Perspectivas de la diferencia sexual en la época del Género. Infancia y adolescencia.

Por Sali López.

 

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XVII Jornada de estudio de la DHH-NRC.

Perspectivas de la Diferencia Sexual en la Época del Género. Infancia y Adolescencia.

El pasado 7 de febrero de 2020 se han de celebrado la XVII Jornadas de estudio de la Diagonal Hispanohablante de la nueva Red CEREDA en el Edifico Paraninfo de Zaragoza, auspiciado por la ELP de Aragón.

Con la participación de Daniel Roy, Secretario general del Instituto psicoanalítico del Niño (Francia), psicoanalista en Bordeaux.

Gracia Viscasillas Ballarín, miembro de la ELP de Zaragoza, nos da la bienvenida a las jornadas y nos habla del origen de la Red CEREDA, que se creó en 1986 en Francia en el marco del Campo Freudiano. En ese mismo año se crea un marco internacional con tres diagonales: la francófona, la hispanohablante y la americana.

El principio fundador de CEREDA es que el psicoanálisis es uno, es decir no hay un psicoanálisis para adultos y otro para niños, el niño es un sujeto de pleno derecho atravesado por el lenguaje ya antes de haber nacido.

A continuación le cede la palabra a Daniel Roy, quien tras agradecer a Marian Martín y a todas las personas del grupo CEREDA todo el trabajo realizado para la celebración de estas Jornadas, nos va a exponer muy claramente la diferencia entre nacer con un cuerpo hombre o un cuerpo mujer y como luego el infans, el adolescente se enfrenta a su propia realidad sexual, que en la mayoría de los casos no tiene nada que ver con las dos categorías niño-niña preestablecidas por la sociedad y se le urge, al adolescente, a tomar una decisión rápida sobre una posible intervención quirúrgica o a hormonarse para que si se siente mujer en un cuerpo de hombre se convierta en mujer o viceversa y así adecuarse al estándar social.

Daniel Roy nos dice que un sujeto es llamado lo sepa o no al enigma que lo distingue: que no hay relación sexual. El conjunto de los grupos que se preocupan por los niños trabajamos el tema de la diferencia sexual, también nos remite a Miller quien dijo que parece evidente que desde la infancia el sujeto se determina por la diferencia sexual.

Lacan en el Seminario “Los no incautos yerran” (1973) dice que el ser sexuado no se autoriza sino de sí mismo y de algunos otros.

Daniel Roy continúa su exposición hablándonos de las aventuras del ser sexuado: llegamos al mundo en medio de otros seres sexuados, suele haber uno o dos que lo han acogido, haciendo un agujerito en el que nos pueden recibir. Ser sexuado es indisoluble del ser hablante, no es resultado de un desarrollo, está ahí de entrada, es un real incontrolable.

La primera aventura comienza con esas personas que nos acogen porque cada una de ellas se ha tenido que aventurar en ese mundo, cada una con su forma de encontrarse con la alteridad sexual y , de ahí, de ese lugar van a acoger al ser que viene al mundo. Esta marca es la de la alteridad absoluta de aquél que llega al mundo.

La diferencia niño-niña que se propone al nacimiento es el ser investimiento, este investir la alteridad, Lacan en el Seminario IX utiliza el investir en forma de verbo.

No podemos considerar el género como una distinción social, esta distinción se hace a partir de lo que se hace en el piso anterior, esto es en las personas que lo acogen. Lacan nos dice que es una distinción de semblante, ligada a la existencia de este goce, que es heterogéneo a los otros goces.

Esta distinción de un goce que pertenece a los adultos en la vida del niño, es portador para el niño de unión o desunión y solemos pensar ese enigma como enigma del deseo del otro.

Los padres no son solo fuente de enigma, le proponen al niño y este coge una parte de lo que los padres le proponen, estas denominaciones hacen trazo, hacen una marca. Los padres son fuente de nominación y de mascarada, son los padres los que inician a la mascarada, algo que se apoya en el deseo como absoluto.

La segunda aventura comenzaría tras esta nominación de niño o niña. Hay estereotipos ideales, pero esto no dice nada de lo que es niño o niña, solo significa que se es de un sexo o del otro. La aventura no consiste en cómo se vuelve uno niño y luego mujer, es como tener en cuenta con el cuerpo que tenemos que existen hombres y mujeres. Con el cuerpo que tenemos hay tres cosas: la parte de nominación, la mascarada y el cuerpo freudiano: el cuerpo de las pulsiones parciales. Un cuerpo del que no tenemos una idea razonable, es un cuerpo aislado por las zonas de la pulsión y que funciona con cuerpos extraños, como el chupeteo que Freud asila para hablar de la pulsión oral.

La sexuación, nos dice Lacan, son las aventuras de la sexualidad en el país del lenguaje y las aventuras del lenguaje en el país del goce del cuerpo, nos habla de una concreción que se anuda alrededor de una falla. La sexuación es un hecho sexual que se elabora no en un espacio físico del cuerpo visible, no es un espacio físico del fondo mental. Se elabora en un espacio secreto, es decir un saber secreto para el ser sexuado, para él mismo. Un saber que no es sabido por aquél que es portador de ese saber. Ese saber desde la sexualidad se manifiesta con un saber sintomático.

Los términos transgeneros es hacer pasar el hecho de la sexuación en el mundo de las identidades anatómicas, se da un forzamiento en el cuerpo social. La lógica de la sexuación subvierte esta lógica de hombre o mujer, hay una aventura que vale para todos. Sin embargo, no se trata de un mandamiento y la experiencia analítica nos muestra que es una toma de posición a la que Freud llamó la fase fálica, se puede uno someter como un castigo, se puede admitir.

Ese momento de toma de posición en la clínica de los niños es altamente sintomático, es donde se desencadenan los síntomas y previamente porque son portadores de esa falla.

El infans se siente separado de esta lógica y esto comienza en los primeros momentos del destete.

Por tanto, de nuevo vemos en la clínica que no hay una ley que diga que es lo que vale para todos, aquí se funda el sexo que encarna la alteridad, no todo es del orden fálico, hay otro goce que no es el ligado al sexo pero que se puede situar en la palabra, es lo que Lacan se ha referido a la lógica femenina.

La perspectiva que toma la época sobre la diferenciación sexual en la infancia y adolescencia, no parece tener en cuenta que cada ser hablante tendrá que aventurarse para conseguir su lugar como ser sexuado.

Finalmente nos dice Daniel Roy que un análisis consiste en destrenzar el destino y aislar las contingencias que se dieron, una modalidad de goce única.

Los cuatro casos presentados en dos mesas, más el testimonio de tres AEs en ejercicio corroboraron una vez más la práctica psicoanalítica con niños y adolescentes sobre la cuestión de la diferenciación sexual, además de ilustrar la previa intervención de Daniel Roy que tan maravillosamente había destrenzado para nosotros, los allí convocados, una cuestión de máxima actualidad.