a concebir el goce irreductible del síntoma, no como algo propio del lenguaje, sino de lalengua: “Lalengua es concebida por Lacan como un hecho primario, real, anterior al lenguaje. Mientras que el lenguaje está estructurado por la sintaxis y por la gramática, lalengua, en cambio, carece de estructura porque está hecha de Unos solos que son sonidos fuera de sentido, pero en coalescencia con el goce” [20]. Ahora bien, la incidencia de lalengua en el cuerpo viviente, suscita afectos enigmáticos, denominados por Lacan como: “acontecimientos del cuerpo” [21]. Tales afectos van más allá de todo lo que el parlêtre es capaz de enunciar, ya que el “enjambre de significantes” [22] de lalengua no hacen cadena –ergo, carecen de cualquier valor de significación, o sea de efectos de sentido–, antes bien, dan cuenta de una multiplicidad de diferencias sin un orden que no forman una totalidad.

Por lo tanto, a partir de la introducción del concepto de lalengua y de los desarrollos respecto al síntoma que Lacan ya venía re-formulando previamente, describió la relación entre el lenguaje, lalengua y el inconsciente a la altura del seminario “Aún”:

El lenguaje sin duda está hecho de lalengua. Es una elucubración de saber sobre la lengua. Pero el inconsciente es un saber, una habilidad, un savoir-faire con lalengua. Y lo que se sabe hacer con lalengua rebasa con mucho aquéllo de que puede darse cuenta en nombre del lenguaje” [23].

Así, pues, una vez que el síntoma es descifrado –al pasar por los desfiladeros del lenguaje– éste no desaparece plenamente, por el contrario, queda un residuo imborrable, un irreductible absolutamente singular que le proporciona al parlêtre una organización de goce, es decir, una medida de satisfacción pulsional que permea en el cuerpo. Dicho de otro modo, en calidad de restos sintomáticos mudos, quedan las marcas de lalengua en el cuerpo viviente, fragmentos de real, como expresó Lacan. A la consistencia de tales marcas, se les llama sinthome:

Lacan subraya que lalengua es para cada uno algo recibido y no aprendido. Es una pasión, se la sufre. Hay un encuentro entre lalengua y el cuerpo, y de ese encuentro nacen marcas que son marcas sobre el cuerpo. Lo que Lacan denomina sinthome es la consistencia de esas marcas, y por eso él reduce el sinthome a ser un acontecimiento de cuerpo. Algo ocurrió al cuerpo debido a lalengua” [24].

En virtud de ello, la orientación lacaniana no tiene como propósito erradicar los restos sintomáticos, sino darles un uso diferente. Lacan halló una utilidad en donde Freud notaba una imposibilidad. En ese entendido, el fin de análisis se produce cuando el analizante consigue leer su letra de goce del inconsciente real y, por vía del sinthome, inventa –como práctica de bricolaje, dice JAM– un modo de arreglárselas con eso. Así, a diferencia de los síntomas, el sinthome no exige interpretación alguna, más bien apela a la invención de un savoir-faire avec, es decir, un saber-hacer-con más pragmático que teórico, a fin de que el parlêtre pueda darle un uso propio y servirse de ello. Y es que, una nueva alianza se produce cuando el síntoma es llevado hasta sus últimas consecuencias, más allá de los límites de la palabra y del sentido, a saber, en el terreno del sinthome: “Al final hay un más de saber sobre el goce y de toma de posición ante él. En este punto el parlêtre está advertido de su goce, es más perverso en su saber y relación a él. Deseo y voluntad están más articulados. El sinthome como saber hacer con eso, permite un anudamiento pragmático” [25].

Notas y referencias bibliográficas

[1] Miller, J-A. (2010) El banquete de los analistas, pág. 174-175. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[2] Miller, J-A. (2010) “Conferencia en el teatro Coliseo” En: Conferencias porteñas, vol. 3, pág. 276. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[3] Miller, J-A. (2013) Piezas sueltas, pág. 52. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[4] Kruger, F. (2012) Trazos entre el síntoma y el inconsciente, pág. 25-36. Buenos Aires, Ed. ICdBA.

[5] Miller, J-A. (2008) El partenaire-síntoma, pág. 63-64. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[6] Freud, S. (2006) “El valor de la vida” Entrevista al Dr. Sigmund Freud por George Sylvester Viereck. En: Virtualia. Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana (número extraordinario), mayo/junio, pág. 5-11.

[7] Miller, J-A. (2011) Sutilezas analíticas, pág. 77. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[8] Lacan, J. (2008) El Seminario 7: La ética del psicoanálisis, pág. 253. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[9] Lacan, J. (2005) “Lo simbólico, lo imaginario y lo real” (8-07-1953) En: De los nombres del padre, pág. 15. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[10] Lacan, J. (2019) El Seminario 20: Aun, pág. 32. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[11] España, F. (2021) “El goce autista y una apuesta renovada por el psicoanálisis” En: Glifos. Revista virtual de la NEL Ciudad de México (17), pág. 57-60.

[12] Fuentes, A. (2016) El misterio del cuerpo hablante, pág. 136. Barcelona, Ed. Gedisa.

[13] España, F. (2020) Clínica y psicoanálisis, pág. 53. México, Ed. Eón.

[14] Lacan, J. (s/f) Seminario 22: R.S.I., sesión del 18-02-1975. Versión inédita.

[15] Miller, J-A. (2006) Introducción al método psicoanalítico, pág. 131. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[16] España, F. (2020) Clínica y psicoanálisis, pág. 79.

[17] Lacan, J. (2018) “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11” En: Otros escritos, pág. 599. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[18] Lacan, J. (2018) “Joyce el síntoma” En: Otros escritos, pág. 595. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[19] Lacan, J. (2015) El Seminario 23: El sinthome, pág. 119. Buenos Aires, Ed. Paidós.

[20] Fuentes, A. (2016) El misterio del cuerpo hablante, pág. 137.

[21] Lacan, J. (2018) “Joyce el síntoma”, pág. 595.

[22] Lacan, J. (2019) El Seminario 20: Aun, pág. 172.

[23] Ídem., pág. 167.

[24] Miller, J-A. (2013) Piezas sueltas, pág. 75.

[25] Reinoso, A. (2020) “Sobre lo (in)curable en la experiencia analítica. Algunas consecuencias” En: Glifos. Revista virtual de la NEL Ciudad de México (13), pág. 27.